Han pasado 5 días desde la fiesta. Las clases se volvieron incómodas por algunos comentarios sobre Sandra, al parecer creían que Esteban y yo habíamos terminado por ella, aunque no era ninguna mentira, él no me había llamado ni yo a él.
El descaro de Sandra me molestaba, me trataba como si nada hubiera pasado, tenía que soportar su presencia hasta después de clases, durante los trabajos grupales que teníamos juntas.
Estábamos sentadas en la “Rotonda” sentí el vibrar de mi celular leí: “Andrea, ¿Dónde estás? Nos vamos a San Bartolo, paso por tu facu en 15 minutos”. Sonreí.
La mirada envidiosa de Sandra me acechaba, soltando su veneno.
- ¿Esteban? - preguntó la muy descarada.
- No - resoplé sin cambiar mi sonrisa.
Unos minutos después, el estacionamiento se vio invadido por el retumbante sonido del motor de tres hermosos Audi, las miradas sorprendidas de las chicas pasaban de los lujosos autos a los encantadores hombres que bajaban de ellos.
Arturo y Tatiana llegaban en el hermoso Audi rojo. Steve bajó de un amarillo, dejando a unas chicas dentro del auto. Robert bajó del azul. Inmediatamente corrí abrazarlo, la verdad los había extrañado.
- Vamos a las playas de San Bartolo - me persuade Robert dibujando en su hermoso rostro una sonrisa de niño bueno.
- Claro - sonreí - déjame traer mis cosas.
Recogí mis cosas de inmediato, ignorando por completo la mirada incisiva de Sandra al ver a Robert a mi lado.
- Robert ellas son mis amigas: Claudia, Ivon, Natalia y - hice una pequeña pausa - Sandra.
- Un gusto chicas - saludó.
- ¡Vamos! - agregué mientras agarraba su brazo con una sonrisa de niña mala al ver el rostro de Sandra tan desencajado.
Recogí una mochila con ropa del depa, para partir hacia las playas de San Bartolo, a 20 minutos de la ciudad.
Llegamos a las 5:15 pm a una hermosa casa de playa. El jardín nos recibía, la casa de 2 pisos estilo minimalista con paredes de piedra rodada clara, nos dejaba apreciar por sus grandes mamparas, todo en su interior. Entramos, el espacio es inmenso, los muebles de madera de diseño simple nos reciben, al lado del gran comedor del mismo material, el ambiente es fresco y libre. Las habitaciones estaban en la segunda planta, mi habitación tenía una ventana desde el techo al piso para disfrutar de la hermosa vista del mar y de la estilosa piscina azul. Pensé que la compartiría con Tatiana, pero al parecer ella tenía otros planes.
Llevaba unos shorts negros anchos con una blusa amarilla ajustada de tiras; bajé hacia la piscina. Encontré a Robert, estaba preparando la parrilla al mismo tiempo que dos señoras de servicio, le alcanzaban algunas carnes y embutidos.
- Hola - saludé, buenas noches señorita escuché decir a las señoras cuando desaparecieron de mi vista.
- Andrea, hoy haremos parrilla - expresa contento Robert - vamos a esperar a que lleguen los demás.
- ¿Quiénes? - pregunte sorprendida, sin creer que alguien más estaba por llegar.
- Solo alguien sin importancia - respondió escapando de mi vista.
- ¿Podría ser peor? - pensé, recordando que sí, puede ser peor, tal como sucedió en la fiesta.
Platicamos durante la cena, los chicos tomaban cervezas, incluso Tatiana lo hacía, yo no me atreví sabía que terminaría mal si lo hacía, no era buena tolerando el alcohol.
El sonido de un auto nos distrajo, miré a Robert como esperando una explicación. Hasta que lo vi entrando por la puerta, solté un suspiro profundo no sé si fue al verlo solo o por lo que podría pasar.
Sentí mi cuerpo estremecerse con solo su presencia, no, con solo su voz. Otra vez mi estúpido corazón latía a mil, parecía querer saltar a los brazos de Evan al verlo saludar efusivamente a sus amigos.
...
-Evan-
Prometí ir a San Bartolo, por petición de Robert, aunque no estaba completamente seguro, sabía que Andrea iría pero era un hecho que Esteban estaría a su lado. Un mensaje de Robert resuelve todas mis dudas, estaba sola.
Salí de mi última reunión lo más rápido que pude, manejé hasta San Bartolo solo para verla. Cuando entré, su rostro reflejaba sorpresa y desconcierto, pero ese ligero suspiro que exhalan sus labios, me confirma su amor.
Me senté frente a ella para poder contemplarla, sin embargo varias veces pude sentir su mirada tímida tratando de evitar ser descubierta.
Accedí a tomar un baño en la piscina, vi el placer en su mirada cuando aparecí frente a ella, ruborizándo sus mejillas al ver mi torso desnudo. Tatiana se le acerca y la convence de meterse.
- ¡Vamos! No seas aguafiestas -le reprocha.
No podía evitar mirarla, la manera de deshacerse de las prendas era tan incitante. Al quitar el botón, su short cae entre sus suaves y esbeltas piernas dejándome ver su hermoso y tentador trasero, mientras intento controlarme presiono fuerte mis manos para no saltarle encima y comerla a besos, sus manos se deshacen de la blusa, me estremezco por mirarla de esta manera.
Su ardiente traje de baño rojo la hace lucir espectacular, es la primera vez que la veo así, tan sexy, tan provocativa; sus pechos han crecido, tiene una hermosa y curvilínea figura… su rostro refleja la inocencia pero su cuerpo enciende un deseo s****l incontrolable en mi.
...
- ANDREA-
- Hola - saludó Evan, acercándose un poco.
- Hola - resoplo al darme cuenta de la trampa de Tatiana- Será mejor que me vaya - le dije tratando de salir de la piscina.
- ¿Estás huyendo? - se mofa
- No es necesario, considero que no tenemos nada de qué hablar- expresé saliendo de la piscina.
Me sequé un poco con la toalla para dirigirme a mi habitación, estaba tan nerviosa, que solo noté su presencia cuando su brazo impedía que cerrara la puerta de mi habitación.
- Por favor quita tu brazo, tengo que cambiarme - musité.
- ¿O qué? - empujó la puerta, entrando en la habitación y cerrándola a su paso.
Estaba tan nerviosa, sabía que con una sola mirada o un beso de Evan sería feliz, pero al mismo tiempo la mujer más desdichada del mundo.
- Tenemos que hablar, no podemos estar así para siempre. - agregó.
Tomé un vestido y me lo puse, ante su provocativa mirada pues aún estaba con bikini.
- ¿Podemos sentarnos? - preguntó mientras se sentaba sobre la cama.
- Andrea, yo… lo siento, nunca fue mi intención lastimarte. Lo que viste en la playa con Xime, fue un error, entre ella y yo no hay nada - su mirada pasó de ser fría a una cálida y arrepentida.
Mis lagrimas empezaron a caer solo recordando lo que vi, esa noche en Punta Sal.
- Yo… - empecé a balbucear - confié en ti Evan, te entregué mi corazón. Tú sin embargo solo me lastimaste.
- Sé que te lastime Andrea, eso es lo que más odio. Pero te Amo. - gritó - no puedo vivir sin ti.
Mi corazón latía a mil, mis manos temblaban, mi cerebro estaba en shock ante su declaración. No podía reaccionar, era lo que había deseado. Sus manos tocaron las mías calmándolas, pero había algo… algo diferente… Deseaba a Esteban, quería sentir sus manos sobre las mías, era el único que lograba darle tranquilidad a mi corazón.
- Evan se volteó a mirarme, fijó sus ojos en los míos y agregó - ¿Aún me amas?
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Al mismo tiempo mi celular sonaba, fui a tomarlo sobre la mesa de noche, era Esteban. “Lo siento mucho Andrea, pero por más que lo siento no puedo ni quiero dejarte ir, eres lo más importante para mí” Mi rostro se desencajó aún más, mi cuerpo se paralizó, mis piernas temblaban como gelatinas, no podía creer lo que me estaba pasando.
- ¿Esteban? - me interrogó, mirándome con el rabillo de su ojo, su mirada estaba puesta en la hermosa vista de la ventana - no se rinde.
- Lo siento necesito estar sola - Balbucee nerviosa
Él salió en silencio. Sentía tanto lastimar a Evan, pero no podía perdonarlo. Quería detenerlo, pero mis manos no me dejaron, ni mis piernas obedecieron. La duda me carcomía.