-Vamos, cariño, es sólo una fiesta. La miré con los ojos cansados mientras tomaba un largo trago de whisky, habían pasado tres años desde que estaba con ella y había cambiado tanto que apenas la reconocía. Se inmiscuye en los negocios de su familia y aunque nunca indagué mucho, siempre supe que no era nada bueno en lo que se metía. Su cuerpo era delgado y alargado, como la modelo que era, su rostro, en cambio, sí que había sufrido transformaciones. Pero no tantas como su corazón. Era una perra muy fría, tenía un témpano en el pecho y hacía unos meses que lo empecé a notar. Habíamos empezado un negocio por nuestra cuenta, queriendo algo de ambos, algo que pudiese hacernos separarnos de nuestras familias. Fue ahí que empezamos a grabarnos teniendo sexo, dos, tres, cinco, veintiocho vídeos

