Cap. 16- Descubriendo la felicidad.
Me acerqué de forma tímida y le pregunté – Hola, ¿quién eres tú?, [agarrando el dobladillo del buzo oversizer], perdón por las molestias, te prometo que te lo compensaré.
Se acercó a ella, la levantó como sino pesara y la colocó sobre la encimera de la cocina. Mirandola a los ojos le dijo – Bonita, no tengas miedo soy Vladímir. No tienes nada que compensar, no fue ninguna molestia traerte aquí- Le dijo mientras untaba una tostada con mermelada de arándanos.
Luna preguntó que había pasado esa noche, se sentía tan avergonzada. El burlándose le contestó - no te preocupes, por mi parte mantuve tu pureza- [guiñando un ojo].
Ella estaba sorprendida por lo irreverente de este joven, como se atrevía hablarle con tal confianza si no la conocía. Él sonrió y dijo -solo estoy jugando, te vez muy tensa, está bien prometo que me portaré bien, pero quiero verte sonreír-. Sinceramente tiene un aura tan calmada y relajada que me hace sentir tan cómoda. – bueno, en realidad, no tengo mucho para contarte, salí a correr bajo la luz de la luna, y estabas en el borde de aquel lago congelado, colapsada, como no encontré a nadie a tu alrededor decidí traerte a la cabaña en la que me estoy hospedando. Bueno ahora dime tú - ¿Cómo te llamas? ¿Por qué estabas sola en él bosque?
Con la cabeza baja le contestó; soy Luna, de la manada “Claro de Luna”. Me enojé con mi padre, y bueno, hice algo indebido, estúpido. Creo igual que al regresar perderé mi libertad o seré expulsada de la manada.
[Chasqueando la lengua] – MMM... ¡¡¡ERES UNA CHICA MALA, ME ENCANTAAAA!!!, tengo 5 días más de vacaciones en este paraíso antes de que me obliguen a volver a trabajar mis padres, ¿te gustaría quedarte estos días aquí? Piénsalo, y de paso pones tu cabeza en orden, pero lo único que exijo es que me cocines y limpies la casa, es algo que no se me da nada bien eso de ser ordenado y cosas así.
Estaba nerviosa y asustada, pero asentí con la cabeza.
Vladímir gritó: - ¡¡¡UNA CHICA SEXY ME VA A CUIDAR, CUMPLIII EL SUEÑOOOO!!!!
Luna pensó, esté hombre está loco, pero me cae tan bien, sería tan lindo que Alejandro me hubiera tratado alguna vez de esta manera, mientras recordaba sus pocos momentos juntos.
La rutina de estos días era simple, él se encargaba de hacer senderismo y turismo, mientras yo, como una terrible ama de casa, quemaba la comida y en la limpieza era igual, lo importante era que Vladimir no tenía papilas gustativas y comía todo sin quejarse. Sinceramente, en este poco tiempo me sentí tan feliz, no puedo entender que tipo de relación es la nuestra, pero no quiero arruinarla “ME SIENTO FELIZ”.
Pero claro, la felicidad no es algo de lo que yo sea digna de merecer.
Al cuarto día Vladimir salió como todas sus mañanas, me encontraba sola en la casa, mi loba seguía en su letargo lo que me volvía prácticamente humana. Entonces escuché ruidos, ruidos como de autos fuera de la casa, me asomé a la ventana y del miedo solté todo lo que tenia en las manos, porque de aquellos autos bajaba mi padre con su equipo de Sigmas. Temblé, lo único que pude hacer fue intentar escabullirme por la puerta trasera, enceguecida corrí hacia el bosque, deseaba que Vladímir me proteja, pero ambiguamente sabía que lo podrían dañar y eso no lo permitiría, en solo pocos días, este hombre desconocido fue más amable que muchos de mi propia manada.