Dalia POV
Existe un amor en tu vida que llega, en ese momento de tu vida donde te encuentras en la faceta de entregarte en cuerpo y alma, en el que no importa que lo que entregas es parte de tu esencia y que tal vez esa nunca regrese, en esa relación estas dispuesta a romper paradigmas, a aprender cosas nuevas, a esconder tus miedos o dudas, a omitir señales de alarma. Esa, esa es la llamada “entrega”, les fascina tener ese tipo de atención.
Bueno, pues me encuentro en ese momento de mi vida, y es cuando conozco a Emerson, en un chat de conversación, inmediatamente congeniamos y nos citamos. No puedo decir si al verlo lo sentí como el amor de mi vida, pero sé que el beso que nos dimos así parecía, porque fue en ese momento en el que tomé la decisión de entregarle todo a él. En poco tiempo, por circunstancias de la vida, nos encontramos viviendo juntos, como dije, estaba dispuesta a darlo todo.
La situación familiar no era de lo más lindo, mis padres se mudaron a otra ciudad a 45 minutos de ahí, tenía el departamento para mi sola, así que no debería de tener problemas, solo que estaba desempleada y estudiando la maestría para poder titularme, según yo tratando de tomar las riendas de mi vida, por lo que no entraba dentro de mis prioridades, anunciar que estaba viviendo en amasiato con mi hombre, hombre al cual no me ataba ningún compromiso, ni verbal ni escrito, pero que irónicamente mi mente me decía que sí, hablábamos de formar una familia, de su trabajo, de su familia de la mía, que tanto puedes conocer a alguien en un año, bueno lo suficiente como para esperarlo por las noches desnuda, para preparar una cena romántica, para lavar, hacer el quehacer para agradarle a la persona, invitarlo a vivir contigo sin ni siquiera pedir una aportación económica a la casa, probar cosas nuevas en el sexo, puede que la lista siga y siga, son muchas cosas que no vi en su momento. Podría decir que estaba enamorada, si, sus palabras, sus caricias, todo cual era él me encantaba, pero no podíamos escondernos de la realidad y esa nos llegó, en tres ocasiones.
La primera, cuando mi madre se enteró de que alguien vivía conmigo, y lo llevé a presentar, el primer y único encuentro con mi familia.
La segunda cuando tuve que ayudar a la familia a cuidar a mi abuela en el hospital entre semana en otra ciudad a hora y media de distancia y regresar los fines de semana a terminar la maestría, por lo que encontrarnos en casa, cada día era menos posible. La tercera y última vez, cuando lo inevitable llegó, después de los muchos encuentros íntimos sin protección alguna, un embarazo.
-Es posible que estés embarazada- me dice mi vecina, yo dudando e incrédula- no creo, ya me ha pasado tener un retraso de dos meses, mi organismo está algo loco- se me queda viendo, ella es madre de cuatro así que experiencia tiene- me dejas ver tus pezones- abro mis ojos sorprendida- no es morbo tus pezones cambian con el embarazo- cierro los ojos, y le muestro uno con toda la pena del mundo- ay amiga, sí estás embarazada será mejor que te hagas una prueba- no digo nada, me despido y voy a mi casa, me quedo un poco alterada y voy a la farmacia y compro una prueba, sigo las instrucciones y sale el resultado positivo, mi decisión, ir al laboratorio al día siguiente.
Me levanto temprano, voy al laboratorio, hago la prueba y me dicen que por la tarde está el resultado, confío en el falso positivo, voy a la universidad, termino mis clases, y de él ni sus luces, según por trabajo había salido, aunque la vecina me dijo que durante la semana había llegado con una chica al departamento, pero preferiría no suponer cosas.
Cuando llego al laboratorio por mis resultados, me los entregan y la chica me dice: ! Felicidades¡.
Inmediatamente busco un taxi y le doy la dirección, en el camino tomo el sobre con nerviosismo, y mi corazón late con fuerza, lo abro y comienzo a leer mientras mis lágrimas caen, no las puedo detener, ni siquiera puedo ver al chófer, llegamos a mi destino, le pago y bajo casi corriendo hacia mi casa, entro y cierro la puerta con dureza y voy a mi cuarto a llorar en mi cama, la verdad no sé cuánto tiempo pasó, sólo sé que ya es tiempo de irme, tomar el camión hacia la ciudad donde está mi abuela en el hospital.
Se preguntarán el porqué de mi llanto, bueno supongo que deduje lo que iba a pasar, sentía que ese bebé no lo iban recibir todos con alegría, las cosas no estaban resultando como quería, un noviazgo, un boda y familia, vuala la receta de la familia feliz.
Él no iba a llegar, así que sobre la cama tendida le dejé la prueba de embarazo casera y la del laboratorio, a ver qué pasaba, al día siguiente le mandaría mensaje en el ciber, últimamente ese era nuestro medio de comunicación.
-Hola
-Hola
- ¿qué significa lo que dejaste en la cama?
-¿tú qué crees?
-¿es broma?
- no
-y ¿estás segura que es mío?- para este momento del diálogo, sentada en un ciber totalmente lleno, mis lágrimas comienzan a nublar mi vista, mis manos tiemblan para escribir y trataba de sorber las lágrimas y con mi ropa limpiaba mi llanto.
-¿es en serio tu pregunta?
-y ¿has pensado en abortar?- tapo mi cara con mis manos, y siento las miradas de las personas en mí, algunos sollozos salen, sin poder controlar.
-claro que no, sabes que, no te necesito, adiós.
Me desconecté y verifiqué que no debía nada y salí lo más rápido que pude de ahí.
¿Qué iba a hacer?¿Cómo le haría? ¿Qué van a decir mis papás? ¿En serio no me ama?
Nadie podía negar mi llanto y mi tristeza, y por el momento, me tragué ese dolor, esa soledad y ese momento quedó impregnado en mi memoria para siempre.
Estaba tan mal, que una de las enfermeras que atendía a mi abuela me dijo que si se me ofrecía algo, y mi llanto volvió a surgir con palabras inteligibles, que al final se pudieron sobre entender por la forma repetitiva de hablar. Me confortó que no sería la primera ni la última mujer madre soltera y que si quería al bebé tenía que empezar a cuidarme y mi llanto no le hacía nada bien y me convenció de informar a mi tío, dueño y doctor del hospital. Así lo hice.
-Ay niña y ¿el papá se va a hacer responsable?- me interroga al conocer la información, mientras mis manos sudan y las juego entre mis piernas, y sin responder de viva voz sólo agacho la mirada y subo los hombros para indicar desconocimiento a su pregunta- Bueno, pues a apechugar mi niña y lo que sigue es que te haremos tu primer eco, y vemos como va el embarazo- me da la indicación y me la cita con el especialista.
Por primera vez conocí al frijolito que crecía dentro de mí, pues eso era un conjunto de células que formaban un punto y aproximadamente era un embarazo de dos meses. Así que oficialmente ya era madre en proceso.