Las nalgas de Sabrina rebotaban contra mi m*****o con mucha violencia. Estaba rasgada en algunas partes y tenía pequeños hilos de sangre que los azotes de mi correa de cuero le dejaron, su cabello estaba deshecho y desordenado y mi mano se aferraba a esa cola de caballo como único recurso para no dejarla caer contra el suelo. El intercomunicador de la pared del cuarto no dejaba de sonar, una y otra vez, y el ruido ya me estaba hartando. -¡MIERDA!¿Qué parte de que no me molesten no entienden?¡HIJOS DE PUTA!- la empujé obligandola a enterrar la cabeza en el colchón y salí de su interior con el m*****o aun erecto, mejor que hubiese un buen motivo para haberme jodido el polvo porque si no más de uno sería despedido. Alcancé el botón del aparato infernal -¿QUÉ COÑO PASA? -Señor… Señor Shane,

