Después de lo sucedido con Evan, intento convencerme que solo fue un momento de pasión, que no debo cohibirme o avergonzarme por lo sucedido. Pero aquí estoy con la cara roja de la pena, sentada entre ellos. Es imposible poder comer, con la mirada ardiente de Evan y las atenciones de Esteban. Apiádate Dios, suplicaba.
La tarde la pasamos en la piscina, fue divertido jugar con los chicos. Incluso Evan participó.
Al parecer la noche sería larga. Los chicos hicieron su propia fiesta, Arturo con Tatiana se retiraron temprano. Esteban quería conversar, pero la mirada inquieta de Evan, me controlaba.
- ¡Que tontería! - resople - Me voy a dormir.
Esteban me siguió por las escaleras, tomando mi mano en los primeros escalones, si las miradas mataran Evan había asesinado a Esteban en ese preciso momento o incluso antes.
- ¡Vamos! - lo jalé por las escaleras, tenía miedo de la mirada de Evan- entra, este es mi habitación- le señalaba mientras entraba, la puerta quedó abierta.
- Hermosa vista - señala al ver la ventana - Disculpa, en la mañana creo que te sorprendido mi llegada.
- No es eso - musité sentándome a un lado de la cama - Esteban sabes que te quiero, pero lo que pasó en la fiesta fue muy difícil para mí así no tengas la culpa de aquello - sonreí de lado.
- Te entiendo - un suspiro salió de sus labios- sé que me equivoqué, pensé que no querrías verme más. Imagino que las cosas en la universidad están un poco complicadas - hizo una mueca con sus labios.
- Nada que no pueda soportar - contesté con una sonrisa. Empezamos a reír. - Tengo algo que confesarte - me acomode frente a él con la mirada tímida- pues… todos creían que eras mi novio, lo siento, no debí mentir.
- ¿Y por qué lo hiciste? - preguntaba con una hermosa sonrisa en sus labios, levantando mi rostro con sus manos - Eso era lo que más deseaba
Su mirada era tan cálida, sus ojos tienen el poder de tranquilizarme y sus manos… esas suaves manos me hacen perder el control, como en estos momentos. Esteban se me acercaba muy lentamente, mis ojos estaban cerrados esperando el beso, pero solo sentí el fuerte golpe de la puerta, era Evan, con el semblante duro, estaba molesto.
- Esteban hablemos - exigió saliendo inmediatamente de la habitación.
Esteban lo siguió, dejándome sola.
-Esteban-
Después de lo sucedido en la fiesta, y tras lo que Evan me dijo, me hizo sentir fatal, sí, la había lastimado, tal y como le reclamé a evan yo lo había hecho. Pensaba en los problemas que le había causado con sus amigas y me lamentaba, me molestaba lo estúpido que había sido. Simplemente decidí alejarme pero mi corazón se retorcía con el solo hecho de pensar en ella. Incluso pasé algunas noches por su casa para mirarla por la ventana.
Queria tocar su puerta y besarla suplicando que me perdone, pero no tenía el valor. Hasta esa noche en que envié el mensaje, no renunciaría a ella tan fácilmente. Cuando recibí el mensaje de Evan invitándome a su casa de playa, sabía que algo no estaba bien, alguien como él jamás me invitaría, mucho menos conociendo mis sentimientos hacia ella.
Cuando llegué, la cara sorprendida de Andrea me confirmaba que no era muy bien recibido, aunque si viene de ella está bien, ya que no la había llamado en cinco días sin siquiera disculparme, solo había enviado un estúpido mensaje la noche anterior. La vi correr hacia el segundo piso, se pudo escuchar algunos gritos entre ella y Evan, claro que las voces de los muchachos no me dejaban escuchar con claridad, hasta que Tatiana subió por ella.
Cuando bajó, se le notaba nerviosa, pero no dejaba de ser linda, salimos a caminar, el día era hermoso. Decidí confesarle mis sentimientos, era el momento no quería perderla de nuevo. Sin embargo, ella no contestó mi pregunta. Estuve pensando si realmente me amaba o si era algo pasajero, o si era perfecto solo para mantener a Evan lejos de ella.
Traté de hablarle, pero sabía que la mirada de Evan la intimidaba, se veía nerviosa. En la noche por fin decidí acercarme, ella inmediatamente me llevó a su cuarto, francamente no lo esperé. La vista de su habitación me cautivó, era bellísima como ella, me disculpé nuevamente por lo ocurrido. Su mirada tímida me seduce, su rostro va tomando un color rojizo mientras mis manos lo tocan, me confiesa su mentirilla con sus amigos, como si fuera una niña después de una travesura. Sinceramente no lo sabía, ni me lo esperaba, pero estoy seguro que lo que más quiero es estar con ella.
Siento su mirada perdida en mis ojos, intento besarla. De repente Evan, estaba ahí, tirando la puerta y exigiendo que hablemos. Su mirada está totalmente desencajada, ¿celos? No lo dudo. Evan puede ser una persona muy posesiva y ahora mismo yo estaba con la persona que él más quería.
Lo seguí hasta la piscina, estaba indignado.
- Esteban, aléjate de ella - exige de manera prepotente.
- Que contradicción, no puedes exigirme que me aleje cuando tú mismo me invitas a tu casa - refuté en tono sarcástico- además sabes tú muy bien lo que siento por ella, y antes de que lo pidas nuevamente… no me pienso alejar de ella - mi cara dejó de ser afable para tornarse serio, amenazante.
- Entonces saldrás lastimado, sabes que ella me ama- amenazó - solo te invité porque pensé que lo quería, pero ya vez cómo te recibió - su mirada sarcástica combinaba perfecto con su sonrisa de medio lado.
- Sabes que también me quiere, sino, no estaríamos aquí conversando.
- Ya lo veremos - murmuró mientras entraba a la casa.
Mi habitación no quedaba ni cerca de la de ella, al contrario, estaba al final del pasillo.
A la medianoche decidí salir a la piscina, no podía dormir. Me senté sobre una de las sillas, ella apareció ante mis ojos, como si mi mente la hubiera llamado.
- ¡Hola! - se sorprendió al verme. Sonreí
- Me asustaste - se reía tocando su corazón por el susto. Se sentó a mi lado.
- ¿Qué haces despierta a esta hora? Las niñas buenas duermen como angelitos -bromee.
- Algunas niñas buenas no pueden dormir, - hizo un puchero con su lindos labios. Reímos.
Estiré mi mano ella la tomó, la acerqué a mi, nos acostamos en la misma silla mirando las estrellas.
- Creo que te necesito - susurra antes de cerrar los ojos y dormir.
No entendí a qué se refería su última frase. La llevé a su habitación, se veía tan dulce y sexy. Solo esperaba que ella me amara tanto como yo la amo.