(…) Puerto de Ocean City
—Muchísimas gracias, que tenga un buen viaje —Comento la señorita de la caseta, dándole los boletos al canoso.
—Gracias a usted por su tiempo y atención —Bajo la cabeza con respeto el caballero, quien fue imitado por la niña.
El dúo camino por los andamios de madera que conformaban el esplendoroso muelle, tristemente repleto de personas pidiendo limosna a los diferentes viajeros que aparcaban en el lugar, Tomas y Ayami le estaban dando algo de dinero a una señora, quien perdió su casa ante una subida injustificada de los impuestos, incluso pensaron en llevársela con ellos, pero con todos los problemas que tenían encima, quizás sería peor todavía.
La arena colmaba la orilla y el sol era bastante inclemente, se sentía pesado y los hacia sudar en abundancia. Al ya tener los instrumentos más importantes para realizar su embarco, se pusieron al final de una alargada cola, este era el último que salía con destino a tierras orientales, un sitio de especial interés para turistas, pero también para quienes desearan huir, gracias a las barreras del idioma, el control de Tantalus era mucho menor.
La fila fue mellando lentamente, cuando por fin llegaron hasta la entrada del navío, la pareja subió sin problema, pero Eva y Venet voltearon con añoranza, dejaban atrás sus vidas, en el caso de la menor lo único que conocía y en el del mayor, a lo que se estuvo aferrando desde hacía ya varios años, durante todo el tiempo que su retiro había durado. Sin embargo, esta nostalgia desapareció cuando se percató de que estaban revisando con un dispositivo anti metales a la gente.
—¡Tomas! —Exclamo asustado.
—¿Qué pasa? —Dudo el muchacho, a quien comprobaron sin dar ninguna respuesta de alarma.
—¿Cómo? —Se sorprendió el canoso, mismo al cual detectaron que traía algo metálico —¡Es una navaja suiza! Tranquilos… —Excuso sudando, mostrando el utensilio que yacía en su bolsillo.
Una vez se les permitió el paso, estos se quedaron un momento en la cubierta, esperando que se realizaran otras comprobaciones de seguridad antes de zarpar, Ludovick, se fijó en la rubia, quien estaba tranquila. Poco después, noto que Hutson se reía y de cierta forma burlaba de su nerviosismo, por lo que se le acercó para llamarle la atención.
—Oye ¿Cómo es que tu revolver no sonó? —Preguntó en voz baja.
—El coltanium no es como otro tipo de metales, no reacciona ante ese tipo de cosas —Afirmo confiado el gato n***o.
—Casi me matas de un susto ¿Y las balas? —Inquirió preocupado.
—Las bote, conseguiremos más en tierra —Declaro con seriedad, viendo que el varón finalmente se calmaba.
—¿Hay dragones a dónde vamos? —Dudo la pequeña jalándole la camisa al señor.
—Eh… No, ellos no existen o si existían se extinguieron —Aclaro cargando con su equipaje.
—Hm ¿Y príncipes? —Cuestiono de nuevo.
—¿Para qué quieres saber eso? Todavía estas muy pequeña —Hablo Tomas pasándole, por un lado.
—Hutson tiene razón, todavía tienes muchas cosas que vivir antes de estar con un chico —Dijo Ludovick con cierta preocupación.
—Papá decía que crecería para casarme con un hombre bueno, solo quería ver mis opciones —Suspiro algo apenada.
—Ya encontraras alguien que valga la pena, seguro uno muy lindo y valiente como el mío —Saco la lengua contenta Ayami, señalando al antiguo prime.
—Yo no quiero un gato feo —Inflo sus cachetes la rubia, causando que el asesino se molestara.
Las risas de los presentes les incomodaron y divirtieron al mismo tiempo, por fin se dejaron de tonterías y se dirigieron al camarote, con el objetivo de guardar las pocas pertenencias que lograron traerse y adquirir antes de partir. No era nada del otro mundo, una habitación pequeña con dos literas, la pareja se quedó con una y la chiquita se adueñó de otra rápidamente, subiéndose a la de arriba con gran emoción, brincando con euforia.
—¡Cuidado con el----! —La advertencia llego demasiado tarde —Techo… —Suspiro el señor ante la imprudencia de la pequeña.
—No me dolió… —Alego con sinceridad la dulce infante, sin embargo, le bajo a su inquietud, recostándose y volviendo a su lectura.
—Bueno, honestamente me gustaría descansar un poco, creo que no duermo bien desde que… Ya no se —Hablo con gran fatiga, acomodándose debajo de la niña.
—¿Damos una vuelta por la cubierta? —Abrazo el castaño a su amada.
—Por supuesto —Carcajeo la asiática contenta, dejándose llevar por los ánimos de su pareja.
Una vez estos se fueron, Ludovick se pudo finalmente relajar, por un momento su mente entro en un estado de paz y quietud muy necesarias, pero al segundo, esta se llenó de negatividad, oscuridad y tristeza, vio a su esposa, a su hijo, a la que otrora fuera su familia destrozada y entonces vislumbro a la dulce Eva, siendo golpeada y atrapada, esta terrible pesadilla llego inmediatamente a su final cuando abrió los ojos y la vio frente a él. No se pudo resistir, la abrazo con todas sus fuerzas, el cariño que sentía era demasiado, solo comparable al dolor que sufriría si la perdiera.
—Tu corazón… ¿Estas bien? —Pregunto la muchachita viéndole la cara.
—Yo, lo estoy —Suspiro tratando de calmarse —¿Querías decirme algo?
—Si ¿Cómo nacen los bebes? —Inquirió intrigada, mostrando el final del libro con el hermoso hijo del Rey Arturo.
—Eso… Creo que aún es pronto para contarte de esas cosas, sucede cuando dos personas se aman mucho y tienen tiempo para estar solos —Trato de darle una respuesta lo más básica posible.
—Hm… ¿¡Ayami y Tomas traerán uno!? —Cuestiono con emoción.
—No, bueno, no por ahora, al menos no que yo sepa —Carcajeo con cierta incomodidad —Aun no estamos en un sitio seguro, sería un mal momento para tener un hijo ¿No crees? —Comento intentando relajar la situación.
—¡Entonces debemos detenerlos! ¡Vamos a buscarlos! —Exclamo preocupada la menor, jalando al hombre del brazo.
—Okey, está bien, vamos por ellos —Entre risas, el canoso finalmente se rindió ante los deseos de la niña.
Afuera en la cubierta, el sol era mitigado por la brisa marina, el navío era de unas fantásticas dimensiones y sus medidas se perdían a la vista, hacia arriba se vislumbraba un hermoso cielo azul claro, en la parte baja, unas preciosas olas rompías contra el casco, de un agua con tono oscuro y llena de todo tipo de pescados, la pareja no era la única en disfrutar de esta vista, otras personas se divertían con el magnífico espectáculo natural. El dúo se apoyaba de los barandales y disfrutaba de todo lo que le rodeaba.
—Esto es increíble —Dijo con fascinación la asiática.
—Lo vez, tenemos luna de miel y todavía no nos casamos —Sonrió ampliamente el castaño, sonrojando a su chica.
—Tonto —Musito ignorándolo.
—Oye, debería proponerte matrimonio cuando estemos allá —Alego con un tono pícaro, consiguiendo que su pareja se irritara.
—Si me lo dices ya no es sorpresa y este no es un buen momento —Protesto con enojo Ayami.
—Ah, pero esa es la cosa, lo que no sabes es cuando lo voy a hacer —Insistió con un rostro que trataba de ser misterioso.
—Pareces un gato constipado —Molesto la mujer, apretándole con fuerza la nariz.
—¡Amor! —Grito adolorido Hutson, abrazándola y alzándola.
Los novios giraron y se marearon, rieron con gusto y se mimaron dulcemente, estaban tan enamorados el uno del otro que todo lo demás no se sentía tan importante. Se encontraban tan felices, por fin se alejaban de todo aquello que los coartaba, por fin empezaría su vida o eso fue lo que tontamente creyeron y es que por más que lo intentaran, no escaparían a la obsesión del albino, que los perseguiría como una plaga hasta destruirlos por completo.
Un portal se comenzó a abrir, la gente que caminaba por la embarcación se sorprendió y asusto, un gran grupo de figuras los veían al otro lado, con rostros sádicos y fascinados, una mujer los saludaba con una falsa cordialidad, pero de lejos el más resaltante era el malvado espadachín, lleno de ansia y jubilo, ninguna distancia podría separarlo.
—¡Maldito! ¡Aléjate de mí! —Grito Tomas con una terrible desesperación.