No recuerdo la última vez que mis pies tuvieron que sufrir tanto, están tan hinchados que podrían explotar.
Eso que lo digo con sutileza por no decir que tengo los pies tan parecidos como las patas de un elefante
La obstetra me advirtió que para estás fechas se pondría de esta forma pero sigo sin poder evitar no quejarme mentalmente porque muchas de mis zapatillas y botines ya no me quedan bien, he crecido dos tallas más.
Solo espero luego poder regresar a mis pies talla 38
Seguro estarán preguntándose ¿ Por qué diantres nos está hablando de pies ahora?
Pues se que debería estar eufórica por mi reciente compromiso, sin embargo, el lugar donde vinimos con Cora, Massimo y el espantapájaros a celebrar nuestro compromiso me puso como obligación que me vista a la altura, un vestido crema con flores, manga corta, volado en la falda de mi pecho hacia abajo a causa de mi vientre súper inflado y sandalias con plataforma.
Son estas últimas las que me generan un conflicto, podía tranquilamente haberme puesto mis balerinas cremas, PERO NO, tuvo que picarme el insecto de la vanidad y ahora sufro las consecuencias.
Debì escuchar a mis pies antes de ponerme estos tacones
Con suavidad deslizo mis pies fuera de los zapatos, aprovechando que el mantel de nuestra mesa es largo y tapa lo suficiente.
- Te dije que usarás las de plataforma baja- me susurra mi mejor amiga sentada frente a mi.
-Antes muerta que sencilla- respondo en tono burlón ganando que ruede sus ojos.
- Las valerinas se veían muy bonitas.
- Este vestido se aprecia más con estos zapatos.
- Está bien diva, entonces no me pegues tus pies descalzos sobre mis piernas- ante lo dicho agachó mi cabeza para ver qué en efecto mis pies no se apoyaban en la base de la mesa sino en las blancas piernas de Cora.
- Ups- sonrió avergonzada bajando mis pies- No es mi culpa que tengas las canillas tan tonificadas que parecen madera.
- ¿Eso fue un halago o una ofensa?- pregunta inclinándose hacia adelante apoyando sus codos en la mesa.
Cuando estoy por abrir mi boca para responderle, 4 vasos de bebidas son colocados sobre la mesa tomándonos por sorpresa.
Los hermanos Meyer han regresado a nuestra mesa con nuestros pedidos.
- ¿De que hablaban?- pregunta con curiosidad mi cuñado quien toma asiento al lado de la castaña.
- De mis canillas.
- De sus canillas- respondemos al mismo tiempo mi amiga y yo.
Ambos hermanos se ríen negando con la cabeza repartiendo las bebidas a cada uno.
-Ni siquiera preguntare- murmura Marco entregándome uno de los vasos con el líquido más claro que las otras bebidas.
- ¿Qué es?- pregunto curiosa.
- Jugo de pera para ti, cerveza para nosotros- con voz socarrona me deja un beso en la frente mientras hago mi puchero resignándome a tomar mi bebida sin alcohol.
- Serás la conductora designada Liii-vi
- Ja, ya quisiera, tu mejor amigo no me deja acercarme al volante de ningún auto.
- Disculpa por querer tu seguridad- murmura con sarcasmo haciendo reír a nuestros amigos- Yo conduciré, solo beberé este vaso- alza su vaso con cerveza.
- Vaya- Cora y Massi se lanzan una mirada cómplice- Mis oídos no oyen lo que creen.
- Nuestro muchacho ya crecio.
La castaña se limpia las lágrimas imaginarias de su rostro.
- Aún recuerdo cuando era el alma de las fiestas- socorronamente mi cuñado apoya sus codos en la mesa mirando a su hermano- ¿Recuerdas tu frase? " Soy Marco de las fiestas y para las fiestas" o esa otra- antes de continuar el pelinegro lo interrumpe.
- Será mejor que no sigas por ese camino hermano, yo también recuerdo escenas vergonzosas tuyas "Chico mono que no sabe trepar una escalera y que se rompio una pierna por promiscuo"
Los dos se lanzan miradas afiladas haciendonos reir a mi amiga y a mi, continuo bebiendo de mi jugo cuando ellos siguen molestandose sobre sus épocas de jóvenes adolescentes.
- Y si vamos hablar de malos chistes entonces tu eres el campeón de ellos- empezaban a contraatacar mi espantapájaros pero la castaña se les une para defender a su pareja.
- Lo dice el hombre que de niño pensaba que era gracioso decir "paralelepípedo".
Y odio admitirlo pero Marco y yo nos reímos, aquí quedó en claro que somos tal para cual
Lanzando un suspiro Cora nos mira desaprobadamente a ambos.
- En verdad ustedes si estaban destinados a estar juntos- murmura bebiendo de su cerveza.
- Creímos que podrías salvarte pero mi hermano ya te arrastró hasta su mismo pésimo sentido del humor, cuñadita.
- Ya chicos, dejen a mi prometido tranquilo- lo tome del brazo que esta a mi lado- si se molesta luego no me traera los muslos asados que pedí.
Ellos se rien fuerte, cuando el puchero del pelinegro se hace visible en su rostro.
- ¿Sabes que te amo, no espantapájaros?- lo molesto presionando su mejilla como una abuela a su nieto.
- Si claro, como digas- fingé indignación apartando su rostro de mis manos.
- Esta bien hermano, no te enfades, mejor vamos por los aperitivos que pedimos- convenciendolo Massimo y él vuelven a levantarse.
El lugar en donde estamos es un bar muy rústico con varios toques de diseño modernos que da la sensación de estar en la ciudad aún en pleno pueblo.
Puedo ver como un par de mujeres de una mesas más adelante, observan con atención a los hermanos Meyer mientras susurran entre si.
Seguro andan gustosas de verlos, no las culpo, ese par realmente tienen buenos genes
- Amiga, iré un rato al tocador- me avisa la castaña poniéndose de pie.
- SI esta bien, yo esperaré a los chicos.
Viendo como ella se dirige al baño, yo me tomo la libertad de recorrer con la vista a más detalle el lugar y las personas.
En definitiva hice bien en venir con los tacones del sufrimiento, muchos aquí por no decir casi todos vienen bien vestidos para ser un bar entre mucha naturaleza
Entiendo porque los chicos nos trajeron aquí para celebrar, es parte de su círculo social, honestamente no me había fijado tanto en esto pero ahora que pasamos más tiempo con los Meyer puedo notar que en verdad son una familia muy adinerada, aunque tener dinero no los hace mejor, son sus valores y principios los que se ganaron mis respetos.
Y son todos muy monos y pacientes conmigo en casa, así que no puedo quejarme, sólo agradecer
- ¿Está ocupado?- la voz masculina frente a la mesa me hace pestañar en su dirección recién notando al hombre parado frente a mi.
-¿ Ehh las sillas? si, mis amigos ya vienen- señaló con la mirada a la barra, él tipo observa brevemente a los hermanos Meyer que estan de espalda, pero parece no importarle.
- Entonces puedo acompañarte un rato- con una sonrisa coqueta toma asiento en el lugar que le pertenece a Marco.
- ¿Disculpa?- lo observó confundida.
- Oh tranquila linda, no muerdo- apoya su codo en la mesa y en su mano reposa su mentón mirándome con intensidad- Luces preciosa ¿cómo te llamas?
Con el ceño fruncido trato de encontrar algún rastro de broma de parte del desconocido pero al parecer si me está coqueteando en serio.
¿De verdad? ¿A mi? ¿Qué acaso es ciego y ni ve que estoy embarazada?
- Perdón, pero eso no es de su incumbencia, será mejor que se vaya.
- Relájate preciosa, sólo quiero conversar, me llamo Robert y estoy disponible ¿Tu estas soltera?
¿Pero de que va este tipo?
- No se si tiene alguna enfermedad en los ojos o sólo es despistado, por si no lo ha notado- señaló mi vientre abultado debajo de mi vestido- Estoy muy comprometida.
- Oh, si lo dices por tu embarazo no hay problema, me prenden más las embarazadas- guiñandome el ojo trata de acercarse un poco más a lo que inmediatamente retroceso para levantarme de mi silla.
- ¿ Esto es una broma cierto?- esta vez no detengo mi molestia, noto como varias personas de las mesas cercanas miran en esta dirección- Por favor váyase y no me moleste más.
- Podemos pasarla bien rosadita- él se levanta acercándose mas Y con voz más baja me susurra- si quieres puedo ser el padre del bebé.
Ok ya fue demasiado lejos
Tomó el primer vaso lleno y se lo tiro a la cara, mojandolo todo, a pero eso no es todo, al instante que lo hago la imponente figura de mi prometido aparece detrás del tipo, a quien toma del brazo para girarlo y quedar cara a cara, haciendo que sea más fácil que su puño de un golpe limpio en la cara del tipo tirandolo al piso con la suficiente fuerza como para haberle roto la nariz, además de tumbar un par de sillas de la mesa detrás nuestro.
Marco tiene todo el rostro de poco amigos mientras mira con enfado al tipo que aún está en piso y espero haber sido yo la única que acaba de escuchar como ha soltado un rugido aportiguado por su pecho.
Me quiero acercar a él para decirle que ya está bien, sin embargo, cuando estoy por hacerlo el tipo vuelve a levantarse del suelo con el rostro rojo de enojo.
- ¡Imb*cil! ¡¿Quién te crees que eres?!- él pervertido desconocido se avanza contra el espantapájaros quien con agilidad esquiva su golpe y tomando su brazo lo dobla por detrás su espalda.
- Soy quien te mandaré al hospital sino me te largas y nunca más te vuelves acercar a mi mujer-su tono rudo y todo lo acontecido ya nos tiene a nosotros en el blanco de todos los presentes.
Se que debería sonarme muy cavernícola que diga "mi mujer" pero su voz ruda es tan sexy que creo que esta me excité
El tipo intenta forcejear, no logrando nada más que lastimarse más, soltando entre dientes.
- Fue ella quien me estaba coqueteando, deberias sujetar bien la corre de tu perr*- indignada abro mi boca para desmentirlo.
- Marco- lo llamo esperando que se calme un poco si intervengo, aunque no puedo hacer nada cuando él vuelve a golpearlo esta vez con su rodilla contra la frente del tipo dejándolo medio inconciente en el suelo.
Se agacha y le susurra en el oído.
- Será mejor que no vuelva a verte, no se seré tan paciente la proxima vez- reincorporandose se acomoda la camisa, dejando el paso libre para que un par de guardias se lleven al tipo.
- Recuérdame nunca hacerte enfadar- suelta con sarcasmo el hermano mayor de los Meyer dando unas palmadas en el hombre de su hermano.
Marco no toma mucha importancia a eso, girando su rostro en mi dirección se acerca hasta quedar frente a mi.
- ¿Estas bien Pinky?- con su mano acaricia mi mejilla, como gatito consentido froto mi rostro contra la Palma de su mano disfrutando su toque.
- Gracias a ti si- me pongo de puntillas dejando un beso Casto sobre sus labios- Aunque sigue habiendo un. problema- hago un puchero.
- ¿Qué cosa?- me pregunta frunciendo ligeramente el ceño.
- Le tire todo mi jugo de pera al tipo ese y yo me quedé sin nada.
Marco se ríe un poco por esto pero asiente con la cabeza.
- Tranquila pediré otro mas- sonrió como un niña soltandome de su cuello mientras él me sujeta de la cintura.
- ¿Que paso aqui?¿De qué me perdí?- la voz de nuestra amiga nos distrae de nosotros mirando su completa desorientación al ver el desorden y la gente que nos mira.
- Nada importante , mejor volvamos a sentarnos- menciona Massimo, por lo que obedecemos y volvemos a lo nuestro.