Sarah Ville toma los papeles que Ijov tiró constatando lo que este decía. Era el nuevo dueño de la editorial Brown. Sonrió satisfecha, su suerte había cambiado, había llegado a su puesto acostándose con el antiguo jefe, ahora podría con gusto ser la amante de ese recien aparecido. — Señores llamen a Petro. —ordena la gerente. Todos fueron a sus respectivos lugares para intentar dar con el hombre—. Señor Lynx, bienvenido a su nueva compañía. ¿Le puedo ayudar en algo más? —Ijov asiente. —¿Quién ordena los reportajes que salen en el periódico y la prensa digital? —La mujer ensancha su sonrisa y con orgullo se señala. —Soy yo, señor, yo soy la única que puedo dar esa orden. —Ijov asiente. —Estas despedidas, no tendrás carta de recomendación y en lo que se refiere a ocupar un puesto en ot

