Capítulo 3

1121 Words
El hospital estaba impregnado con el aroma a desinfectante y la incesante actividad que caracteriza esos lugares. Isabella, con el corazón acelerado y la mente llena de preocupación, llegó a la sala de emergencias después de una angustiante espera. Isabella se dirigió hacia la recepción y preguntó por su hermana. —Por favor, espere un momento. Mientras los minutos se estiraban como horas, los médicos finalmente aparecieron, rostros serios y expresiones cuidadosas. El medico se acercó. —Isabella García, ¿verdad? Su hermana Hilary ha tenido complicaciones debido a su condición. Estamos haciendo todo lo posible, pero... La voz del médico se desvaneció en la mente de Isabella. El peso de la noticia la hizo tambalearse emocionalmente, pero se aferró a la esperanza. —¿Puedo verla? —preguntó débilmente. No directamente, está en la sala de cuidados intensivos, así que solo podrá verla de lejos. Isabella asintió, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Mientras se dirigía hacia la sala, el estruendo de puertas se abriendo apresuradamente resonó en el pasillo. Alexander, con la expresión tensa, irrumpió en el hospital tras ser notificado del accidente de su hermana Katherine. —¿Dónde está mi hermana? —preguntó a la recepcionista—. Tuvo un accidente, se llama Katherine Sullivan. La mujer señaló hacia la sala de emergencias. —Está siendo atendida. Pero, señor, por favor... Antes de que pudiera terminar, Alexander avanzó rápidamente por el pasillo. Fue en ese momento que sus miradas se cruzaron con las de Isabella. La tensión en el aire era palpable, pero la preocupación compartida por las hermanas enfermas desvió momentáneamente sus diferencias. Sin intercambiar palabras, Isabella fue llevada hacia la sala de cuidados intensivos donde Hilary luchaba por su vida, mientras Alexander se dirigió hacia la sala de emergencias donde Katherine recibía atención médica. Alexander, por su parte, observaba impotente el ajetreo en la sala de emergencias. La incertidumbre sobre el destino de Katherine pesaba sobre él como una losa, y su rostro reflejaba la angustia más profunda. Los minutos se estiraban en una agonía silenciosa mientras esperaba, con el corazón apretado y las manos temblando, presentía noticias que podrían cambiar el curso de su vida Isabella se aferraba a la esperanza, su mirada estaba perdida en los monitores que parpadeaban con señales vitales inciertas. La angustia se reflejaba en sus ojos, que buscaban desesperadamente algún indicio de mejoría. Cada pitido de la maquinaria resonaba como un latido ansioso en su pecho, mientras las lágrimas, reprimidas con dificultad, amenazaban con escapar. Con el pasar de las horas, el hospital se llenó de un suspiro colectivo de alivio. Katherine fue dada de alta, su sonrisa débil pero esperanzada iluminaba la habitación. Hilary, aunque aún en cuidados intensivos, mostraba signos de estabilización, ofreciendo un respiro a Isabella. Mientras Katherine se reencontraba con su hermano Alexander, Isabella permanecía al lado de Hilary, dejando escapar un suspiro de alivio que llevaba consigo la tensión acumulada. Las máquinas en la sala de cuidados intensivos emitían sonidos más calmados, y la angustia que había llenado el espacio comenzaba a disiparse lentamente. Las palabras no dichas, las miradas compartidas en el pasillo, se quedaron suspendidas en el aire, como un eco silencioso de la angustia y el odio que ambos compartían. Después de días de preocupación en el hospital, Isabella finalmente regresó a casa. Mientras Isabella avanzaba por el pasillo, notó algo inusual. No había rastro de la usual fragancia a alcohol que impregnaba la casa. La tensión en su cuerpo se relajó cuando abrió la puerta de la sala y encontró a su madre, sentada en el sofá, mirando fijamente la televisión. El corazón de Isabella dio un vuelco al darse cuenta de que su madre estaba sobria. No era la primera vez que prometía dejar el alcohol, pero esta vez parecía diferente. La mirada de su madre, lúcida y serena, reflejaba una determinación que Isabella no había visto en mucho tiempo. —Mamá... —susurró Isabella, conteniendo la emoción. —Isabella, ¿cómo está tu hermana? —preguntó la madre en un débil susurro. Su madre se volvió hacia ella, y en ese momento, se encontraron las miradas. No se necesitaron palabras para expresar el alivio y la esperanza que ambos compartían. Simplemente se abrazaron. Isabella, con la mente aún llena de la emotiva reunión en su hogar, salió a tomar aire fresco. Mientras contemplaba la quietud de la noche, notó la presencia llamativa de un reluciente auto deportivo estacionado frente a su casa. Intrigada y sorprendida por la extravagancia en un vecindario tan modesto, se acercó lentamente. —¿Hola? ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Isabella con cautela, mirando al hombre elegante que salía del auto. Marcus Mates, con un traje impecable y una sonrisa confiada, se adelantó para saludar. —Hola, Isabella. Soy Marcus Mates, de la agencia de modelos Eclipse. ¿Te gustaría considerar una oferta que podría cambiar tu vida? —dijo, extendiendo un contrato frente a ella. Isabella, sorprendida por la inesperada propuesta, tomó el contrato entre sus manos con cautela y miedo. —¿Cómo me encontró aquí, señor? —preguntó, con los ojos entrecerrados. —Hace poco me enteré de que participaste en un reclutamiento de modelos para Ateby, pero ya no haces parte. Me parece que tienes un potencial impresionante, y creo que podríamos hacer grandes cosas juntos. —Marcus Mates le sonrió. Isabella se mordió el labio, considerando la oferta que se presentaba ante ella. Sin embargo, una pregunta pesaba en su mente. —Sigo sin entender, ¿Cómo sabía que estaba aquí? —preguntó Isabella, nerviosa. —Ah, Alexander y yo hemos cruzado caminos en el pasado. No quiero entrar en detalles, pero creo que serías una adición valiosa a nuestro equipo. —Marcus Mates respondió, manteniendo una mirada enigmática—. Además, debo reconocer que Alexandr es un idiota, ¿cómo dejó escapar este diamante en bruto? Isabella, consciente de las tensiones entre las empresas de Alexander y Marcus, reflexionó sobre la propuesta. Antes de tomar una decisión, quería asegurarse de que esa oportunidad no comprometería su reputación. —Necesitaré un tiempo para pensar en esto. —dijo Isabella, guardando el contrato. —Por supuesto, tómate tu tiempo. Pero recuerda, estamos aquí para ofrecerte un camino diferente, uno lleno de oportunidades y éxito. —Marcus Mates asintió, volviendo a su auto deportivo antes de despedirse. Tras un breve silencio, Isabella se atrevió a preguntar algo que la estaba inquietando. —Si Ateby y Eclipse son rivales, ¿esto podría significar que yo pueda pelear con ellos y quitarles por un instante sus bonitas sonrisas? —Definitivamente, te alzaré como la imagen de una nueva línea de ropa, haré que se arrepienta de haberte rechazado.
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