2. Los Ángeles, 2019-1

443 Words
2 LOS ÁNGELES, 2019 Clara detuvo su Maserati en la puerta del estudio, sonriendo al guardia encorvado que estaba de servicio. Este se enderezó y levantó su gorra, haciendo una reverencia como si ella fuese la reina de Inglaterra. -Pase, señorita Daniels. Clara habló con su tono de voz más bajo-Gracias, Derek-dijo. Esta condujo demasiado rápido alrededor de los enormes edificios de estudios con forma de granero, jugando al pillapilla consigo misma. ¿Cuánto podría llegar a acercarse a un productor antes de que este se moviese? Algunos de estos incluso le gritaron y agitaron el puño, antes de ver quién era y guardar silencio. Dejó solos a los mediocres que trabajaban. Clara tenía la música alta, pero todavía podía captar algunos pensamientos perdidos mientras pasaba junto a ellos. La mayoría de estos eran crueles hasta que vieron su rostro. Detuvo su coche en el espacio pintado con su nombre. Apagó la música a regañadientes y se preparó para la terrible experiencia que se avecinaba. Clara salió de su coche y allí había una sirvienta esperándola. Era una mujer joven con pantalones cortos estrafalarios y una camiseta teñida con el nombre de una película para televisión escrito en ella. -Señorita Daniels, el señor Willoughby la está esperando-dijo. -Está bien-Clara no sonrió. Metió la mano en su bolso para sacar un cigarrillo y se dirigió hacia el edificio de estuco de las oficinas que estaba a su izquierda. La otra mujer caminaba junto a ella; su rostro era una máscara de miseria avergonzada. -Señorita Daniels, ¿le traigo algo? -No. Clara se detuvo el tiempo suficiente para encender su cigarrillo, pero antes de que pudiese prender una llama con su mechero, la otra mujer le tendió una cerilla. Clara realmente la vio por primera vez y miró más allá de sus ojos. A pesar de llevar años en el estudio, de tener una jornada laboral llena de humillaciones y miserias, esta mujer adoraba a Clara como si se tratara de una diosa sobre la tierra. La mujer no se movió y la cerilla ardió menos. Clara supo que dejaría que se le quemasen los dedos antes de apagar la cerilla. Esta se inclinó lentamente, casi con indiferencia, y encendió su cigarrillo con el fuego en la punta de los dedos de la mujer. Clara apagó la llama justo antes de que los dedos de aquella chica se quemasen. Después sonrió, con esa sonrisa lenta por la cual era famosa. La otra mujer parpadeó como si estuviese deslumbrada por el sol. Clara buscó en la mente de ella y encontró su nombre. -Gracias por el fuego, Peg-dijo. La mujer se quedó callada mientras Clara pasaba junto a ella y entraba en el edificio del estudio donde Bob Willoughby esperaba en su oficina del cuarto piso.
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