(…) Calles de Royal Roads / Domingo por la mañana.
Alex corrió y corrió hasta que ya no pudo más, ni siquiera se cercioro de que los estuvieran siguiendo, pero agradeció que esto no ocurriera, finalmente, el azabache llego hasta un oscuro callejón y se fue recostando lentamente de la pared, le dolía todo el cuerpo, pero por encima de todas las cosas el brazo que seguía estando dislocado.
Saco su teléfono para intentar llamar a sus hermanos, sin embargo la fuerza y la consciencia se apagaban, sentía que se desvanecería en cualquier momento, no podía engañarse a sí mismo, odiaba todo lo que había ocurrido, especialmente como las cosas sucedieron con Claire, tenía unas emociones muy fuertes por ella, su plan de erradicarla salió terriblemente mal, porque en lugar de llevarlo a cabo, termino por conseguir todo lo contrario y tristemente ni siquiera sirvió para algo. Esos eran los lamentos que lo colmaron mientras perdió completamente la noción del mundo, desmayándose sobre el pavimento.
(…)
Recuperando poco a poco su conocimiento y sin terminar de abrir los ojos, fue despertado por el dolor, el cual era cada vez menor, a lo lejos podía escuchar voces, también sentía un frio constante, proveniente de un aire acondicionado, intento mover sus brazos y se percató de que estaban en su lugar, lo que lo hizo suspirar agradecido, finalmente una mano le acaricio el cabello con sutileza.
—Qué bueno que te estés recuperando… —Comento una voz familiar, causando que abriera sus ojos contento.
—Gracias a dios son ustedes —Expreso alegre, para rápidamente quejarse por el punzante sufrimiento.
—Fuiste muy imprudente, te dijimos que buscaras un enemigo más débil —Regaño Natasha.
—Lo siento Sis, debí escucharlos —Contesto para sí mismo, dándole la razón a la pelirroja, quien se sorprendió por este hecho.
— ¿De que estas hablando? Ahora sí que me asustas —Carcajeo Nat.
— ¿Estamos en donde la doctora Penélope? —Pregunto relajándose.
—Así es, Dante le está pagando, tuvo que reponerte mucho esta vez ¿Qué ocurrió? Creí que no pelearías —Se interesó la muchacha.
—Hablaremos de eso cuando estemos en casa, allí vienen —Señalo a la puerta de la cual salieron las dos figuras.
El informático se veía mal, como si se echara toda la culpa por lo ocurrido, tenía ojeras pronunciadas y su cabello era un desastre, prácticamente salió corriendo a abrazar a su hermano, por otro lado, la doctora tenía el cabello castaño corto, se veía muy rustica y aun así era hermosa, con ojos verdes y una cara preciosa, sostenía una Tablet con cuidado, donde yacían los exámenes del azabache.
— ¡Hermano! ¿¡Estas bien!? —Lo llamo asustado el hacker —Discúlpame, se suponía que estaría pendiente y me quede dormido —Comento arrepentido.
—Descuida brother, no pasó nada —Aseguro con optimismo, todavía adolorido.
—Alex Kramer… Bueno no es la primera vez que vienes, pero nunca te vi tan mal ¿Con quién peleaste esta vez? ¿Con un oso? —Cuestiono con una sonrisa, haciendo alusión a los arañazos en la espalda y al problema en la extremidad.
—Me enfrente a una loca, la mujer más violenta con la que he luchado —Hablo el búho oscuro, con gran confianza hacia la dama.
—Hm, pues te recomiendo que para la próxima salgas con chicas más relajadas, tu sistema inmunológico es sorprendente, no te infectaste para nada y tus heridas sanan muy bien —Explico con una mirada curiosa —Sin embargo, si sigues tentando de esa forma a la suerte acabaras muriendo —Declaro con seriedad.
—Lamentamos las molestias, siempre nos recibe de esta forma —Bajo la cabeza el azabache —Gracias por estar siempre que la necesitamos y por no pedirnos explicaciones
—Los conozco desde que eran adolescentes, siempre se han metido en problemas más allá de sus capacidades —Suspiro recordándolos más pequeños —Este es un mundo jodido, no les hare las cosas más difíciles, es solo que me gustaría que la próxima vez que nos veamos fuera para comer y conversar muchachos —Sugirió con una sonrisa, sentándose en la silla frente al escritorio y generando las ordenes medicas a través de su dispositivo táctil.
—Lo haremos, le prometo que nos veremos en circunstancias más calmadas —Sonrió Natasha haciendo el símbolo de la paz.
—Contigo también quería hablar señorita, tienes que bajarle al consumo de marihuana, no te está cayendo bien —Regaño a la pelirroja.
—Pero… ¡Usted fue quien me la mando! —Exclamo molesta.
—Lo hice con la finalidad de bajar tu estrés y controlar los ataques de pánico, pero te has excedido de las dosis que te recomendé —Apunto con su mirada.
— ¿¡Y como sabe usted eso!? —Cuestiono irritada.
—Me lo acabas de confirmar tesoro —Burlo con una risa, causando que la joven se quedara en shock y asintiera con la cabeza.
—Muy bien… Consumiré menos —Protesto cruzándose de brazos.
—Parece que te atraparon sis —Murió de la risa Dante, sobándole el hombro a la chica.
— ¡Y tú! —Apunto detalladamente, arrojándole una esfera de papel —Vi lo que te salió en la boca, será mejor que no andes metiendo tu lengua en lugares cochinos —Dijo con un tono de cierto asco.
— ¡Oiga! ¡Eso era privado! —Se ofendió el informático, escuchando como sus familiares se reían.
—Por andar lamiendo v*****s sucias —Carcajeo con fuerza Natasha.
—Ya basta carajo, dejen de hacerme reír que me duele todo —Protesto el búho oscuro.
—Les dejare indicaciones a todos con respecto a lo que se tendrán que tomar, más les vale seguirlas al pie de la letra y no olviden su promesa, si me llaman que sea porque nos divertiremos —Alego feliz, firmando los récipes médicos.
Sin embargo, pese al ambiente sereno, los Kramer sabían que algo no estaba bien, pues su hermano seguía estando distante, como si todavía estuviera ejecutando la misión. Debido a la presencia de la doctora, no pudieron cuestionarle sobre los acontecimientos vividos en aquella habitación de hotel y el desenlace de dicha encomienda.
Alex por su parte veía para el techo con un profundo vacío, el dolor de su pecho era mayor que el de sus huesos, se sentían tan mal por causarle daño a esa mujer y ni siquiera entendía bien el porqué, se suponía que esta señorita le quito la vida a muchísimas personas ¿Cómo sentir clemencia por alguien así? Bueno ¿Quién era el para juzgarla? ¿Acaso no tenían familia los hombres a los que mato? ¿Qué destino podría esperarles a esos inocentes que se quedaron sin un sustento? Jamás se cuestionó tanto las cosas como ahora y es que en el fondo sentía que no eran tan diferentes, los dos luchaban en pos de su propia supervivencia, una dentro de la compañía y el otro desde el anonimato, con pensamientos ahogados volvió a quedarse profundamente dormido, esta vez, con la intención de relajarse.