Carl Solaires, era un hombre alto, musculoso, de cabello ne.gro y ojos miel, su rostro era perfectamente simétrico, lo voy a admitir, estaba buenísimo, se veía aún mejor en persona que en esas fotografías de la boda que junto a Alice parecían una pareja perfecta de modelos. –Señor Solaires –saludó Karen. Él la ignoró por completo, me estaba viendo directamente a mí, como si tuviera algo en la cara o tal vez no tenía algo que Alice sí, le sostuve la mirada, aunque por dentro me estaba muriendo de los nervios, tal vez se había dado cuenta que no era Alice, era una idiota por venir aquí y pensar que me podía hacer pasar por Alice, él se daría cuenta de inmediato que no era ella, eran esposos, vivían juntos, habían tenido un hijo, yo lo tenía en mis brazos. –¡Listo, cielito! Kate nos esp

