Inmensamente feliz

795 Words
A la mañana siguiente desperté sobre mi cama, Esteban me había llevado. Sonreí. Quería ir a la playa, me cambié, me puse un vestido blanco de playa hice una cola en mi cabello y bajé.     - Andrea ¿Qué vas a desayunar? – preguntó Robert cuando me vio por las escaleras.     - Quiero un jugo de naranja – contesté mientras se escapaba un bostezo     - Por lo visto, no has dormido muy bien – dice Robert, al verme tomar el jugo     - Me voy a la play, necesito relajarme un rato – dije mientras salía Al llegar me quité mi vestido, lo tiré al lado de mis sandalias y corrí al mar, el agua estaba fría, me limité a mojar mis pies.     - ¿No piensas entrar? – Evan me sorprendía con su pregunta.     - No sé, está un poco fría – contesté un poco desanimada. Evan corre hacia mí, me tomó de la cintura y me lleva con él hacia el fondo del mar.       - Evan ¡está muy frío!- grité     - Yo te calentare ¿quieres? – insinuó con su sonrisa pícara mientras se acercaba – vamos a nadar. Llegamos a una zona donde no alcanzaba el piso, él me tomó de la cintura, yo estaba colgada de su cuello     - Esto, me recuerda a las tortugas en Punta Sal – suspiré     - Es cierto, en ese entonces quería besarte pero no podía – confesó acercándose más a mi. Sabía que ya no había nada que me impidiera besarlo, lo tenia en mis manos. La timidez había desaparecido, me acerco y lo beso. Sus manos me presionan con fuerza, al igual que mis piernas a su cintura. Podía sentir el deseo en sus manos al tocarme, en sus labios que no quiere alejarse, el placer en su sonrisa. Nos separamos, nos miramos a los ojos, no deseábamos alejarnos, pero como siempre, teníamos que regresar.     - ¿Vamos? – insinué recogiendo mis cosas, se quedó un minuto más en el agua, me reí. Regresé a la casa, subí a bañarme, Esteban salía de su habitación.     - Andrea me despido, tengo que regresar. – informa mientras su cara expresa molestia – tengo una reunión de última hora, nos vemos mañana – me dio un beso en la mejilla de despedida y se fue. Me despedí de él por mi ventana. Me bañé, me puse un vestido amarillo, de pronto Evan entró.     - ¿Que no te han enseñado a tocar? – le recrimino. Su risa presumida aparece en su rostro.  Se acerca peligrosamente, siento su aliento en mi  cuello, mi cuerpo se estremece, siento su lengua recorrerlo mientras sus manos bajan por mis caderas, una sensación de placer y timidez me embarga, no soy capaz de alejarlo. Sus labios se unen a los míos, con movimientos cada vez más fuertes, muerdo de ellos con impaciencia. Quita el broche de mi espalda, baja el cierre suavemente, el vestido cae, se aleja y me observa, me besa con deseo. Su mano deja caer mi brasier, dejando mi pecho al aire, erizado el sentir su suave tacto. Me cuelgo sobre sus hombros,  acarició su espalda tan suave y fuerte al mismo tiempo, nos dejamos caer sobre la cama, siento mi corazón latir cada vez más rápido al contacto de su cuerpo sobre el mío, exhaló un gemido. Baja su pantalón, mis piernas lo ayudan a deshacerse de éste y se abren dejándolo entrar en lo poco que me queda de pudor. Siento mis mejillas ardiendo, sus labios se alejan bajando por mis pechos, mordiendolos con suavidad, mi cuerpo tiembla, pero también disfruta, quita lo último que me queda de ropa, me siento expuesta. Me excita tanto que me siento húmeda completamente. El dolor era inmenso, a pesar de la delicadeza con la que Evan me trataba.  Para después solo sentir una desbordante ola de placer ante sus fuertes movimientos. Hasta quedar saciados uno del otro, con  nuestros cuerpos desnudos y transpirados, por el disfrute del acto más sublime, como entregarme a él por primera vez. Evan me abrazó tan fuerte, me sentía amada, segura, protegida en sus brazos, como nunca antes. Temía que fuera un sueño y miedo de lo que nos esperaba. Tomamos una ducha juntos, sentía un poco de timidez pero nada que sus caricias no puedan controlar. Estaba feliz, muy feliz. La tarde acababa, queríamos quedarnos pero no podíamos, el trabajo y las clases nos obligaban a regresar. Bajamos nuestras maletas juntos, Evan sostenía mi mano. los chicos se sorprendieron al vernos juntos. Y yo en mi mente, agradecía que Esteban no estuviera ahí.  Subí al auto de Evan, y durante todo el camino a casa no soltó mi mano.  Evan no podía ocultar su hermosa sonrisa al verme y eso me hacía inmensamente feliz.
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