Mickey se levantó con los ojos tan abiertos que parecía que se les iban a salir. Comenzó a correr mientras que el auto le seguía hasta que lo arrolló. Cayendo a un lado de la carretera. Me bajé del coche corriendo hacia donde se encontraba mi amigo.
—¡Mickey, Mickey!—grité, hasta llegar a él. Me postré a su lado, colocando su cabeza en mi pierna. Él se quejó, tenía sangre en su boca, nariz y algunos raspones en sus manos y frente.
El auto regresó.
El miedo nos invadió, sin embargo, ya no podíamos hacer nada, solo esperar que el sujeto que conduzca la camioneta quiera matarnos. Por un instante, percibí que todo a nuestro alrededor se detenía, parecía estar en cámara lenta, a tal punto que podía escuchar mis propios latidos del corazón. No obstante, el auto n***o se detuvo, los vidrios eran tan oscuros que no podíamos ver quién lo conducía. Mierda, por un momento pensé que se bajaría, más no lo hizo, bajó un poco la ventana dejándonos ver unos guantes blancos que sostenían algo, luego, lo dejó caer. Asimismo, se marchó a toda velocidad.
Mickey soltó un suspiro, hice lo mismo, era increíble que todo esto estuviera pasando.
—¿Puedes caminar?—consulto. Él asiente —.¡Espera!—lo dejo en el suelo con la intensión de mirar lo que el sujeto había lanzado desde la ventana. Me acerco hasta visualizar el objeto: Es un teléfono. No cualquier teléfono, era el que Sasha me había dado, lo reconocí de inmediato por un stiker en la parte trasera del equipo. Lo tomé, y lo volví a estrellar contra el suelo. Estaba muy claro todo, el sujeto que había atacado a Mickey era Jhonny sin duda alguna.
—¿Esta todo bien?—pregunta Mickey. Asiento, más mi cara demuestra otra cosa. Camino directo al chico, le ayudo a levantarse para introducirlo en el auto, en el asiento copiloto, no puede conducir así que me tocara hacerlo.
—¡Te llevaré al hospital!—arranco el automóvil.
—¡No, al hospital no por favor!—dice.
—¿Por que no?
—No quiero que llamen a mi madre y ella se preocupe. Llévame a Swinger.
—¿A tu trabajo?
—Si, tengo un amigo que me ayudará.
—No me parece buena idea Mickey, es mejor que un médico te revise.
—No, solo llévame al club por favor— suelta un quejido.
Asiento.
—¡Mickey!—digo—. El dia que le dispararon a Dante, yo... ¿me encontraba con él en el bosque?
—No, estabas en la fuente, esperándolo ¿Por qué?—fue como un flashback que vino a mi mente.
《La fuente, Dante a punto de besarme, ¿alguien nos observa?, El disparo, y Mickey corriendo hacia el bosque 》nunca segui a mi marido, siempre lo esperé en esa fuente.
—Por nada.
—¿Fue él verdad?—resoplo. El me mira sabiendo la respuesta.
—Si. Por eso tengo tanto miedo en denunciarlo.Es un psicópata, podría cumplir sus amenazas—Mickey asiente, no dice nada, se dedica a mirar el herbaje por la ventana.
No estoy convencida de que su petición sea una buena idea, no obstante, obedezco, y lo termino dejando en el club donde anteriormente fui violada. Un muchacho se lleva a Mickey y me asegura que esté se encontrará bien. Le digo que dejaré el auto en un parqueadero, la cual, asiente de inmediato retirándose a una habitación. Estando en el club los recuerdos me invaden , puedo ver a Jhonny burlándose, riéndose por haber cumplido su objetivo. Claramente, mi mente visualiza las fotos que encontré ese día, sus amenazas, todo... solo quiero olvidar, más no puedo hacerlo, creo que Mickey tiene razón, mientras me guarde lo que me ha hecho daño, no dejará de herirme.
Inmediatamente salgo de ese club, lo detesto, lo odio, no podía quedarme ni un minuto más. Camino por el andén; ciertamente, Jhonny me vigila, sabe en donde estoy y a donde voy, esta en todo lugar. Parece estar haciendo el papel de Dios: omnisciente, omnipresente, omnipotente. Se divierte al saber que tiene mi vida en sus manos, a sentirse mi Salvador por haberme librado de un camión cuando nos conocimos. Su gloria es verme sufrir, su resplandor es tenerme a su merced, pero no lo haría, no rendiría mi voluntad a él.
El p**o de un carro suena. Pego un respingo, estaba tan concentrada en mis pensamiento que no diviso cuando el auto de Alexa se acerca.
—¿Estas bien?—inquirio ella. Asiento—. ¡Sube!
Con determinación me embuto en el auto. Alexa arranca, lleva el cabello suelto alborotado, y unos pantalones del mismo color de su pelo. Su camisa blanca le resalta el collar de perlas rojas que adornan su cuello haciendo juego con una pulsera de bolas.
—¿De donde venías?—consultó, mirandomende vez en cuando.
—Del club Swingen.
—¿Y eso?—arruga sus cejas.
—Mickey me pidió que lo trajera a su trabajo—Alexa parecía confundida —. Digo, como Dante despertó, nos encontramos en el hospital.
—Ya.
—Es un chico lindo—ahora soy yo la que frunci el ceño.
—¿¡Que!?
—Mickey, es un chico simpático. Deberías de presentarmelo.
—¡¿Doble que?!
—Ambos estamos solteros, pudiéramos tal vez, no se, salir algún día.
—¿Te gusta Mickey?
Alexa sonríe.
—Solo dije que es lindo. ¿A ti no te parece lindo?
Vacilo al responder por recordar su beso en el pozo de los deseos. La sensaciones de sus labios aún persisten en los míos. Sacudo la cabeza, Mickey es solo mi amigo.
—Si, es lindo.
—¿Te llevo al hospital o a tu casa?
—A casa por favor —asiente
—Maya, debo decirte algo...
—Aja..
—Mi madre me cayó a preguntas y le dije toda la verdad. Ella cree que tienes algo que ver con lo que le sucedió a Dante, sin embargo, no hay ninguna prueba que te incrimine. De hecho, todas las pruebas que el detective Smith tenía en tu contra: desaparecieron, la única esperanza era que Dante pudiera declarar en tu contra, pero no lo hizo porque no lo recuerda.
—No ataque a Dante, recuerdo todo a la perfección—alego —.¿Como que las pruebas del detective Smith desaparecieron?
La pelirroja se encoge de hombros.
—No hay nada sobre ti. No sé, me parece que el detective Smith descubrió algo más, y ese algo lo llevó a la muerte.
—¿Crees que lo asesinaron Alexa? ¿eso me estás diciendo?
—No lo sé. Su s******o no me convence. Ese día que hablamos con él, estaba bien. No sé, nada cuadra, nada encaja. Hay algo mal en todo este asunto.
—¿Que crees que haya sucedido?
—Creo que alguien lo asesinó y fingió un s******o. Aunque no tengo que negar que el detective Smith, según mi madre, era adicto al alcohol, su esposa murió, y su hija también, era un hombre bastante deprimido. Pero no se... tengo mis dudas al igual que mamá.
—¿La detective Reaga piensa que no se suicidó?
—Cree. Aunque los hecho direccionan al s******o. También piensa que todo está conectado contigo Maya.
—¿Conmigo?
—Si.
—¿Por que?
—Aún no lo sabe. Bueno, creo que deberíamos guiarnos por los hechos, al fin y a cabo: caras vemos, demonios internos no sabemos.
Asiento
—Aah, importante decirte—sonrie, presiento que es una buena noticia —.Jhonny Stank ya no está dando clase en la universidad. Así que... puedes regresar cuando quieras. Mira que los profesores han preguntado por ti, y le he dicho que has estado ocupada ya que tu esposo ha despertado. ¡Por las mil barbas! ¡ lo han creído.
—¡Gracias Alexa!—bufé —.Quiero pedirte un favor
—Mientras no sea dinero...
Me rio entre dientes.
—No, es sobre el profesor Stank. Necesito que me investigues todo sobre él, donde nació, familiares, absolutamente todo.
—Okey tía, ¿ por qué?
—No puedo explicarlo ahora Alexa, pero te prometo que te lo explicaré. Solo necesito ese favor.
—Es un favor enorme. Me tomará tiempo. ¿Es por el acoso que te tenía en la universidad?
—Por eso, y por otras cosas más...
—Bien, pero me tardaré en conseguirte todo. Mi madre es muy estricta con mi ingreso en la oficina. Tendría que hacerlo cuando no esté en casa.
—Bien, esperaré tu información—Alexa se estaciona frente a mi casa, abro la puerta para bajarme.
—Oye, ¿segura estás bien?
Asiento.
—¿Te llamo por si consigo información?
—No, no tengo teléfono, se me rompió. Fue un accidente. Iré a la universidad y allí nos intercambiaremos información.
—Okey.
—Gracias Alexa. Es un gran favor. Te prometo que te presentaré a Mickey —ella sonrie.
—Vale —arranca. Respiro hondo, ya está anocheciendo. Entro a mi casa, quiero dormir, quiero comer.
—¡Finalmente te dignas a llegar a tu casa!—exclama mi madre, su tono es áspero, sus facciones sombrías.
—¡Estoy bien!—respondo, no tengo intención de discutir con ella, ni de escuchar sus cantaletas.
—¿Donde estuviste todo el día?
No respondo.
—Maya Santana. ¿Estabas con ese chico? ¿el amigo de Dante?
Me paralizo. Le hago frente a su reclamo.
—Si, estaba con él.
—¡¿Que mierda has dicho?!—vocifera. Nunca la había escuchando diciendo palabrotas.
—Solo salimos a caminar..
—¿A caminar mientras tu esposo está en el hospita? ¿son amantes?
—¡Que! ¿Que estás diciendo?
—Eso es lo que todos van a pensar.
—No, no somos amantes.
—¿Entonces, por qué no apoyas a tu marido o te quedas con él, es lo que hace una esposa?
Me echo a reír.
—¿Esposa? todo esto es un chiste mamá. Me vendieron a Dante solo para salvarse el culo.
Mi madre pela los ojos —. ¿Que estás hablando?
—¿Que estoy hablando? decidieron por mi, me mintieron. No hubo ningún contrato con Dante Salvatore, me casaron con él porque estamos en quiebra.
Ella se me queda mirando con el ceño fruncido, esta pálida.
—No, no estamos en quiebra.
—Si lo estamos mamá. Papá hizo un gran depósito a personas desconocidas, incluyendo, los ahorros. El detective Smith me lo dijo.
—No, no. Deja de estar poniendo mal a tu padre. No te da vergüenza Maya, inventar cosas porque solo te estoy reclamando tu comportamiento tan insensato.
—No estoy poniendo en mal a mi padre. ¡Es la verdad!. No tenemos ni un peso. Su solución fue convencerme de que me casara con alguien que casi no conozco para salvar su pellejo.
—No, no es cierto...—negó, ella estaba en negación.
—¡Si lo es!. Papá nos ha manipulado a su conveniencia madre. ¡Pregúntale!. Además,. yo...
—¿¡Yo que!?...—grita histerica.
—Nada... Mi padre nos ha mentido, lo que te digo es verdad.
—No lo es...
—Madre... estas tan ciega que no te deja ver.
—Le preguntaremos a tu padre y verás que mientes Maya. Cuando tu padre te aclare todo. Te irás de esta casa, te irás a vivir con tu marido.
—Me iré si miento madre. Pero sé que no lo estoy haciendo. Has estado tan ciega todos estos años que no te has dado cuenta que nuestro padre nos ha manipulado de tal forma que hemos hecho todo por él, pero él no ha hecho nada por nosotras.
Mi madre me miró en lágrimas. Su maquillaje estaba corrido. Me tomo de la mano conduciendome a la habitación donde reposaba mi padre. La entendía, fueron años que ella le había entregado a él. No sólo se dedicó a ser esposa, y madre si no que le entregó todo: Amor, cariño, confianza.
Era decisivo el momento. Mi padre negaría todo para salvar su culo, o diría la verdad.
¿Que haría?
☆☆☆☆☆☆☆
Pequeña nota: Los leo.