Aurora cerró los ojos cuando fue lanzada en una de las camas.
Luciano tenía una sonrisa triunfadora en su rostro. Se aproximó tanto a ella apoyando sus manos a cada lado de su cuerpo, haciéndola poner completamente nerviosa.
—¿Qué intentas? —preguntó ella intentando contener el aliento ante la cercanía de él.
Podía observar perfectamente su rostro desde esa posición, y todo el peso de su cuerpo.
—Dormirás conmigo desde esta noche. Si soy tu tormento, lo haré bien.
—No pienso dormir contigo. No pienso hacerlo. No puedes obligarme.
Él soltó una sonora carcajada, llevó una de sus manos hasta los labios de ella, queriendo calmar la sed que le provocaba tenerlos tan cerca.
—Claro que puedo. Y te aseguro que tus noches serán de todo, menos agradable. Nadie me reta como tú lo haces y vive para contarlo.
—Entonces mátame. Hazlo de una vez.
Él negó con su cabeza. Y puso su boca muy cerca del oído de ella, inhalando el aroma que emanaba su cuello.
—Prefiero hacerlo lentamente, prefiero matarte lentamente hasta que me ruegues es que me detenga… hasta que me pidas que acabe con esa tortura haciéndote…
Ella lo empujó con fuerza, sus palabras la inquietaban causando un nerviosismo en ella.
—Por lo visto te da miedo. Todavía no eres consciente que estás despertando un demonio en mí… un demonio que no es fácil dormir de nuevo. No eres consciente de eso Aurora… y no sé hasta qué punto pueda controlarlo.
Aurora sintió esa mirada penetrante de él, esa que parecía estarla consumiendo poco a poco.
—Por ahora arréglate, iremos al bar. Seguirás pagando tu deuda y bailarás.
Él salió de la habitación y solo en ese momento ella pudo respirar de nuevo. Como si todo el aire que hubiese allí lo tuviera solo él.
Llegaron hasta el bar y ella fue directo hasta uno de los camerinos.
Esa era su nueva vida y tenía que acostumbrarse a eso, ya no había forma de que pudiera ser algo para que fuera diferente.
A regañadientes comenzó a vestirse, el traje de hoy no cubría lo suficiente y eso le hacía sentir completamente incómoda.
Se giró cuando la puerta se abrió y entró la misma mujer que antes la había recibido.
—Veo que estás aquí de nuevo, por lo visto el jefe quedó encantado contigo… no se equivoca eres una niña a la que se le puede sacar mucho dinero.
Aurora estiró su mano, había dos opciones: intentar tener aliados en todo esto o solo personas que pudieran convertirse fácilmente en sus enemigos.
—Aurora, Mi nombre es Aurora mucho gusto.
—Olivia, soy la encargada de manejar a las niñas y que todo salga como al jefe le gusta.
—¿Hace mucho lo conoces?
—Le debo la vida, y eso me hace querer servirle para siempre. Mira te voy a hacer una recomendación, evita hacer preguntas tontas y solo haz tu trabajo, te garantizo que sí haces las cosas de ese modo… todo saldrá bien.
Olivia hizo una mueca y luego se sentó frente a ella.
—Lo único que tienes que hacer es volver locos a los hombres, moverte bien, ser coqueta y hacer que ellos pierdan la cabeza por ti. Si tú haces eso querida créeme que tendrás el jefe en tus manos y pronto serás libre.
—¿Es decir que quieres que deba enloquecerlo… enloquecerlos?
—Por supuesto, esa es la mejor manera de tener un cliente fiel, de tener el dinero siempre en tu bolsillo y tener al jefe feliz. Los hombres piensan con la de abajo, mientras más difícil y sensual es la mujer más loquitos se vuelven por ella.
Aurora asintió, Olivia le había hecho abrir la mente de una u otra manera. Y a pesar del poder lo cierto era que Luciano era un hombre más, y eso lo iba a usar a su favor.
Olivia acomodó su cabello y fue directo a la puerta.
—Eres la siguiente en salir, no olvides los consejos.
—¿Tú podrías enseñarme? —Aurora cuestionó tomándola por sorpresa—. No tengo idea alguna sobre seducción, no tengo claro que se debe hacer. Yo… nunca he tenido novio, nunca he estado con nadie. Quiero hacerlo bien. Quiero hacer que cualquier hombre pierda la cabeza por mí y que sea capaz de hacer lo que yo le pida.
Olivia sonrió y asintió.
—Me gusta lo que estoy escuchando, mujeres como tú, como yo, siempre vamos un paso adelante. Te daré clases por un buen precio ¿estás de acuerdo o no?
—Claro, estoy de acuerdo. Haré todo lo posible para que pueda hacer mi mejor trabajo.
Olivia le dio una sonrisa y salió de ahí, mientras que ella mirándose en el espejo se repetía una y otra vez qué haría que Luciano pagara con creces tenerla así, lo enloquecería sin importar nada.
Sus planes habían cambiado, pero el propósito era el mismo, poner su vida y la de su hermana a salvo de ese hombre que era tan peligroso, como la misma muerte.
Aurora salió a la pista cuando escuchó cómo la nombraron como si fuera un déjà vu la cantidad de hombres gritando y diciendo palabras que la asqueaban por completo estaban allí.
Frente a ella estaba Luciano, demostrando una vez más que era el rey del lugar.
Ella mordió el interior de su mejilla con nerviosismo pero convencida de que era momento de actuar.
Comenzó a mover su cuerpo al ritmo de esa música seductora que sonaba en todo el lugar.
Sus ojos estaban fijos en los de él, al igual que cada uno de sus movimientos iban exclusivamente para él.
Su cuerpo se movía con más libertad, intentando mostrar sensualidad con cada uno de sus movimientos.
Luciano no dejaba de observarla, como el mejor de sus trofeos y el más apetecible.
Convencido de que el fuego que estaba creciendo dentro de él gracias a ella, explotaría en cualquier momento.
Aurora estaba decidida a enloquecerlo, y de ese modo, poder salvarse.