Capítulo 2

1221 Words
El zumbido de la ciudad nocturna se desvanecía a medida que Isabella, con nervios contenidos, se dirigía hacia el hotel más prestigioso. La promesa de una cita en la suite presidencial se extendía como una invitación tentadora, aunque la inquietud se agolpaba en su pecho. La hermana de Alexander, Katherine, lideraba el camino, sus tacones resonando con autoridad en el vestíbulo opulento. Antes de cruzar el umbral de la suite, Katherine detuvo a Isabella con una mirada perspicaz. —Recuerda, esto es una oportunidad que podría cambiarte la vida. No la desperdicies—. Advirtió con una sonrisa enigmática antes de abrir la puerta. Dentro de la suite, la opulencia era palpable. Luces tenues, mobiliario elegante y ventanas que ofrecían vistas a la ciudad resplandeciente. Isabella, con su vestido sencillo pero elegante, se sintió momentáneamente abrumada por el lujo que la rodeaba. El aroma a perfume caro y la música suave creaban una atmósfera que oscilaba entre lo embriagador y lo desconcertante. Katherine, como la maestra de ceremonias, la instó a tomar asiento en el sofá de terciopelo. "Es hora de impresionar", murmuró antes de desaparecer discretamente en la penumbra de la suite. Se sorprendió al notar que estaba sola. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué clase de juego era ese? [...] La suite presidencial del hotel se sumió en un silencio momentáneo antes de que Katherine, con una sonrisa astuta, se acercara a su hermano Alexandr, quien observaba desde el pasillo contiguo la escena con una mezcla de curiosidad y desdén. —Alexandr, tengo que contarte algo fascinante sobre la nueva modelo que ha ingresado a la agencia. Se llama Isabella. Ya te hablé de ella, está justo esperándote en la suite presidencial. —¿Isabella? ¿Qué hay de ella? —Bueno, parece que ha decidido prestar su cuerpo para llegar a la cima como modelo. Es increíble cómo algunas mujeres harían cualquier cosa por un poco de fama. Estuvo dispuesta a venir aquí a un cuarto de hotel y solo para hablar de negocios... Ella sabe en qué se ha metido. Alexandr frunció el ceño —¿A qué te refieres con "prestar su cuerpo"? —Hermano, no quiero ser demasiado explícita, pero digamos que ha aceptado una cita en la suite presidencial contigo. Una forma rápida de escalar peldaños, ¿no crees? —¿En serio? interrogó con desdén y asco—. No puedo soportar a mujeres que piensan que pueden conseguirlo todo ofreciendo su cuerpo. ¿Quién se cree que es? —Exactamente mi pensamiento. No puedo creer que haya llegado tan lejos. Deberías verla, Alex. Seguro que te decepcionará más de lo que ya lo está haciendo. —Si es así, no quiero tener nada que ver con ella. Sabes perfectamente que detesto a esas mujeres. —Lo sabía. No podía imaginar que alguien como tú, con estándares tan altos, toleraría a alguien así en tu círculo. Eres demasiado inteligente como para dejarte llevar por curvas y una cara bonita. Pero ya está esperando, por favor, ponla en su lugar. No permitas que esa trepadora regrese a nuestra agencia. —Entonces, voy a hablar con ella y dejarle claro que ese tipo de comportamiento no será tolerado en nuestra agencia. [...] Isabella, con la mirada fija en la puerta entreabierta, esperaba con impaciencia y expectación. El sonido de unos pasos resonó, pero en lugar de Katherine, fue Alexander quien apareció, su presencia llenando la habitación con una intensidad magnética. Antes de que Isabella pudiera articular una palabra, Alexander la miró con una sonrisa que revelaba una mezcla de arrogancia y sorpresa. El hombre era alto, llevaba un traje azul a medida y su cabello castaño peinado perfectamente. —Así que estás aquí paga ganarte un puesto como modelo. —Sí, señor. Quería aprovechar esta oportunidad para impresionar a los directivos... ¿hablaremos del contrato? —¿Impresionar? —se burló con desprecio—. ¿Estás segura de que a eso viniste aquí? ¿A un cuarto de hotel? Eso es lo que dicen todas. ¿Realmente crees que puedes llegar lejos en esta industria siendo tan ingenua? Las mujeres como tú saben lo que tienen que hacer y no les importa rebajarse con tal de lograrlo. —¿Qué dice, señor? —reprochó con tono conciliador—. He venido para hablar del contrato. Solo quería demostrar que tengo lo necesario para ser una buena modelo. No sabía que esto se convertiría en... —No, me malinterpreta, Isabella. Pero este no es el lugar para aspirantes que están dispuestas a hacer cualquier cosa por un poco de atención. —No soy lo que estás insinuando. Solo vine aquí porque creí que era una oportunidad para mi carrera. —Es interesante para alguien que está dispuesta a reunirse con extraños en habitaciones de hotel todavía mantenga tanto orgullo. Isabella estaba confundida, enojada y con muchas ganas de llorar. Tomó su bolso y tomó camino hacia la puerta, pero el hombre la tomó por los brazos y la arrinconó contra la pared. Aquel hombre no solo la estaba humillando con palabras, la estaba tratando como a una cualquiera. —¿Crees que puedes salir tan fácilmente después de lo que has hecho? —interrogó enojado. —Por favor, déjame ir. No tengo intenciones de causar problemas. Al ver que él no la soltaba, empezó a revolverse y cuando tuvo la oportunidad, mordió su muñeca, haciendo que la soltara de inmediato. Isabella sostuvo su bolso contra su pecho y se alejó del hombre mientras temblaba del miedo. —¿Qué quiere de mí? —interrogó al borde del llanto. —Quiero humillarte, porque por tu culpa todos en este lugar pensarán quien sabe qué cosas, pero estoy perdiendo el tiempo... ¿cuál es tu precio? ¿50 dólares? ¿100 dólares? Isabella tomó fuerzas de donde ya no tenía y se acercó a Alexandr Sullivan y le abofeteó con fuerza. —¡Es un canalla! —gritó enfurecida. En ese instante, el teléfono de Isabella timbró, y afanada contestó al ver que se trataba de la clínica donde su hermana estaba internada. La noticia que recibió la terminó de derrumbar. Su hermana había recaído nuevamente y ya los doctores no le daban esperanza si no encontraban rápido un donante. Las lágrimas se deslizaron por las mejillas de Isabella, quien, sin importarle los gritos del hombre, salió corriendo de la habitación y bajó rápidamente por el ascensor. Su hermana Hilary estaba muy mal, debía estar junto con ella. [...] Mientras tanto, en la suite, la furia de Alexander creció. Sin saberlo, Katherine había creado una situación que iba más allá de sus manipulaciones. En su enfado, Alexander decidió buscar a su hermana y hacerla responsable de sus acciones. Sin embargo, antes de poder alcanzarla, recibió una llamada urgente que cambió el rumbo de los acontecimientos. La voz en el teléfono le informó que Katherine había tenido un accidente automovilístico rumbo a la mansión de la familia. La noticia dejó a Alexander paralizado, una mezcla de preocupación y culpabilidad lo inundó. —¡Esto no puede estar pasando! —gritó mientras golpeaba el manubrio del auto. La urgencia por llegar al hospital se apoderó de Alexander, dejando atrás el incómodo suceso ocurrido dentro de la suite mientras enfrentaba una realidad que ni él ni su hermana habían anticipado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD