Familia.

1566 Words
Estacione el auto, dude si bajar el arma, y decidí que si lo haría, así que tomé mi chaqueta del asiento trasero y ubique el arma en unos de sus bolsillos interno. Descubrí que si bien estaba acostumbrada a usar chaqueta el clima aquí me sería imposible seguir haciéndolo pues hacía mucho calor. Estaba cruzando la calle cuando vi desde la distancia que Lorenzo miraba una tabla, naranja fuego, con llamas rosas, pero al verme acercar se fue hacia unas tablas más oscuras y menos rosadas. — ¿ Qué opinas de está?.— preguntó levantando una tabla azul, sin nada. — ¿A ti te gusta?.— pregunté mirándolo. — No lo sé, creo.— respondió poco convencido y entendí lo que sucedía. — Aquella me parece con más bonita. ¿ Te gustaba más a ti?. — pregunté señalando la tabla que miraba al principio. — Si pero es rosa.— respondió levantando sus hombros y mirándola con anhelo. — ¿ Y eso qué?.— pregunté intentando que él mismo comprenda el punto. — El rosa es de niñas.— dijo despectivamente casi sonando cómo Alacrán aquel día en su graduación. — Los colores no tienen género Lorenzo, el rosa es de quien diablos le guste el color y listo. — respondí sería. El tocó la tabla, sabía que la quería pero abecés nos meten ideales tan tontos en nuestras mentes que es muy difícil despegarse de lo que erróneamente un día nos enseñaron personas necias. —¿ Sabes lo que haría alguien valiente?.— pregunté tocando las llamas que por cierto eran hermosas. — ¿ Qué?.— pregunto él rápidamente mirándome con esos ojitos inseguros. — Se llevaría la tabla del color que le gustase y mandaría a la mierda a quien tenga la mente tan pequeña de creer que no puede hacerlo por ser de un género o de otro.— respondí con tanta seguridad que en verdad desconocía de donde había salido. Sonrió, y tomó la tabla con ambas manos. — Realmente amo esta tabla de surf. Apenas entre sentí que era la perfecta para mi. ¿ Podremos llevarla?.— dijo muy contento. — Claro escuálido. Ven vamos a buscar un traje que marque ese cuerpo musculoso.— dije caminando por la tienda. Se compró un traje naranja y n***o, que también decía era el perfecto para él. Constantemente miraba buscado aprobación, temeroso de mi aptitud y con miedo a mi rechazo. Sin duda esta familia iba a ser un desafío, cada uno luchaba con sus propias batallas internas pero lo importante es que lo hacíamos juntos. Ya no más solos, éramos una familia que nos teníamos a nosotros mismo para todo. Compramos y mientras veníamos de camino a unas dos calles de nuestro hogar había una especie de cabaña playera con un cartel de venta, la idea de empezar algún tipo de negocio pasó por mi mente. Y lo estuvo aún cuando llegamos a casa. Entramos, va entré pues Lorenzo, entró por él patio trasero para esperarme que lo lleve a la escuela, Puse mis manos en mi espalda escondiendo el osito azul con un moño que le había comprado de camino tal como le había prometido. — Cami.— hablé intentando llamar la atención de la niña que estaba en el living mirando la televisión. Ella llevo su vista a mi y sonrió expectante. — ¿ Qué tienes ahí?.— preguntó curiosa mientras caminaba hacia mi. — No lo sé, tal vez un amigo que vino a verte.— dije acercándome yo también. Ella río y aplaudió mucho, hasta que puse el osito frente a ella, puso cara de sorprendida y cubrio su boca con ambas manos. No decía nada y comencé a pensar que tal vez no le gustaba, o que tal vez diría algo del color. — Es el osito más bonito que vi en mi vida.— dijo exagerando y tomándolo con mucho cuidado. — ¿ Te gusta?.— pregunté contenta. — Si mucho, ¿puedo quedármelo?.— preguntó con anhelo. — Claro princesa lo elegí especialmente para ti. — respondí al instante. — ¿ Dónde está Juls?.— pregunté al no verla en el living, ni por la cocina. — En el baño.— Respondió la niña apenas poniéndome atención. Lorenzo golpeó el vidrio y levanto sus manos en señal de que me apresure. —Debo llevar a Lorenzo a su clase de surf.— dije a la niña. —¿ Podemos ir contigo?.— preguntó ella con su osito en la mano. — Si vamos a avisarle a Juls así no se preocupaba antes.— dije caminando hacia el pasillo donde estaba el baño. — Si vayan, vayan.— dijo Juliana viniendo por este mismo lugar. La miré y se veía un poco pálida pero el ruido de otro golpe en la ventana llamo mi atención. — Vamos antes de que el escuálido rompa el vidrio. — dije tomando la mano de Cami y saliendo de la casa. Miré hacia la casa vecina y nuevamente había movimiento y hasta habían comprado cortinas por lo que no podía mirar para dentro. No teníamos vecinos más que ellos y sólo por seguridad quería saber quienes la alquilaban. Nos dirigimos hacia la escuela de surf que quedaba a literalmente unas diez casas de la nuestra. Anoté a Lorenzo bajo el nombre de Santiago por supuesto todos teníamos nombres distintos menos Camila que creímos que por su corta edad no estaría bien confundirla. — En media hora vengo a buscarte, pásala lindo.— dije tomando la mano de Camila. Él afirmó con su cabeza y dirigió su atención a un coordinador que lo hablaba. Caminamos de vuelta, con Camila y el osito hasta llegar a la casa de al lado nuestro. — Ven, saludaremos a nuestros vecinos.— le dije a Camila mientras subíamos las escaleras. Golpee, la puerta segura, no era curiosidad era más bien desconfianza pues luego de todo lo que hemos pasado debíamos estar seguras de quien vive a nuestro lado. — Hola, Mierda, ¿ Y ustedes son?.— dijo una chica muy amable abriendo la puerta. — Mierda.— repitió Camila. — No tu no lo repitas, que pelotuda soy .— volvió a hablar la chica poniéndose nerviosa. La miré bastante confundida. — Tranquila amor. — dijo una mujer pelirroja poniendo sus manos en los hombros de la primera. Y mientras ellas hacían esto yo observaba el interior de la casa. — ¿ Si?, ¿te podemos ayudar en algo?.— dijo la pelirroja notándolo. — Hola, soy Macarena su vecina.— dije señalando mi casa. — Vecina y la concha de tu madre. — dijo la morocha y mi cara cambio. — Perdón.— respondí. — No no, Perdóname es que tengo una enfermedad no lo hago apropósito, y justo llegaste cuando. Soy Flor. — habló haciendo fuerza para no insultar. — Y yo Jazmín.— dijo la pelirroja. — Y tu nombre preciosa. — dijo Jazmín agachándose a la altura de Camila. — Camila.— dijo tímidamente. — Que bonita es tu hija. — comentó Flor. — No es mi hija, es mi amiguita.— respondí creyendo que es lo que debía decir pero al mirar a Camila noté que se entristeció y me sentí realmente muy mal. — Bueno nosotras vamos a estar unos meses por acá y no conocemos a nadie asi que cuando quieran venir a comer, vos y Camila. Están re invitadas. — dijo Jazmín, mientras pasaba su mano por la espalda de flor y ella la miraba hablar, sin duda eran pareja. — Nos encantaría. — respondí amable pues me relajó el hecho de saber que era inofensivas, va al menos eso parecían. — ¿De donde son ustedes?— pregunté para afirmar mis sospechas aunque su tonada y la forma en la que hablaban las delataba. — De Argentina, ¿ vos?.— preguntó Flor. — De Argentina también.— respondí con el mismo acento pues mi madre era Argentina y había pasado mis 7 primeros años en ese país y luego me fui a mi bello México. — Noo — dijeron al mismo tiempo que me abrazaban ambas. Miré a Camila quién nos miraba como si estuviéramos locas. — Ya está, hoy a la noche comemos acá en casa, no sé habla más, invita a quien vos quieras, no se con quien más vivís, pero están todos invitadísimos. — dijo Jazmín cortando el abrazó muy contenta. Las tres lo estábamos. — Somos cuatro, mi esposa, su hermanito y nosotras.—dije para que lleven la cuenta. — Todas tortilleras.— dijo Flor tapándose la boca al instante que las palabras salieron. Las cuatros comenzamos a reír aún Camila aunque sabía que posiblemente no entienda. Estuvimos riendo y hablando por media hora hasta que me despedí prometiendo volver a la noche para cenar. Caminé de la mano con Camila, mirando la playa, de lejos se veía la sonrisa que cargaba Lorenzo por estar haciendo lo que quería. Hice upa a Camila pues ya estaba cansada de caminar y aunque ella no me lo pedía yo lo sabía además siempre la alzaba en mis brazos feliz de hacerlo. Puso su cabeza en mi hombro y descansó, al igual que yo lo estaba haciendo aquí, mi alma herida estaba descansando al fin. Miré hacia el mar, el sol se reflejaba en él. Tal vez la playa si cure el alma.
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