Sariana.
Estoy corriendo.
Solo corro.
¿A donde voy? No lo se.
¿Porque lo hago? Sigo sin saber.
Me detengo para girar sobre mis talones, todo a mi alrededor se paraliza como si hubieran puesto pausa a una mala película.
Hay una sombra.
Una sombra conocida.
—¿S-Sam?— murmuro— ¿H-Hermano?
El parece no escucharme asi que me acerco a el con pasos lentos y temblorosos, pero antes de llegar a el desaparece, miro a los lados con miedo, mi respiración se agita y siento mi corazón ir tan rápido que creo que saldrá de mi pecho.
—¡¿Alguien?!— grito mientras paso mis manos por mi cara de forma desesperada— ¡Por favor! ¡Alguien!
Escucho pasos detrás de mi, me tenso de inmediato, mis pies se aferran al suelo como si de pegamento se tratara. Cierro los ojos intentando contener las lágrimas que se comienzan a acumular en mis ojos, siento su presencia, esta detrás de mi, su respiración, su olor característico que diferenció desde los nueve años.
El.
Otra vez el.
—¿Que quieres?— mi voz salio en sollozo — Deja de atormentarme.
—Veinticinco— murmuro— Estas en la edad - su voz salia en gruñido y como siempre no podía verle el rostro— Nos vemos luego princesa.
—P-Pero...
—¿Princesa?
Escucho una voz a lo lejos.
—¿Princesa?
Ahora unos golpes.
—¡¿Princesa?!
Me desperté de golpe causando que cayera de la cama y me golpeara.
—¡¿Que?!— grite cabreada de regreso por la interrupción en mi sueño— ¡¿Ya no puedo dormir en paz?!
—Su padre la solicita en el salón, hay esta su hermano y hermanas con su madre.
—Ella no es mi madre, es mi madrastra no confundas— bufé y me levante del suelo— Avísale que ya voy, necesito arreglarme antes.
—Como ordene Princesa.
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—¿Donde esta papa?— hable sentandome educadamente sobre la silla del comedor.
—Te he enseñado que es "Padre" no "Papa"— apreté los labios con molestia— Esta con Sam, el será el nuevo rey de Firewall y debe saber muchas cosas antes de tomar la corona.
Aunque lanzo con veneno esas palabras a mi no me molestaban en absoluto, Sam y yo eramos muy maduros y nos queríamos de manera incondicional pase lo que pase, y si, somos muy unidos, somos mellizos y tenemos esa conexión que nos permite poder disfrutar de los logros de otros como si fueran nuestros, tenemos tanto aprecio el uno por el otro que jamás nos herimos entre nosotros al contrario no nos gusta vernos tristes.
—Bueno...— murmure mientras tomaba una rebanada de pan, Karmine me dio una mala mirada por mi acto pero no me detuve— El sabe donde encontrarme, con permiso— hice una reverencia antes de salir.
Karmine era de las pocas personas que no me agradaban, la mayoría de mi vida me coloco reglas y siempre he odiado seguir las reglas; en Kinder cuando coloreaba me salia de las líneas a propósito porque odiaba seguir las reglas.
Y llego Karmine a imponermelas.
No me malinterpreten, se que las reglas se hicieron con el fin de mantener un orden y llevar todo de manera ordenada pero a mi nunca me han gustado las reglas estupidas, nunca he sido fan de las reglas de mimbre y por eso siempre decido mis propias reglas aunque a algunos les moleste.
Aun recuerdo cuando Karmine llego a mi vida para molestarme, tenía nueve años cuando eso paso, dos años luego de la muerte de mama a papa lo obligaron a tener una esposa nueva para que sea la reina de Firewall, el consejo se lo impuso y el cumplió pero con la peor elección, con alguien tan doble cara que dan hasta ganas de ahorcarte, con un material de mujer e hijas detestables.
Dos años después de la boda esa mujer saco su verdadero ser con Sam y conmigo, papa nos había criado sin reglas, con amor y felicidad aunque sabíamos que era doloroso para el vernos y recordar a su difunta esposa nunca nos trato mal, Karmine por el contrario se encargo de hacernos pagar cada error cometido inocentemente ya sea con mas estudio, golpes o jalones de cabello y orejas innecesarios. Aunque siempre le dijimos a papa el nunca hizo nada, cada dia se sumergía mas y mas en el trabajo y lo veíamos poco, mas bien nunca y por esa razón yo tambien comencé a alejarme de el, ya no compartíamos nada, el vinculo de Padre e Hija se perdió completamente, ya no tenía confianza en mi propio papa aunque lo intentara, no confiaba en el y sabia de ante mano que eso también le dolio pero ya no podía hacer nada.
El mismo dejo que esto pasara.
A los once comencé a tener pesadillas y el único que supo fue Sam hasta que un dia fueron demasiado lejos al punto de volverme loca, las pesadillas controlaban mi cuerpo, veía a mi madre llamándome a un lugar siempre, a un hombre al que solo reconocía por su perfume y un solo camino que tomar para llegar a mi mama.
La muerte.
La pesadilla tomaba control de mi, comencé a ser sonámbulo y a maltratarme físicamente sin saber el porque, a Sam tambien le sucedió, el mismo sueño a la misma hora, siempre nos veíamos en el sueño, compartíamos mas hay sin reglas pero a los quince años descubrimos que no era un sueño.
Todos los reinos pertenecen a un lugar mágico específico, Firewall es el principal de todos, es el primero y el que toma decisiones mientras que los demás acataban órdenes por parte de Firewall. Leviatán Lucitor rey de Firewall y primer principe de Inframundo era quien daba las ordenes tanto a los reinos de sus hermanos como a los demás, era quien tenía la última palabra en una reunión y quien tenía aun mas presión por aparentar.
Vampiros, Demonios, Brujas, Licantropos, Silies, Druidas, Hadas, Cazadores de sombras, Sacerdotisas, Videntes, entre otras especies mas, vivíamos a base de la magia, la magia era nuestro potencial, no eramos como los reinos del sur que podían sobrevivir sin la magia, no, nosotros eramos magia de pies a cabeza y sin ella era difícil llevar una vida medianamente normal para nosotros; desde la muerte de mama la magia disminuyó sin razón ni motivo, ya no era la misma y muchas veces eran débiles los hechizos y todas esas cosas, y, aunque papa siempre se esforzaba por hacerla reaparecer con fuerza ella siempre se esfumaba. Cuando papa supo de nuestro problema fue que decidió contarnos lo que pasaba y quien fue nuestra madre, esa fue la primera y única vez que lo escuchamos hablar de ella.
Resulta que nuestra madre era hija única de la Legión del Fuego, Legión que iba muy por encima de todos los reinos incluso de Firewall, Aire (Ire), Agua (Aqua), Tierra (Terr) y Fuego (Fénix) eran las cuatro legiones importantes que eran gobernadas por una y era la orden del Fénix (Fuego). Cuando mama murió esa orden quedó a cargo de las otras tres esperando el retorno de la próxima persona encargada de portar la corona del Ave Fénix, esa persona podía tardar siglos en aparecer porque solo el corazon noble de Principe o Princesa del Fénix podía portar la corona.
¿Como sabría esa persona que era merecedor de tanto lujo? La misma pregunta le hice a mi padre y este me respondió que dicha persona al cumplir los veinticinco años en Luna Roja pasaría por una serie de cambios tanto física, emocional y psicológicamente, una runa de Ave Fénix aparecería en su pecho y ese momento seria el mas doloroso de su vida ¿Que tenía que ver eso con nosotros y los sueños? Fue la pregunta de Sam, eran pruebas, papa nos dijo que eran pruebas que se nos otorgaban para saber si eramos dignos de la corona, teníamos un reto y era nuestra madre, teníamos una forma y era la muerte; teníamos un propósito y si elegíamos ir por el eramos egoístas al obtener lo que queriamos, pero por mi parte ya había reprobado esa prueba de tantas veces que atente contra mi vida.
—¿Todo bien?— mire a mi derecha encontrándome con una pelinegra alta, dicha pelinegra me dio una sonrisa genuina como solo ella sabia regalarlas— Supe que papa te llamo.
—No pongas mucha importancia— me encogí de hombros— ¿Como vas?
—Odio las partituras, amo el instrumento pero cada vez que toco algo clásico mis oidos duelen y mis brazos se duermen— en todo momento señalo al violín en sus manos— Quisiera tocar algo de lo que yo compuse, quisiera que papa me escuchara tocarlo alguna vez y me dejara.
—Tocale un poco alguna vez— me miro mal— Papa si te daría tiempo a ti, ademas lo escribiste y es un esfuerzo que no debe ser en vano.
Miro al suelo, ella siempre hacia eso cada que se trataba de llevarle la contraria a Karmine; Lucy Lucitor querida por todos tanto los aldeanos y de la realeza, era la menor de los Lucitor de sangre pura por parte de nosotros, su cabello n***o estaba sujetado a una cola alta, su piel blanca adornada con los tatuajes que anteriormente se había hecho; ella siempre supo que no heredará nada en los reinos asi que tomo libertinaje, jeans ajustados azules y una camisa del mismo color siempre a su estilo. Mi hermanita marcaba tendencia.
—Sabes que no puedo, además a Doña aguafiestas le dará un ataque apenas escuche la eléctronica— enarque una ceja y una sonrisa divertida se poso en mis labios— Y no, no pienso llevarle la contraria.
—Vamos Lucy— tome su cara entre mis manos— Siempre haces lo que se te venga en gana ya que tienes ciertas libertades que Sam y yo no tenemos.
—Como estos— levanto su mano derecha donde se encontraba un tatuaje de mandala— Es mi favorito.
—Lo se, y si, exactamente como esos tatuajes puede nacer tu música solo inténtalo. Recuerda que no debes complacer a todo el mundo y que las únicas opiniones que te deben importar son las mías, las de Sam y algunas veces las de papa.
—Recuerdo que cuando les mostré el tatuaje tu y Sam me felicitaron, papa no dijo nada pero luego de un rato si me regaño— dio una sonrisa triste— ¿Que paso entre tu y papa Sari?
—Es algo que prefiero guardarlo ya que ni yo entiendo que paso entre nosotros.
Muchas veces pasaba por mi mente que mi padre me odiaba, en cierta manera lo hacia y pedía regresar el tiempo para que yo no naciera; todos me decían desde que cumpli los diecisiete años que era la copia exacta de mi madre pero que la única diferencia era el color de cabello, mientras yo era pelirroja al igual que Sam mi madre era Rubia.
Sigo sin entender porque soy una zanahoria.
Por mi cabeza no quería que pasara el pensamiento nunca pero inevitablemente lo hacia, luego de un tiempo mi padre me daba extrañas miradas de culpa y lastima, otras veces de dolor y odio, la forma en la que cambio conmigo tampoco fue normal y aun me dolía, sentía que el se culpaba por la muerte de mama y otras veces me culpaba a mi por haber estado en mala posición o que se yo.
Por algo me culpaba pero nunca quise saber.
—Esta bien— Lucy me saco de mis pensamientos— Seguiré practicando para su cumpleaños.
—Escuche cumpleaños y vine— giramos en dirección a la voz de mi hermano— Hola hermanas mías de mi corazon.
—Sam Sameret Lucitor Lynn— hizo una mueca de desagrado - A ti te mataron con el nombre.
- No tienes mucha moral, Sariana Samejet Lucitor Lynn— le saque la lengua— Que mala educación Señorita.
Sam era el prototipo de chico perfecto, siempre impecable como el príncipe y futuro rey que era; camisa manga larga blanca y pantalones ajustados negros con zapatos de vestir, sonreí, el guardarropa de Sam tenía ese mismo outfit en diferentes tonos de camisas y colores, su cabello rojo estaba perfectamente peinado atras y sujetado con una liga, el cabello de arriba apenas llegaba a la liga y por los laterales completamente bajo; el siempre decía que cuando la liga tuviera cabello de mas por fuera de ella era el momento de cortarlo.
Definitivamente los Lucitor somos Belleza en otro idioma.
—¿Verdad que estoy jodidamente sexy?— sonrió con orgullo— Creo que Adonis se queda estúpido a mi lado.
—Hola, señor ego pasando— comento Lucy con burla y yo solté una carcajada— ¿Te lanzo piedras para que bajes de la nube?
—Lobita cuida tus palabras— soltó Sam en tono de advertencia divertida— Porque puedo hacer que no te traigan el helado de mani.
—Con mi bebe no te metas Sameret— chillo indignada— Que feo que sean asi.
—Bueno ya— la cara de Sam paso a ser totalmente seria— Sariana papa te llama y no esta nada contento con lo que hiciste.
—No fue nada del otro mundo, siempre para ella todo es un escándalo.
—No me digas eso a mi dicelo a papa— escupió con rabia, Lucy lo miro confusa— Creo que es momento de que te acomodes.
—No soy un juguete y creo que estoy suficiente mayor para dejar de tener reglas.
—No lo hagas por ti, hazlo por mis sobrinos— me tense, no me gustaba que metieran a mis hijos en las conversaciones— Y Como te dije, ve y dile a papa no a mi.
—Eso haré no te preocupes.
Sali de ahí antes de que dijera otra cosa, había comenzado a creer que hasta a mi propio hermano le molestaba. Sabia que no era una persona facil y mucho menos alguien que aguantarse, muchos me habían dicho que era una molestia andante y debía cerrar la boca, otros se burlaban de mi y hablaban a mis espaldas por mi forma de ser y aunque siempre decía que no me afectaba si lo hacia y ahora aun mas, próximamente cumpliré veinticinco, casi sera mi cumpleaños y aun asi siento como si fuera una carga para el mundo y un desperdicio de oxigeno.
Nadie ha podido cambiar eso, ni siquiera los psicólogos, solo cuando estoy con mis pequeños dejo de sentir esa insuficiencia que siempre esta en mi.
Cuando cumpli veinte años, Karmine logro que mi padre aceptara que me me casara con uno de los mejores cazadores de Firewall, ya que no tenía otra opción lo hice pero ninguno de los dos nos vimos como algo mas que amigos y la mayoría del tiempo nos tratamos como tal excepto en algunas cosas. A los dos meses del matricidio descubrí que estaba embarazada y luego del tiempo correspondiente nacieron mis pequeños Hades y Cleo.
Hades es una copia exacta de mi en físico ya que salio con mis ojos y el cabello rojo que me caracteriza, en cambio Cleo es como su padre, una niña rubia platinada con los ojos miel; los dos son grandes niños y muy tiernos también y aunque jamás crei ser madre a esa edad creo que hicimos un gran trabajo su padre y yo.
Cuando ellos cumplieron los dos años el y yo decidimos separarnos para que cada quien fuera feliz a su manera, no eramos una pareja normal, no eramos compatibles como pareja y a el le gustaba una mundana y yo no era quien para obligarlo a estar conmigo por eso acepte y aunque a mi padre eso no le gusto solo hice lo que habíamos acordado y firme el divorcio, aunque en los dos años juntos el me había empezado a gustar lo hice.
Eso no fue nada facil...
Llegue al despacho de papa, las puertas cerradas con murmuros adentro me informaron que ella estaba ahi, dos golpes en la puerta anunciaron mi llegada y un grito de "Adelante" mi entrada.
—¿Puedo pasar directo al grano o vas a replicar?
Mi padre estaba en su silla masajeando sus cienes, su traje gris perfectamente impecable y su cabello n***o con algunas canas peinado de lado con gel, su mirada cansada me hizo bajar nuevamente mis muros y ver la pose demandante de Karmine detrás de papa sabia que aunque replicara yo seria la mala de todo.
—Ve directo.
—Se te dieron instrucciones claras para asistir al evento, hiciste lo que quisiste y no olvidemos que desobedeciste las ordenes de Karmine, tu madre y autoridad ¿algo que decir?
Cualquiera en su sano juicio hubiera dicho algo para salvar su pellejo, hubiera alegado una mentira que lo hiciera quedar bien delante de todos o decir algo que haga quedar mal a la persona que los mando directo al infierno llevando el chisme pero yo, yo primero actuaba, la regaba y luego pensaba que había hecho y esta no era la excepción.
—Ella no es mi mama.
—¿Volvemos a lo mismo?
—Dices cosas que no tienen sentido, dices algo que desde que tengo uso de conciencia te digo. Esa mujer no es mi madre.
—Legalmente estoy casada con tu padre y eso me hace tu madre.
—Te hace mi madrastra y no me obligan a decirte mama, menos si tengo veinticuatro años.
—Veo que te informaste bien en el tema— papa enarca una ceja y junta sus manos sobre su escritorio— Hija, ya tienes edad suficiente para madurar y pasar la página ¿cuando lo haras?
—Nunca.
—Esto no te llevará a ningún lado Zamejet, además tus hijos necesitan a una madre madura no a una niña malcriada.
Auch...
—Si me llevara a algún lugar— fue inevitable que mis ojos se aguaran y mi voz saliera en sollozo, me mantenía recta pero por dentro estaba dolida— ¿Deseas saber a cual?
—¿A donde te llevara Hija?— la tensión en su cuerpo era notable y aunque sabia mi respuesta en su cabeza había esperanza de que cambiara de opinión.
—A mi madre— le di una sonrisa de boca cerrada mientras una lágrima rebelde escapo— Siempre saldrá el mismo tema y siempre habrá la misma respuesta Papa y sobre mis hijos...a ellos no los metas en esto.
No dijo nada, solo maldijo en su idioma natal. Sabia cuanto le dolía cada vez que decía eso, pero el no era consiente de todo el dolor que me ocasiona a mi con sus cambios de humor, nuestras conversaciones se basaban en peleas y terminaban con la mención de ella, quizás esa era mi manera de escapar, quizás esa era mi salida de todo y para todo.
Mi mama.
—Sameret...
—¿Algo mas señor?— mascullo— Tengo que ir a estudiar como ser una ama de casa sumisa y mandona sin cerebro, tambien debo ir a buscar a mis hijos donde su padre.
—Puff, destruiste tu matrimonio y vas cada vez a buscarlos solo para verlo.
—No es asunto tuyo como hago mi vida Karmine, ademas son mis hijos yo debo buscarlos no como tu con tus mocosas.
—¡¿Puedes dejar de comportarte como una malcriada?!— pego los puños a la mesa, la vena de su cuello palpitaba— ¡Joder! Madura de una vez.
—¡¿Me vas a dejar largarme algún día de aqui?!— mi tono de voz era alto, para este momento ni siquiera me esforze por apartar las lágrimas de mis mejillas— Dejame irme y no tendrás que lidiar mas nunca conmigo como una inmadura y malcriada.
—No.
Su respuesta salio mecánica como siempre, tantas veces que me intente escapar del castillo fueron en vano, odiaba estar aquí desde hace mucho y aunque legalmente yo podía hacer lo que quisiera, para mi padre y su esposa no, yo debía estar aquí encerrada, sin salir ni conocer a nadie, debía quedarme hasta que alguien me tomara como esposa otra vez; me podía escapar y no volver mas pero gracias a la magia sabría en donde estaba, me encontraría, tendríamos una pelea y terminaría de regreso aquí.
En mi infierno personal.
—Entonces ahí esta tu respuesta a madurar.
Me di vuelta ignorando los gritos de su parte, los empleados del castillo me miraban con pena, a ellos también se les había hecho raro el cambio de papa pero no podían replicar solo trabajar ya que valoran su empleo.
Me encerré en mi cuarto de un portazo, pegue mi espalda a la puerta y como siempre en los últimos quince años solo lloraba silenciosamente, callaba mis sollozos con mi puño, las cortinas de mi cuarto estaban abajo dejando el cuarto completamente oscuro, amaba el color n***o y la paz que me transmitía, la oscuridad, quería que todo fuera n***o en mi vida porque era el color que asociaba con la paz; el rojo también era mi color favorito, me daba fortaleza ya que según mi nana ese era el color favorito de mama y por ende se volvió el mio.
Otra cosa mas para recordarla.
Aunque debía olvidarla y seguir no podía, era mi madre de ella nací, ella me dio vida no podía dejarla como un recuerdo así tan fácil.
Debería pero no puedo hacerlo.
—¿Nani?
Me levante rápidamente y me limpie las lágrimas, abrí la puerta con una sonrisa en mi rostro como siempre. Aunque yo este muriendo ellos siempre me alegran el dia.
—¡Panditas! ¿Como les fue con papa?
—Bienn— comenzaron a reir cosa que hizo que mi sonrisa creciera aun más— Tati nos compro helados.
—Me alegró pequeños— escuche un carraspeo y levante la mirada— ¿Porque no van donde la tia Lucy?
Ellos asintieron y yo me coloque de pie, el tenía su cara neutra como siempre y yo no hago mas que apartarme de la puerta para que termine de pasar, cuando lo hace cierro la puerta y me giro para mirarlo.
—Yo iba a ir por ellos, solo ocurrió un percance.
—Lo se, llegue justo cuando tu padre te grito— suspire rendida— Sabes que tu no destruiste nada del matrimonio fue una decisión de los dos, además solo tu y yo sabemos como era.
—Lo se, pero eso es algo que no me sentaré a explicar de nuevo— asintió poco convencido— Ya los trajiste, no es que te corra solo que quiero estar sola por un rato.
—Siempre buscas refugio en la soledad, aunque alguien se preocupé por eso, solo deseas pensar sola— baje la mirada— Pero bueno, no vine a eso, vine a invitarte a mi boda con Mara.
Si me sentía mal, ahora me sentía peor. Yo aun tenía sentimientos por el que poco a poco crei que desaparecerían pero no fue asi, con el paso de estos años se intensificaron aun mas, tanto que dolía verlo con otra persona en cada fiesta del Reino y tener que fingir felicidad cada vez no era la vida que me imaginé. Mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas, daba gracias por tener la cabeza baja para que no lo notará, juegue nerviosa con mis manos antes de tragar el nudo en mi garganta y responder.
—Gracias pero dudo que pueda ir, sabes que yo no le caigo y ella a mi tampoco— le di la espalda caminando hasta la mesa de noche— Pero si gustas Lucy puede llevar a Hades y Cleo.
No dijo nada, lo único que se escuchó en el momento fue el sonido de un suspiro frustrado por su parte; mordí mi labio inferior tratando de evitar un sollozo lastimero, una lágrima rodó por mi mejilla y no me preocupé el limpiarla, mi corazón estaba peor que nunca y eso era por mi culpa.
—También vine a decirte que Fran volvio al reino— levante la cabeza de un tirón, gire la cabeza para verlo sin importar las lágrimas— Sari...
—¿Cómo que regresó?— asintió— Nick no me estas mintiendo ¿es verdad?
—Si es verdad— soltó en gruñido y lo mire confuso— Volvio porque ya era el momento de que tomará la corona, su padre se la cederá.
—¿Cómo sabes que regreso?
—Los especialistas y los Cazadores tienen reuniones cada semana para las técnicas de batalla— chasqueo la lengua — Lo vi en la última y se me hizo raro, aproveche y le pregunté.
Asentí distraída, no sabia que tenían reuniones semanales y menos que el había vuelto.
—Lo felicito por su corona— respondí desinteresada— Ya de seguro no recuerda a sus viejos amigos.
—¿Aun te gusta? Recuerdo todo lo que lloraste el dia de la boda por el— musito con fastidio, lo mire mal— Crei que cinco años te harían superarlo.
—Fue mi amor desde los once, amor el cual tuve que dejar de lado a los veinte— me limpie las lágrimas de mala gana - A los quince nos hicimos novios y solo duro cinco años la relación, yo le rompí el corazón y no terminamos muy bien.
—No te pregunte eso gracias— rodé los ojos— Puedes dejar de hacer eso.
—¡Joder! Todos me dicen que debo y que no debo hacer— reclame— Déjenme en paz, lo que yo haga, no haga, quiera o no es mi problema.
Si, andaba en mi modo sensible.
—Perdón...
—Me tengo que ir.