El caos envolvía la escena del accidente, una sinfonía discordante de voces y sirenas que llenaba el aire. Mientras Isabella yacía en el suelo, rodeada por la multitud que se había reunido. El sonido de las ambulancias se acercaba rápidamente, cortando el aire con su urgente llamado. Los transeúntes, con rostros llenos de conmoción, miraban la escena con horror mientras los paramédicos luchaban por abrirse camino entre la multitud. Los testigos del accidente se hacían alrededor, algunos ofreciendo ayuda mientras otros observaban impotentes, incapaces de hacer nada más que presenciar la tragedia que se desarrollaba ante ellos. Las luces intermitentes de las ambulancias destellaban en la oscuridad, iluminando la noche con destellos rojos y azules que cortaban la penumbra. Los paramédicos,

