Frenético Despertar

805 Words
(…) Por la mañana / Hotel Fantastic Rome Abriendo sus ojos y estirándose con dificultades, la dama se tomó un momento para respirar profundamente, llenándose con el aire que venía de la sala, el cual estaba contaminado con un delicioso olor a queso y salsa, ella se quiso acurrucar con su pareja, pero esta no estaba en la cama, esa ausencia la hizo sentir extraña, siempre se iba antes de que sus amantes lo notaran, ignorando el hecho y fingiendo no importarle, intento dormir un poco más, pero el vacío se lo impedía ¿Cómo era posible? Su corazón latió con fuerza, quería saber si el tipo estaba en el baño, en otro lado o si realmente se había marchado. La dama se bajó de la cama, se acercó a su cartera y saco un short cómodo, junto a una franela, eran prendas que portaban la esperanza de que su pareja valiera tanto la pena como para quedarse más de un día con ella y así lo había sentido. Tras ponérselo y voltear a donde también estaba el bolso del hombre, notando que este se balanceaba, listo para precipitarse contra el suelo, se anticipó con velocidad y lo cargo en el aire, allí se dio cuenta de algo extraño, pesaba más de lo normal. Sin importarle la privacidad de su pareja, reviso detalladamente por encima, al sentir algo parecido a un arma su corazón latió con fuerza, sus ojos casi lloraron, pero su semblante era más fuerte, de esa forma busco con calma el bolsillo oculto, lo encontró y abrió, confirmando todas sus dudas, pero fue todavía peor, no era solo un revolver, estaba echo de coltanium, solo una persona podría tener acceso a eso, un prime, un jefe de Tantalus y el hombre que robo los lingotes de la refinería. —Claire… Traje pizza, porque no conozco a nadie que no le guste… —Su emoción se esfumo al instante, cuando la vio de pie sujetando su arma. — ¡Maldito! —Exclamo con una furia asesina, cargando contra el con tanta fuerza que lo arrojo contra la mesa de la sala, haciéndola pedazos — ¡Voy a matarte! —Amenazo corriendo hasta una silla, tomándola y partiéndosela en la espalda. — ¡Por favor! ¡Detente! —Parándose rápidamente, Alex intento frenarla mientras esquivaba sus múltiples agarres, los cuales iban directo al cuello, con la intención de rompérselo. El sujeto solo llevaba pantalón, por lo que las astillas le habían marcado toda su piel y estaba sangrando, la dama por su parte no tenía ánimos de hablar, movida por su furia, hizo una falsa finta, siguiendo el esquive del azabache, atrapándolo al instante. Con sus brazos y un tirón preciso, le disloco el brazo derecho, haciéndolo gritar con tanta fuerza que este se desplomo en el piso. —Me engañaste para fornicarme, bien, felicito eso, pero debiste matarme cuando tuviste la oportunidad bastardo —Reclamo sutilmente, montándose encima del y golpeando su rostro con unos violentos puñetazos. El búho oscuro sabía que se lo merecía, su estupidez lo orillo hasta ese desenlace y lo más lamentable es que ahora no podía defenderse de las embestidas de su amada, ya que odiaba el tener que lastimarla, que situación más terrible. Entonces recordó a sus hermanos, no podía abandonarlos, confiaban en que volvería, eso fue suficiente aliciente para que se dejara de tonterías y usara sus piernas para levantarse, cargando consigo a la mujer con su extremidad todavía funcional, con la que también la arrojo contra una pared.  Aprovechando esa breve fracción de tiempo, tomo su revólver, el cual estaba tirado en la piso, arrojado por la asesina al no saber cómo usarlo, a parte agarro su teléfono y cuando se disponía a hacer otra cosa, vio a la rubia reponerse, ahora era diferente a lo que paso en la refinería, no es que no pudiera ganarle, es que no quería hacerlo. Por lo que vio su única alternativa posible y suspiro, corriendo hasta la ventana y lanzándose a través de ella. Anticipándose a este resultado, pidió una habitación en el primer piso, esto no impidió que el golpe fuera robusto, solamente sobrevivió gracias a sus genes sionistas y a la gran cantidad de adrenalina que corría por sus venas, dejándole claro a cualquier transeúnte que pasara por la zona, que él no era un humano normal. La rubia corrió hasta la ventana y se topó con el terrible panorama, su presa había escapado, la frustración la hizo llorar amargamente, se sentía manipulada y ultrajada, pero aun peor, su corazón había sufrido algo que cientos de batallas nunca lo provocaron y es que jamás sintió un dolor tan amargo como ese, se fue recostando lentamente en el suelo, sollozando con gran pesar, todo lo que esa noche le dio, lo perdió al descubrir la verdad. 
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