Narrador:
‒ Alicia, ya llevo días aquí, a tu lado, contándote muchas cosas, pero tú aún no me diriges la palabra
Dijo Luka en un momento, un poco enfadado. Es que los días transcurrían, el permanecía a su lado, no se había movido de allí, lo poco que dormía, lo hacía en la cama contigua, pues había pagado para que Alicia permaneciera sola en una habitación. Él sabía que ella interactuaba con el médico y las enfermeras, pero no con él. Le habían dicho que tenía que tener paciencia, pero luego de tantos días, comenzaba a terminársele la poca que tenía. No quería apurarla, ni mucho menos, pero necesitaba saber lo que le había ocurrido, tenía que encontrar al culpable y hacerle pagar. Pero ella se limitaba a escucharle, pero no le hablaba.
Renzo iba a diario, trataba de consolar a Luka, aunque sin éxito.
‒ Mi amor – se sentó en la cama y le tomó la mano – necesito que me digas algo, lo que sea, no puedes ignorarme así – suplicó ya al borde de la desesperación
‒ Yo no te ignoro – respondió al fin
Luka abrió grande sus ojos y esbozó una enorme sonrisa
‒ Alicia…
‒ Es solo que no te conozco – dijo retirando la mano de su agarre
‒ Pero…
‒ Por más que te esfuerces, no te conozco, y si lo hago, no te recuerdo, lo siento
‒ No importa, solo importa que me estás hablando y eso es un progreso
‒ Yo hablo desde hace mucho, pero no lo hago contigo, a ti solo te escucho. Me hablas de una vida maravillosa que tenemos juntos, de dos hijos hermosos, pero es que no los recuerdo, ¿entiendes? – gritó – no los recuerdo – y comenzó a llorar desconsoladamente
‒ Yo te ayudo a recordarnos
Él se acercó y la abrazo, pero ella le empujó
‒ No quiero tu ayuda, yo solo quiero…
‒ ¿Qué es lo que quieres Alicia?
‒ ¡Yo solo quiero que me dejes en paz!
‒ ¿Qué dices?
‒ Eso, que quiero que te vayas y me dejes en paz
‒ Eso no va a pasar, no me voy a ir hasta que no tengas el alta, y, cuando eso pase, nos iremos juntos
‒ No me iré contigo
‒ Vivimos juntos, no tienes a donde ir
Alicia le miró desconcertada
‒ ¿No tengo una madre, un padre, un hermano, algún pariente al cual pueda ir a su casa?
‒ No, no lo tienes
‒ ¿De verdad estoy tan sola?
‒ ¿Sola?, ¡no que va! – y sonrió – estoy yo, que soy tu esposo, Tiara y Saúl, que son nuestros hijos, la Nana; quien te crio de pequeña y ahora hace lo mismo con los niños, también está Renzo, tu amigo además de tu guardaespaldas, es él que te cuida…
‒ Ya veo lo bien que lo hace… - reprochó
‒ No seas mala con él, fue mi culpa, todo fue mi culpa
‒ Entonces con más razón, te pido que me dejes en paz
‒ Eso no va a pasar, ya te lo he dicho
‒ ¿Qué va a ser de mi entonces? – y comenzó a llorar nuevamente
‒ Escucha, no te atormentes. Cuando te den el alta iremos a casa y lo resolveremos, como siempre lo hemos hecho
‒ Quiero dormir, así que sal de la habitación por favor – acotó de manera tajante
‒ Bien, estaré en el pasillo por si necesitas algo
Luka besó la frente de Alicia y salió de la habitación
Alicia:
Ese hombre se empeñaba en que recordara una vida con él y yo no podía. Durante días trató de enseñarme fotografías y videos, pero me he negado, creo que por miedo, me sentiría un monstruo al comprobar que tengo dos hijos y no los recuerdo, ¿qué clase de madre tienen esas criaturas? No recuerdo nada de mi pasado, y creo que tampoco quiero.
‒ Alicia, ¿cómo te sientes hoy? – me preguntó el doctor
Yo me sentía mejor, ya no me dolía tanto el cuerpo, mis ojos estaban, aunque con moretones, ya recuperados y la venda en mi cabeza la retiraron ayer. También había caminado, con ayuda, un poco.
‒ Mejor doctor, ya quiero irme a mi casa, donde sea que sea eso
‒ Todavía tienes que quedarte algún día más, necesito que camines con normalidad
‒ Dígale a las enfermeras que vengan a ayudarme más seguido
‒ ¿A caso no te ayuda Luka?
‒ Luka… - solté un suspiro – es que no he dejado que se me acerque mucho en realidad
‒ ¿Por qué es eso, Alicia?, él es tu esposo
‒ Pero no le recuerdo, así que es un extraño para mi
‒ Bueno, tienes un punto ahí, pero haz de cuenta que es un enfermero y apóyate en él, además, cuando te dé el alta, volverás con él a tu casa
‒ Eso me aterra, también están los niños, ¿qué se supone que haga con ellos?
‒ Son tus hijos, supongo que cuando los veas los recordarás, o al menos sentirás algo – rascó su barbilla – aunque en realidad no lo sé – volvió a rascar su barbilla – haré que venga, esta tarde, un terapeuta, él te ayudará en el proceso
‒ Puede decirle a Luka que se mantenga fuera de la habitación, por lo menos hasta que hable con el terapeuta, es que necesito que me deje respirar un poco
‒ Le diré, pero tienes que tener en claro que necesitarás todo el apoyo posible, para sortear esta situación, y él es fundamental
‒ Lo sé, créame que lo sé, solo que necesito que se aleje un poco y me deje pensar con tranquilidad, lejos de su influencia
‒ Bien, se lo diré
Luego que el doctor se retirara, como se lo solicité, Luka no volvió a entrar. Al pasar un par de horas, llegó a visitarme, tal y como me lo había adelantado el doctor, el terapeuta. Estuvo conmigo algo más de una hora y me hizo entender algunas cosas. Al salir le solicité que le dijera a Luka que entrara.
‒ Hola Alicia, me dijo el doctor que no querías ser molestada, por eso me quedé en el pasillo, pero ahora el terapeuta me pidió que entrara, ¿está bien si lo hago?
‒ Sí, está bien, yo le pedí que te dijera que entraras, gracias por hacerlo
‒ No tienes nada que agradecer, yo solo quiero que estés cómoda y te recuperes
‒ De eso te quiero hablar
‒ Te escucho – y se sentó al borde de la cama
‒ Sé que he sido un poco grosera…
‒ No, para nada, es lógico que estés nerviosa…
‒ Tienes que entender que esto es muy difícil para mí, así que te ruego no me interrumpas
‒ Descuida, no volveré a interrumpirte
‒ Sé que soy tu esposa, que tenemos dos hijos, y todo eso, solo que no lo asumo porque no lo recuerdo. Pero de nada me sirve luchar contra eso, así que lo que te pido es que me ayudes a salir de alta cuanto antes, y tal vez pueda recuperar mi vida – hice una pausa, él me escuchaba atentamente – quiero recordar, recordarlo todo, pero no te puedo prometer nada – respetando mi solicitud de no interrupción, él seguía en silencio - ¿Qué dices?
‒ Que te amo muchísimo y, aunque no lo recuerdes aún, tu a mí también, así como a nuestros hijos – tomó mi mano – dicho esto, no te dejaré sola ya que pienso acompañarte en éste proceso hasta el final
‒ Sin presiones, te lo ruego
‒ ¡Sin presiones!, lo prometo – sonrió y besó mi mano, clara señal de felicidad
Por más que me esforzara, no lograba recordarlo, pero no por eso dejaba de reconocer que era un hombre muy guapo, sabía que me llevaba varios años, aun así no podía evitar sentirme afortunada, casada con semejante hombre. Aunque era realista y sabía que la apariencia no era lo importante, pues no sabía si era una buena persona o no. Estaba segura, no me pregunten como, que él no había ocasionado lo que me sucedía, aunque me había dicho que era culpable, sabía que no era de manera literal, que era incapaz de causarme tanto daño. Eso me tranquilizaba, y luego de la conversación que tuve con el terapeuta, me sentía aún más.
Luka:
El hecho de que Alicia me corriera de la habitación, con lo que me dijo, me causaba un profundo dolor, pero la entendía. Ella no me reconocía, por ende era difícil confiar en mí. Yo era por momentos algo intenso, quería que me recordara, así como al autor de tal atrocidad, pero no debía apurarla. Para mi suerte, entre el doctor y el terapeuta la convencieron de que me dejara ayudarla. Escucharla decir “…así que lo que te pido es que me ayudes a salir de alta cuanto antes…”, Había devuelto mi alma al cuerpo y llenado de felicidad. La amaba y ¡claro que la ayudaría!, recargaría mi paciencia y le dedicaría todo mi tiempo a ella, y solo a ella. Ahora más que nunca estaba deseoso de llevarla a casa