《No recuerdo nada》dijo él. A mis oídos fue como un ruido sórdido que no queria escuchar. Toda la idea que mi mente había armado se quebró en mil pedazos. Sin darme cuenta ya estaba sollozando, conteniendo las lágrimas y la decepción que estaba experimentando. Mi madre me apretó mis hombros con fuerza, era una muestra indudable de consolación, una forma de decir: Todo está bien hija, cuando las cosas en realidad tomaban un color más oscuro.
Salí de la habitación, necesitaba un respiro, tal vez llorar por mis desgracias. Caminé por los largos pasillos en busca de la salida a mi problema, no obstante, mientras más caminaba el pasillo se volvía más inalcanzable, la visión más nublada, y la angustia más arraigada. Las lágrimas estaban por toda mi cara, no quería hacer nada, solo llorar.
—¡Maya!—sentí unas manos frías que jaló mi brazo.
—¡Mickey!—balbuceo, envuelta en una tristeza profunda. Mickey lo percibe, sabe que es andar en la oscuridad. Me abraza, todo de él es frío. Desprende un olor a jabón, en realidad, huele muy bien, su ropa es una mezcla de colonia con suavizante de bebé.
—¡Todo está bien!—dice, entrelazando sus dedos entre mi cabello.
—¡Nada esta bien Mickey! absolutamente nada —sollozo, me separo con abrupte de él aún llorando. Se me acerca con mucha cautela, y siento sus dedos helados secar las lágrimas de mi rostro con cuidado. Sus ojos están iluminados, brillantes, su boca y nariz roja como la de un payaso.
—¡Vamos!, te llevaré a un lugar que te hará sentir mejor—me toma de la mano, le sigo un poco desalentada, asimismo, nos subimos al auto la cual arranca rechinando las ruedas.
—¿A donde vamos?—pregunto mirando por la ventana.
—Al lugar de nunca jamás —sonríe con ternura, nunca lo había visto sonreír de esa manera. Se da cuenta de que lo miro con fijación, se ruboriza, leves destellos rojos se tiñen en sus mejillas que lo hace ver como un tomate. Centra su vista en la carretera, aunque notó que sigue mirándome de reojos, sin embargo, fingo demencia y continuó con mi vista en la carretera. El aire puro, fresco golpea mi cara con rudeza, me gusta la sensación de que mi cabello vuele, mi flequillo sea todo un desastre y que el viento me libere de las lágrimas.
Bienvenido a Mila
Veo el cartel, hemos salido de Camboya.
—¿Vamos a llegar?—consulto.
—Si—dobla, sigue derecho, cruza a la izquierda y se estaciona. Se baja del auto. Observo con desconfianza el lugar. Hay barro por todo el suelo, un bosque con ramas secas y sin vida que parece que un asesino con moto sierra saldrá de allí en cualquier momento.
《Valle de la muerte》dice un letrero con una letra que parece más garabatos.
—¡Vamos!—quiere introducirse en el valle de la muerte, es terrible. Sigo con desconfianza
—Mickey, esto pareciera que en cualquier momento puede salir un Jason o un tipo con la moto sierra. ¡Es espantoso!
—Las apariencias engañan Maya. Tal vez lo que se percibe como espantoso por fuera, puede ser un paraíso de paz por dentro— nuestras miradas se cruza, sigo mirando lo tenebroso del lugar, y la mirada dulzona de Mickey que con los rayos de sol su iris se tornó en un marrón claro. Diviso su mano que me extiende —. ¿Confias en mi?
Vacilo por un momento.
—Me asusta confiar en ti Mickey—Él sonríe, no retira su mano.
—No dejaré que nada te haga daño—le tomo la mano, ahora está cálida, sudorosa. Me introduce en el bosque, diviso lodo, fango, ramas secas, un lugar sin vida que representa sin duda la muerte, el desaliento, y la depresión, tal vez por eso Mickey se identifico con este perímetro.
—¡Cierra los ojos!—dudo.
—¡Mickey!...
—¡Es una sorpresa!—obedezco. Me toma de las dos manos, siento que guia mis pasos con cuidado para no tropezar.
—¡Abre los ojos!—los abro con lentitud, y me asombro al ver una laguna cristalina, un césped verde y muchos árboles altos, frondosos.
—¡Es fantástico Mickey!—observo todo a mi alrededor. Es quietud total. El lago tiene algunas flores, aprecio algunas tortugas pequeñas nadando, peces de diferentes colores.
—Se llama el pozo de los deseos—menciona con la vista en el lago. Suelta un suspiro —. Cuenta una leyenda que en este pozo es mágico, "así dicen" y yo lo creo. Dicen que cuando le ofreces algo valioso, te cumple un deseo. Y créeme, es efectivo.
—¿Que deseo pediste?—él me dio un vistazo sentándose en la grama. Me incorporé a su lado.
—Pedí que me ayudara a encontrarme a mi mismo. A perdonarme por lo que le hice a mi hermana. A reconciliarme con la vida y a tener la paz de mi lado.
—¿Funcionó?
—Si. Aunque nunca olvidaré a Pamela—diviso que Mickey tiene los ojos humedecidos, fijos en el lago, por más que tuviera paz interior, su hermana no dejaba de dolerle.
—¿Que le ocurrió a tu hermana?—me atrevi a preguntar. Él me miró.
—Derex la mató.
—¿El hermano de Dante?
—Medio hermano.
—¿Por qué la mató?
—Se enamoró de ella. Ese amor la condenó para siempre—resopló —. Pamela era mi hermana mayor, teníamos cinco años de diferencia. Ella era especial. Alborotada, risueña, quería ser actriz. Su pelo rojo largo, sus pecas, sus ojos eran café claro como los míos—sonrío con dolor, como si la estuviera viendo—. Derex en ese tiempo tenía 16 años, al igual que yo. Dante se había ido a suiza solo compartía con nosotros en verano. Y todo pasó al culminar el verano. Fue un 5 de julio cuando Pamela decidió colocar una orden de alejamiento contra Derex Salvatore. Anteriormente, la seguía, le enviaba cartas de amor que poco a poco se volvieron amenazantes. No era un secreto que Pamela se involucraba con algunos chicos de la escuela, de hecho, una vez la había pillado follando cuando mamá no estaba. ¡Eso lo enfureció!. Pamela días antes me había contado que se veía con un hombre mayor que ella, la cual le advertir rápidamente, sin embargo, parecía estar muy ilusionada con ese sujeto que nunca supe quién era. Ese día, después de salir de la comisaría, se reunión con él, ¡tardó demasiado! lo que hizo que llegara tarde. Ese maldito día yo...—se le quebró la voz—. Me había drogado, estaba comenzando a incursionar en el mundo de las drogas, de hecho, Derex me las conseguía. Fue en nuestra propia casa cuando la atacó, la violó y le dio 25 apuñaladas en todos lados. Traté de defenderla, sin embargo, estaba lo suficientemente drogado como para discernir entre la realidad. Más defendí a Pamela, y recibí una apuñalada en el estómago, luego, me golpeé la cabeza y quedé tendido junto a ella —rompió en llanto—. Lo demás fue un infierno. Me arrestaron, me hicieron exámen de drogas lo cual comprobaba que si había consumido. Pero Derex había dejado semen dentro de ella, donde comprobaron la violación y el asesinato. Allí terminó todo, porque a Derex lo declararon con trastorno obsesivo compulsivo y fue llevado a un psiquiátrico donde murió. No obstante, para mí nada terminó, en ese momento entre en depresión tanto que intente suicidarme, ese instante, mi madre decidió internarnarme por un tiempo, hasta que fui progresando, mejorando, superando el infierno. Este lugar me lo mostró mi psicóloga, me dijo que cada vez que me sintiera débil, o la depresión toque a mi puerta, buscará la paz y la serenidad que propicia este lugar. Por eso te lo mostré Maya, sé que estás pasando por un momento difícil, como Pamela, como yo. Este es tú escape, tu zona de respiro, un pequeño paraíso donde sólo existe paz.
Las lágrimas salieron súbitamente.
—Mickey, lo siento.
—No, ya salí de ese infierno, ahora, te toca a ti. La depresión no es tu amiga, es tu enemiga Maya, te destruye hasta que te lleva al matarte. No es bonito estar triste todo el tiempo, es mejor tener paz interior.
—Quiero paz en mi cabeza, pero no puedo. No he salido de un problema cuando ya estoy enredada en otro, no puedo respirar Mickey, ¡ya no puedo más!
—Entonces... respira conmigo Maya—lo miré con confusión—. Respira despacio. Lento. Sin miedo. Confronta a los que tienes que confrontar, denuncia a lo que debes denunciar, no te guarde nada que pueda dañar tu alma.
—Pero Jhonny...
—No permitas que Jhonny se salga con la suya. No permitas que Jhonny dañe a más niñas como tú. No permitas tenerle miedo a la verdad.
—¿Como afrontante la verdad?
—Reconociendo mi realidad, y que mil veces mejor es la verdad, que una mentira.
—¡Estoy confundida Mickey! tengo muchas cosas en mi mente. Mi padre me casó con Dante porque estamos en quiebra, no se si existió contrato o no.
—Lo sé. Sé que están en quiebra, Dante me lo contó en el matrimonio. Nunca hubo contrato Maya. Dante se enamoró de ti—abrí mis ojos como plato.
—¿Que sabes de eso Mickey? Cuentamelo por favor—suplico con desespero.
—No, no es mi deber contarte eso. Deberías preguntárselo a tu padre.
—¿Mi padre?
—Maya, Dante me dijo muchas cosas que tú mereces saber, incluyendo a una persona que lo amenazaba si se casaba contigo, sin embargo, Dante se arriesgó y descubrió a su acosador.
—¡Es Jhonny Stank! me lo dijo, me vigila, siempre está vigilandome.
—No se que conexión tiene Jhonny Stank con Dante y contigo. Pero no dejaremos que se salga con la suya —me tomó de la mano, me estremeci por completo.
—Maya, tienes una cantidad de personas que te quieren, te apoyan y te aman por como eres: Sasha, Dante, tu madre, y... y...
—¿Como soy?—Mickey tragó grueso.
—Eres una niña muy linda, dulce —se lamió los labios—.No se, eso me contó Dante.
Por un momento nos miramos a los ojos. No era incomodo, pero si raro. Mickey se estaba acercando, sus manos se helaron de repente. Mi corazón se agitó demasiado, sentía desfallecer a ver que se aproximaba a mi rostro.
Senti su respiración acelerada, y luego un ligero beso en mis labios. Cerré los ojos. Asimismo, despegó su boca de la mía con lentitud, como si disfrutara de una acción que no volvería a repetir.
Susurré su nombre aún con los ojos cerrados.
—¡Lo siento!—dijo. Escuché el palpitar de su corazón.
—Mickey esto no debió...
—Lo sé, no debió pasar. No volverá a ocurrir, ¡te lo prometo!
Bajé la cabeza, ahora el momento sí era incomodo.
—Olvidemos lo último. ¿Te parece?
—Si claro, ya está olvidado.
Escuchamos ruido...
Corneta...
El auto...
Mickey corrió hacia el coche, le seguí.
El auto tenía todas las puertas y la cajuela abierta. Mickey miró a todos lados. Ya el auto no estaba pitando.
—¡Tenemos que irnos!—asiento. Subo al auto, tengo la sensación de que algo anda mal. Mickey intenta encender el auto, este no prende.
—¡Mickey! ¿qué pasa?
—No enciende...
Mickey se bajó del auto.
—¡Mickey! ¡Mickey!—llamé
Abrió la parte delantera del coche, luego, cerró. Justo cuando se subía, una camioneta negra paso a toda prisa muy pegado a nosotros. Mickey la esquivó y cayó al lodo.
—Mikey, ¿estás bien?—grito asustada.
Él se levanta —.¡Hijo de puta!—grita.
Desde mi puesto de copiloto, veo el auto devolverse. ¡Ya está demasiado cerca!.
—¡Mickey corre!
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Pequeña nota: Leo sus comentarios. ¿Que pasará?