Alicia:
Cuando desperté estaba desorientada por completo, no sabía dónde estaba, pero por la ropa que traían quienes me rodeaban, podría jurar que en un hospital. Me hablaban todos al mismo tiempo, en un principio, yo no entendía lo que me decían, trataba de hablar pero me era imposible. Hasta que vino un hombre, algo mayor, y despejó la sala, quedando solo conmigo y una enfermera. Era muy poco lo que podía ver, mis ojos se negaban a abrirse del todo, pero estaba progresando y una línea podía ver, aunque como en una neblina
‒ Alicia, ¿puedes oírme? – yo no respondí, entonces insistió - ¿entiendes, al menos lo que te digo?
Yo solo asentí con la cabeza, que por cierto me dolía mucho. Este hombre parecía conocerme y, según él, mi nombre era Alicia. Pero yo no lo recordaba, no recordaba nada, ni mi nombre, ni mi apellido o dirección, que edad tenía y mucho menos lo que me había pasado
‒ Doctor, creo que ella sí le entiende – dijo la chica que estaba a su lado
‒ Bien, Alicia, necesito que te quedes lo más quieta posible, no sabemos si tienes algún hueso roto, que pueda comprometer tu vida, así que te vamos a hacer varios estudios, placas, tomografías, etc, para descartar cosas – hizo una pausa y con voz calma me preguntó - ¿Cuál es tu apellido? – no respondí - ¿lo sabes? – negué con la cabeza – creo que no lo recuerdas ¿verdad?
Yo ya no quería seguir moviendo la cabeza, era casi insoportable lo que me dolía, así que no lo hice, que pensara lo que quisiera, ya no quería moverme más. Cerré mis ojos. De pronto sentí el calor de una mano sobre la mía. Para mi habían pasado unos segundos desde mi conversación con el doctor, pero era obvio que no, pues estaba en otra habitación y no en una camilla sino en una cama. La mano que sostenía la mía, se sentía agradable, así que evité moverme. Como pude, con mucha dificultad, fui abriendo mis ojos. Al principio estaban pegados y parecían no querer separarse, pero cogí paciencia y lentamente logré mi cometido. La luz hizo que los cerrara nuevamente, el resplandor se sintió como agujetas y se llenaron de lágrimas. Descansé unos segundos y volví a intentarlo, esta vez lo conseguí.
Observé a mí alrededor, claramente era una habitación de hospital. Por fin miré mi mano y note una, por demás masculina, con sus venas muy marcadas, que la tomaba con firmeza pero a la vez con delicadeza. El dueño de esa mano, tenía su cabeza apoyada al costado, sobre mi cama. Su cabello despeinado y su respiración agitada, me decían que hacía mucho que estaba en esa posición.
Mi brazo se movió de manera involuntaria, eso lo despertó.
Inmediatamente esbozó una enorme sonrisa, se puso de pie y se acercó a mi rostro.
‒ Alicia, mi amor, has despertado
Todos se empeñaban en llamarme Alicia, así que ese debería ser mi nombre
‒ Yo… - murmuré a duras penas, pero ya podía hablar, no mucho, pero era algo
‒ Shhh… no digas nada, no te fatigues. Iré por el doctor
Se acercó lentamente a mi cara, podía ver que lloraba, y me beso en la punta de la nariz.
Yo no tenía idea de quien era, pero era seguro que me conocía.
Luka:
Habían pasado las primeras 48 horas, que eran las más críticas. Alicia parecía ir recuperándose de a poco, pero aún no despertaba. No me había apartado de ella ni un segundo, ni siquiera para ir a ver a mis hijos, solo hablaba con ellos por teléfono. Al igual que con la Nana, a la cual le había cargado toda la responsabilidad de cuidarlos y mantenerlos alejados de todo esto, tampoco le permití venir al hospital, pues Alicia estaba inconsciente, nada podía hacer viniendo, en cambio en casa, cuidaría de los niños.
‒ Luka, te traje algo de ropa, deberías, ya que no quieres irte a tu casa, darte un baño, para refrescarte – dijo Renzo y extendió su mano cargando un bolso – toma, aquí tienes, yo me quedaré por si hay algún cambio
‒ No puedo despegarme de ella, Renzo…
‒ Debes hacerlo, necesitas un baño, apestas amigo – y sonrió – anda, ve tranquilo, yo me quedo con ella
‒ Gracias
Llevé la mano que tenía tomada con la mía, hacia mis labios, y la besé. Luego la acomodé al lado de su cuerpo y, muy a mi pesar, me puse de pie y me dirigí al baño, para darme esa bendita ducha que, según Renzo, necesitaba.
Una vez en la ducha, apoyé mis manos en la pared, bajé mi cabeza dejando que el agua me golpeara en la nuca con total libertad y solté a llorar, lo hice desconsoladamente, nunca había llorado así, al punto de causarme espasmos. Estaba destrozado, mi esposa se yacía tendida en una cama de hospital sin un diagnóstico claro, podría incluso morir. Yo la amaba con locura, era la razón de mí existir, ella y mis hijos eran lo único verdadero que tenía en la vida, eran mi perdición, mi debilidad, pero también mi fortaleza. Sabía que tenía que ser fuerte, por ellos y por Alicia, pero no encontraba la forma, pues cada hora me debilitaba más y más. Todo este tiempo le había prometido que estaría a salvo, que nada le pasaría, incluso velé por ella prácticamente durante toda su vida; pero, cuando me necesitó en realidad, no estuve ahí para ella. Tenía que encontrar al responsable de esto y hacer justicia con mis propias manos, aunque era consiente que el verdadero culpable era yo, por haberla dejado aquel día, pese a que me rogó que no lo hiciera. Durante el tiempo que estuvo desaparecida, apenas podía mirar a mis hijos a los ojos, ahora mucho menos, y si algo le llegaba a suceder, no podría ni estar frente a ellos.
Al salir de la ducha, volví a la habitación donde se encontraba Alicia y pude ver a Renzo sentado al lado de la cama, ahora era él quien cogía la mano de mi esposa. Cuando me acerqué, se sobresaltó y de un brinco se puso de pie
‒ Luka…
‒ Renzo tranquilo, ha habido algún cambio
Pude ver el rojo en sus ojos, se notaba que había estado llorando, incluso tenía mojadas las mejillas aún. Él también lo notó y se secó el rostro con la manga de su saco
‒ No, ninguno – volvió a pasarse las manos por la cara – disculpa Luka, es que me angustia mucho verla así, ella que siempre es tan activa, tan llena de vida
‒ Te entiendo, no hay nada que perdonar, tampoco tienes que justificarte, sé que la quieres mucho, hace muchos años que la conoces, incluso más que yo – hice una pausa – es tu amiga más que tu jefa, es normal que te sientas así
‒ Pues sí, le tengo gran cariño, como a ti y los ni*ños – otra vez sus ojos se llenaron de lágrimas y rodaron por sus mejillas – me siento responsable, se supone que yo debía cuidarla…
‒ No fue tu culpa, Renzo, ella insistió para que fueras conmigo, no podías protegerla si no estabas allí – ahora era yo quien dejaba correr las lágrimas – solo yo soy el culpable, no debí irme aquel día, ella tenía razón, no era necesaria mi presencia, pero …
‒ ¿Pero? – preguntó con sorpresa
‒ Es que luego de tantos años… - comencé a caminar por la habitación, mientras me pasaba las manos por mi cabello – necesitaba alejarme, no porque estuviera desconforme con mi vida – suspiré - ¡sabe Dios que adoro mi vida con ella! – volví a suspirar – solo que extrañaba las juntas, la adrenalina de las reuniones difíciles – hice una pausa – mi antigua vida
‒ Luka… - me miró con asombro – no tenía idea de que te sintieras así
‒ No me mires así, no me sentía de ninguna manera, solo soy un estúpido hombre inmaduro que quería respirar un poco de su patética vida anterior
‒ ¿Ella sabe que te sentías así?
‒ No, ¿cómo crees? – me dejé caer en el sillón – nunca podría decírselo, yo la amo, la amo con locura, eso no está en tela de juicio, solo que a veces me ahogo, es que no creo merecerlos…
Nunca voy a olvidar la expresión de desasosiego de Renzo al oír semejante confesión de mi parte
Narrador:
Luego de casi dos días de estar inconsciente, Alicia despertó. Se encontraba sumamente aturdida y desorientada, así como dolorida, por ello su cuerpo estaba en shock, entre el dolor y los medicamentos no podía pensar con claridad.
Lo primero que sintió fue el calor de una mano sobre la suya, cuando le fue posible abrir un poco los ojos, vio la cabeza de un hombre recostado en la cama, a un lado de dichas manos. No lo conocía, o al menos no lo reconocía, pero, aun así, sintió ternura por él.
Trató de no molestarlo, pero su brazo sufrió un espasmo involuntario.
‒ Alicia, mi amor, has despertado
‒ Yo… - dijo casi en un susurro
‒ Shhh… no digas nada, no te fatigues. Iré por el doctor
Casi de inmediato estuvo rodeada de enfermeros y minutos más tarde del doctor.