Dante volvió a estabilizar sus manos y disparó tres veces más. Lena notó de inmediato que los últimos tiros habían sido más precisos. Sentir las manos de Dante guiando las suyas y su aliento rozándole el cuello la excitó. No lograba comprender cómo él conseguía despertar emociones tan volátiles dentro de ella. Cuando bajó el arma y se quitó la venda de los ojos, vio que los disparos finales habían dado justo en el blanco. Lena quedó asombrada por lo fácil que Dante había logrado que soltara el control. Aunque quería matarlo, confiaba en él… y esa contradicción la inquietaba profundamente. Mientras observaba los objetivos, Lena pensó en lo bien que Dante manejaba las armas, incluso siendo capaz de disparar con los ojos vendados. ¿Por qué, entonces, necesitaba un equipo de seguridad tan só

