Pasaron unos días en los que Lena continuó vigilando a Dante y dirigiendo a su equipo de seguridad. Una vez que dominó el trabajo, organizó un plan para apartar a Marcus. Lo llamó y le pidió que se reuniera con ella en el centro de seguridad. Después del incidente en la cafetería, Lena sabía que no se había ganado el respeto de nadie, pero sí un nuevo apodo. Cuando pasó junto a la otra guardaespaldas en el pasillo, esta gritó: —¡Oye, Pot Pie! Luego se rió entre dientes. Lena comprendió que la intención era humillarla. Con distancia profesional, respondió con un leve saludo y una sonrisa antes de seguir caminando, dejando que el comentario le resbalara por la espalda. Decidida a dejar de ser el hazmerreír, continuó hasta el centro de seguridad para trabajar. Max, el guardaespaldas que

