Luciano entró en la bodega luego del mensaje de su hombre de confianza.
Su noche había sido bastante tormentosa, de nuevo algunas pesadillas lo atormentaban mientras estaba dormido, sin embargo, mientras estaba despierto tampoco estaba tan bien.
No paraba de observarla, tenía una belleza común, no era nada del otro mundo, pero lo estaba volviendo completamente loco.
Se veía tan inocente dormida allí, que la necesidad de protegerla poco a poco aumentaba.
Todo esto lo estaba traspasando que aunque estaba luchando con eso, aunque quería negarlo, era imposible.
Sus pasos resonaron en todo el lugar. Se escuchaban unos gritos suplicantes en el fondo. Luciano se ubicó delante de ellos, con su rostro cargado de rabia.
—Así que ustedes le permitieron el ingreso a mi bar a una persona detestable, una persona que no podía ingresar ni siquiera muerto.
Luciano los observo analizando a uno por uno.
Con ganas de dispararla a cada uno de ellos, hacerle un agujero a cada uno en su cabeza.
Por culpa de ellos sus planes habían cambiado y por poco, lo hirieron.
—Señor yo no tenía información, pensé que era un cliente normal —se excusó uno de ellos—. Yo solo estaba haciendo mi trabajo, yo no hice nada malo. Le juro que no hice nada malo señor.
—¿Quién te dio permiso de hablar? A ninguno de ustedes les he dado permiso de pronunciar ni siquiera una palabra. No se tomen atribuciones que nadie les ha dado. Ustedes están aquí y me deben demasiado, ¿o acaso pensaron que estaban en este lugar por mi caridad? no se equivoquen, sí están en este maldito lugar, es porque yo sé los he permitido.
»Más no por eso pueden pasar por encima de lo que les digo, no pueden pasar por encima de mis órdenes. Tienen que tener claro, no solo ustedes si no absolutamente todos los que trabajan para mí, que no pueden pasar por encima de mis órdenes. Por que sí por casualidad creen que esa es una opción, sí piensan que esa es una posibilidad, déjenme decirles que se equivocan.
»Nadie, ninguno de ustedes, ninguno de los que está afuera, absolutamente nadie puede pasar por encima de mí. ¿les quedó claro?
Luciano subió su tono de voz completamente exaltado. La mayoría de ellos mostraba temor ante sus palabras, sin embargo, no todos mostraban ese mismo temor. Un par de ellos se mostraba un poco desafiante hacia él.
Y a pesar de que Luciano estaba enfocado en el que había hablado, no pasaba por alto la insolencia de los otros.
—Dante no tiene permiso de ingresar a ninguna de mis propiedades. Y sí por casualidad lo hace, lo van a traer a mí, lo van a traer con vida, me lo van a entregar en bandeja de plata y yo me encargaré de volarle la cabeza. ¿entendieron?
De nuevo ellos movieron su cabeza al mismo tiempo, en completa sintonía, asintiendo ante las palabras del jefe.
— Dime una cosa —llamó Luciano al hombre que antes había intervenido—. Eres nuevo verdad.
Él movió su cabeza con una mezcla de miedo y respeto.
—Perfecto, te perdonaré la vida. Primero porque tuviste las pelotas de poder decir las cosas, de poder contar lo que pasó. Y segundo, porque me conviene que uno de ustedes queden vivos, de esa manera todos van a entender que no ando con rodeos. Pero te voy a decir una cosa... las oportunidades solo se presentan una sola vez en la vida, las oportunidades se deben aprovechar.
»No pases por alto el poder que tengo, el poder que tengo en ti y en tu familia. De ahora en adelante no solo quedas en deuda conmigo por salvar tu vida, si no que serás incondicional para mí, sin ninguna objeción.
—Le juro señor que así será.
—En cuanto a ustedes... todos ustedes llevan años trabajando conmigo. Saben muy bien cómo es cada movimiento, saben muy bien cómo son las cosas. Pero sobre todo, son conscientes que el dinero puede comprar cualquier cosa. Hasta ustedes mismos.
»Lo único que puedo decirles, es que su peor error fue haberme traicionado, haber aceptado ponerse de lado de Dante y en contra de mí.
Luciano agarró a uno de ellos y sin la más mínima compasión coloco calor sobre el quemando todo a su paso.