Celebrando la Renuncia

1327 Words
La muchacha lo tomo de la mano y lo llevo hasta una silla, podía parecer alguien dulce y tierna, quizás lo era, pero cuando la pasión la abordaba, esto era dejado atrás, la mujer coloco un cojín en el suelo para no lastimar sus piernas y se arrodillo frente a su pareja, toda la situación no fue ignorada por el gato n***o, quien tenía su m*****o muy empalmado. —Parece que ya estás listo… —Susurro desabotonando, bajando el cierre y el pantalón de su chico. —Oh Ayami… —Musito Tomas acariciándole el cabello, con ojos profundos de deseo. —Ahora —Tomo el pene con sutileza entre su mano —Cuéntame mas sobre ese búho oscuro —Burlo dando varias lamidas a la cabeza. —Yo… El… Es que… —Cualquier intento de decir algo era inútil, su novia paso de besos y lamidas, se introdujo el órgano reproductor dentro de su boca. La intensidad de la felación era indiscutible, el sonido vulgar de la saliva y la lengua lo excitaba aún más, su cabello corto era sin duda una ventaja en esa situación, pues no entorpecía en absoluto la acción. Frenéticamente la mujer movía su cara, era incapaz de introducirlo completo o le llegaría a la tráquea, pero esto no impedía que hiciera delirar a su novio de placer. —Que ocurre… ¿Te comió la lengua el gato? —Molesto sacándolo de sus fauces y haciéndole cariños a la cabeza. —Mírame mientras lo haces… —Solo dijo con un tono dominante, colocando ambas manos en su cara e incitándola a seguir. La frecuencia aumento, esta vez ayudada por el ímpetu de Hutson, la v****a de la dama comenzó a mojarse, no solo le emocionaba hacerlo, le gustaba la actitud de su amado, los sentimientos que compartían eran románticos y hermosos, pero ahora mismo eran ardientemente pasionales, se sentía algo apenada, aunque no lo suficientemente como para detenerse ante el placer que sentía. Así que comenzó a tocarse abajo, para apagar un poco el calor de su sexo. —No puedo aguantar más… Quiero tenerte Ayami —Declaro con la respiración agitada, deteniendo la felación. —Pero, primero debes alegrarla Tomas, de lo contrario no entrara —Advirtió jadeante. —Desde luego —Acepto como un caballero, tomándola con fuerza y cargándola hasta la cama.     Al ponerla sobre ella, el hombre no perdió el tiempo, le retiro su short y fue bajando lentamente hasta sus piernas, besando cada parte de su piel, la señorita estaba excitada, quería que llegara de una vez, pero no detendría su romanticismo. Una vez estuvo en el sitio, el chico comenzó su trabajo, lamio directamente en el punto más crítico haciendo que la joven gritara. — ¡Espera! Más suave… —Exclamo cerrando sus muslos y levantando la cara. —Con cuidado ¿Quieres asfixiarme? Aunque no sería una mala forma de morir —Burlo orgulloso, continuando con la acción, pero esta vez, centrándose en los labios y las zonas aledañas a la entrada. De esta forma, la hembra fue bajando la guardia, su respiración comenzó a ser medida y se intensifico poco a poco, cuando Tomas llego de nuevo al clítoris, los gemidos empezaron, al mismo ritmo que sus ojos viraron, al principio fue todo tranquilo y relajante, pero conforme esta se acercaba al clímax la agitación se notaba, no sabía dónde poner las manos o como sentirse más cómoda, era desesperante y excitante, una tormenta hormonal. Los pensamientos del chico por el contrario eran muy centrados, hacer que su amada llegara al orgasmo. Tras la continua insistencia este acabo llegando, el líquido broto de la v****a como un sereno rio, llenando la sabana del mojado contenido, Hutson se sentía triunfante y Ayami como una nube en el firmamento, libre de cualquier peso o preocupación, producto de los químicos que su cerebro soltó en la cumbre del deseo y la pasión. —Tardaste muy poco —Bromeo Tomas acercándose a una toalla y limpiándose la cara. —Es… Tu culpa… —Hablo con dificultades retorciéndose en el lecho. — ¿Mi culpa? Si eso supongo —Sonrió aproximándose a ella, sujetando su m*****o viril. —Tómame gato n***o… ¿Qué estas esperando? —Cuestiono la dulce dama con ojos picaros e idos, intentando abrir sus piernas. El chico no dijo nada, solo acato la orden de su pareja, la ayudo a abrirse y coloco más saliva sobre su pene, haciendo lo posible para conseguir mayor lubricación, tras colocarlo en la entrada este fue meciéndose de un lado a otro, abrazado por las piernas de su amada, quien recobraba el control en si misma. El dolor se presentó por un momento, pues el grosor era problemático, sin embargo y gracias a los líquidos, finalmente se deslizo por el canal. —Oh, que masoquista soy —Admitió con vergüenza la asiática, disfrutando de cada centímetro del pene de su chico. —Eres mi gata mala y masoquista —Acoto Hutson, sintiendo como la v****a se contraía, casi succionándolo. El deleite fue supremo para ambos, la danza que sus cuerpos realizaba era un espectáculo hermoso y privado, compartían un momento de absoluto gusto, aderezado con los nuevos aires de libertad y la sensación de que su relación finalmente se podría consolidar, para aquellos amantes no hacía falta una boda o contrato, ya estaban más que casados tras tantos años de compartir el lecho y lo mejor, es que en ningún momento se volvió monótono o repetitivo, pues el sexo con amor es más que un simple movimiento, es un éxtasis de dos cuerpos que se encuentran en la gloria. No sabían si era por la noticia tan positiva, por los días sin hacerlo o por el simple hecho de estar más motivados que de costumbre, pero aquello se sentía como la velada más grandiosa de la historia, no había palabras, solo gemidos y respiraciones forzadas, el latido de sus corazones y la fricción de sus pieles. Solo pudieron sentir que se acercaba el clímax por el descontrol que los abordo y por su propio delirio interno. Tomas eyaculo en el interior del vientre de Ayami, cuando la mujer lo sintió ya había acabado, si bien la sincronía entre ambos no fue perfecta, el sentimiento de gozo sí que lo fue, sobre todo porque aun tras acabar, el varón seguía emocionado, la agarraba fuertemente de las piernas, mientras la última gota se derramaba en su matriz. —Quiero más… —Aseguro Hutson con su cabello desarreglado. —Tomas por dios… Me vas a dejar adolorida —Regaño con cierto ardor, pero con un deseo de continuar. —Voltéate, quiero seguir —Ordeno con más carácter, excitando a su amada. —De acuerdo prime trece, usted manda —Acepto con una sonrisa, colocándose boca abajo sobre la cama —Si Tantalus no te hubiese esterilizado, ya habrían gatitos por allí —Carcajeo en lo que su novio se acomodaba. —Nunca fui promiscuo como otros, pero ahora sí que lo agradezco —Dijo acariciando el cuerpo de la asiática, maravillándose con sus hermosos senos y glúteos.  Al estar relajados y tras volverse a empalmar por completo, el acto continuo, fiero y pasional, un poco caótico, esta vez Tomas paso sus manos por todas partes, al mismo tiempo que la penetraba con locura, se aferraba de cualquier lugar, de sus brazos, de sus caderas, de sus nalgas, su piel blanca lo enloquecía y su suavidad le encantaba, quizás si tenían razón, quizás ese disfrute lo convirtió en otra persona, sin embargo, hacía falta más que sexo para cambiar a un hombre, de no haberse enamorado, todo seguiría igual. El calor, sudor y alaridos lleno las profundidades de la oscuridad nocturna, estos encantadores amantes continuaron hasta quedar completamente saciados y cansados, sus mentes se borraron ante el instinto de sus cuerpos y finalmente cayeron presas del sueño, tras entregarse a Afrodita, reposaron en Morfeo, con un gusto y anheló comparable al de los cielos.  
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