La llegada
Era una noche húmeda y calurosa, un clima habitual para noviembre en Buenos Aires. Rodrigo se encontraba en el balcón de su mono ambiente mirando un cielo nocturno sin estrellas. Hacia unos meses que se había separado de su última novia y estaba pensativo. Extrañaba las pequeñas cosas que tenían, como disfrutar de ese balcón, el cual ella había decorado con muebles de exterior y algunas plantas que le daban un poco de vida a una vista poco feliz de la calle Directorio, en el barrio de Floresta.
Ya terminando la tercera lata de cerveza, no podía dejar de mirar hacia arriba, esperando alguna clase de señal que le indicara hacia donde iba su vida. Tenía 25 años, un trabajo que odiaba siendo administrativo en una empresa de construcción, y estaba viendo pasar sus mejores años detrás de un escritorio. Atrás quedaron sus tiempos de ensayos con su guitarra, en que disfrutaba de perderse en la música, sin noción de su entorno mientras se elevaba con cada acorde que acompañaba sus canciones.
No era una persona de vicios, se consideraba un tipo simple, si bien era bueno en su trabajo, no disfrutaba de pasar tiempo en la computadora. Pero de alguna manera necesitaba sostenerse económicamente. Miro su reloj y marcaba las 3.30 am. tendría que haberse acostado hacia varias horas atrás, pero no podía conciliar el sueño. Pensó que la cerveza lo iba a relajar, pero empezando su cuarta lata no había logrado calmarse.
Tenía la guitarra eléctrica en su regazo, estaba desconectada por lo que sólo se escuchaba el sonido de las cuerdas y sus manos recorriendo el traste. Un sol, un mi, notas al vacío nocturno que no traspasaban el vidrio decorativo que encuadradaba el balcón.
Pensó en que tal vez sería momento de regresar al campo con su familia, dejar atrás la ciudad, y olvidarse de aquella vida monótona, que lo estaba asfixiando, pero aquel barco ya había zarpado. Su familia no lo recibiría de nuevo; su padre lo había dejado bien claro cuando pasó la puerta de su casa. Ya habían pasado casi 4 años desde aquel día, pero no volvieron a hablar desde entonces, Rodrigo siempre pensó en volver a Bragado y solucionar las cosas, pero por una razón u otra no lo hizo, y dejo que la distancia hiciera el trabajo, nada mejor que un desaparecer para solucionar un conflicto.
Terminando la cuarta cerveza, decidió que al menos debería intentar dormir una horas, pero la realidad era que no tenia sueño, dejo la guitarra a un lado y se dispuso a ponerse de pie. En ese mismo instante un viento fuerte empezó a levantarse, y un la cuadra se ilumino de una forma muy extraña, en un principio se asomo pensando que eran los bomberos o algún tipo de auto con sirena, pero en la calle no había nada fuera de lo común. Un sonido metálico se escucho por entre las nubes, si bien no podía deducir que estaba ocurriendo imagino un helicóptero sobrevolando el área, cosa que no era tan poco común. El ruido era un poco diferente, pero por ahí estaban probando algún nuevo modelo. Por curiosidad asomo su cabeza fuera del balcón y miro hacia arriba, pero no podía distinguir cual era la nave que se encontraba sobre su edificio en este momento, la luz se había puesto my intensa y no le permitió distinguir bien la forma. Sin embargo no le tomo muchos segundos darse cuenta que aquello no era un helicóptero y mucho menos era algo que el hubiera visto antes. Su instinto le decía que debía esconderse, pero la curiosidad y el morbo no le permitían reaccionar. Miro atónito como de a poco un plato volador se detenía sobre su edificio, entonces Rodrigo entro en estado de shock.
Pensó en reaccionar y gritar, también se le paso por la cabeza correr o esconderse, pero estaba petrificado. No podía realizar ningún movimiento. Menos mal que no había estudiado medicina, se consoló a si mismo, porque pobre del paciente. La nave se detuvo en la terraza del edificio, no era muy grande y al parecer sus movimientos le permitían maniobras simples. Rodrigo pensó en llamar a las autoridades, pero luego miro su teléfono y entendió lo que tenia que hacer. Seria trend topic y quien sabe por ahí podría tener fama y fortuna con videos de la nave y una posible vida extraterrestre. Nadie vio el aterrizaje mas que él por lo que estaba seguro que seria una exclusiva. Entonces salió corriendo del balcón hacia el ascensor para subir a la terraza y grabar lo que estaba sucediendo.
Mientras subía en el ascensor el corazón le comenzó latir muy fuerte en el pecho, ante cualquier pronóstico, Rodrigo no sentía miedo, era adrenalina lo que dominaba sus emociones, esperaba que esa convicción llegara hasta el ultimo piso, pero mientras tanto no dejaba de imaginar que estaba viviendo algo irreal, algo que no podía ser real. Cuando la puerta del ascensor se abrió Rodrigo estaba paralizado. Aguardo unos segundos pero no sabia que hacer, cuando la puerta automática se volvía cerrar, despertó del letargo y comenzó a caminar hacia la escalera que subía a la terraza, ya no había vuelta atrás y ras. Estaba listo para ser el primer hombre en tener contacto con una nave extraterrestre.
Rodrigo subió corriendo las escaleras hasta llegar a la terraza, le temblaban las manos y sudaba mucho por el esfuerzo, la tensión y el miedo. Su corazón latía intensamente, pero también estaba muy exitado. No sabía con qué se iba a encontrar.
Imaginó varios escenarios posibles pero ninguno lo había preparado para lo que estaba por ocurrir. Su llave giro en la cerradura y la puerta cedió. Lo primero que vio fue un ovalo al parecer metálico del mismo tamaño que el tanque de agua que estaba instalado en la terraza dle edificio. No tenía turbina ni propulsores, solamente flotaba como sostenido por el viento.
Rodrigo recordó que tenía que grabar y tomó su celular y apuntó a la nave, mientras no podía dejar de temblar, grabó lo que pudo hasta que el ovalo reveló la apertura de lo que parecía ser una puerta, Rodrigo bajó el celular y vio lo que podía ser una mujer descender del artefacto. Mientras la miraba no podía pensar, su mente se había puesto en blanco. Iluminó con el celular el rostro del alienigena, claramente era una mujer, solo que su piel era color morado y su cabello color naranja. Levantó la mano hacia él y dijo unas palabras incomprensibles y en ese momento Rodrigo se desmayó.
La mujer extraterrestre, se acercó hasta el joven terrícola que yacía en el piso y lo miró detenidamente, con un pie intentó hacerlo reaccionar pero no se movía. Con su mano color morado tomó el celular, lo acercó a su rostro, y lo escudriño detenidamente.
Con un dedo detuvo la reproducción al tocar la pantalla. Y sin tener más interés lo dejo caer.
Rodrigo abrió los ojos, y vio a la mujer del espacio junto a él, sólo lo miraba. Era muy hermosa, salvo su color morado podía verse como una persona de la tierra. La mujer acercó su mano y lo tocó. Sus pupilas se dilataron y de repente se empezó a sacudir suavemente. Cerró los ojos, y sin más, se presentó. Me llamo Katanium Glay, vengo del planeta Sourion 4, he viajado en mi nave por miles de kilómetros, buscando un lugar para habitar. El joven la miró sin entender, ella sonrió y le aclaró que al tocarlo había adquirido de su cerebro el lenguaje y toda la información que estaba almacenada. No le sorprendió mucho saber esa información ya que había visto muchas películas de ciencia ficción, pero igualmente intento digerir todo sin pensarlo mucho, así como cuando uno se traga una pastilla enorme. Bienvenida a la tierra le dijo, y volvió a caer desmayado.