La noche para Ijov había sido un verdadero tormento, se levantó temprano pues no había podido dormir bien. Cada vez que cerraba sus ojos soñaba con el cuerpo desnudo de Ishla sobre la cama del hotel. Se sintió como un puberto cuando sintió la viscosidad en sus pantalones chándal. Eso no era de Dios, él a sus 35 años no podía estar mojando los pantalones de esa manera. Entró al baño para quitar todo exceso que evidenciaba la terrible noche que había tenido, entre la botella de whisky que bajo con Lorenzo y sus sueños húmedos, estaba hecho un asco. Salió repuesto aunque con malestar por haber bebido sin limitarse, miró la hora en su celular y decidió irse sin pasar por la cocina donde seguramente ya Sonia le tenía su café preparado. Tenía prisa, tenía que encontrar a Ishla en la oficina.

