Lena hizo un gesto de dolor, reconociendo su derrota. Su cuerpo, rígido bajo el peso de Gregor, no sentía nada parecido a la sensación cálida y flexible que había experimentado con Dante. Temía el siguiente movimiento de Gregor, pero su miedo fue superado por la decepción hacia sí misma por haber sido vencida. Al ver a Gregor sonreír con satisfacción mientras se inclinaba sobre ella, se preparó para recibir su beso. Cerró los ojos, sin querer ver de cerca el rostro de Gregor. Cuando no sintió sus labios sobre los suyos, abrió los ojos… y vio a Dante. Nunca se había sentido tan feliz ni tan aliviada de verlo. Dante tiró con fuerza del hombro de Gregor y, sin perder tiempo, se inclinó para darle un puñetazo directo en la nariz. Gregor se echó hacia atrás con un gemido; la sangre comenzó a

