NARRA VALENTINA.
Me desperté alrededor de las 07AM.
Había tenido una de mis habituales pesadilla en la que estoy vestida de oficial de Policía, persigo a Alacrán por la casa de Guillermo Lombardi, pero mientras pierdo tiempo intentando atraparlo Juliana es lastimada por Guillermo, escucho sus gritos y dejó que Alacrán huya para correr a salvarla a ella. La busco en la oscuridad pero no la encuentro, la pierdo abecés siento como se desvanece en la oscuridad y otras veces logró atrapar a Guillermo antes, pero estaba vez lo descubrí encima de ella dañándola, lo golpeó una y otra vez en el suelo, lo obligó a arrodillarse le apuntó con mi arma pero cuando disparó la imagen de Guillermo se borra y a quien le disparó es Juliana.
Me levanté muy asustada de la pesadilla. Abracé desesperadamente a Juls, aún respiraba agitada pero no podía pensar en otra cosa que en que accidentalmente había lastimado a mi esposa, la había matado.
Estaba muy dispersa sin duda no volvería a dormir por miedo a que el sueño continúe, la miré por más de media hora, observé su pecho subiendo y bajando para asegurarme de que estuviera respirando, de que estuviera bien.
Mis ojos comenzaron a vagar por toda la habitación, siempre me había parecido que era tan blanca que parecía un manicomio, un hospital o algo parecido.
Deberíamos pintar, llenar de colores estas paredes, sería bonito pintar con Juls y los niños. Como una familia, ya saben esas de películas en las que sonríe mientras se ensucian con pintura, nunca tuve esa familia apenas recordaba mi vida con mis padres, y cuando me mudé sola estuve más de 2 años con las paredes blancas, no me importaban que no estuvieran pintadas, porque no sentía esa casa como mi hogar, pero aquí todo es distinto y tal vez ya era tiempo de avanzar. De disfrutar.
Miré el reloj eran las 07:40, Juliana se despertaba siempre más temprano que nosotros para preparar el desayuno y quería sorprenderla, salí de la cama, fui al baño y me di una ducha rápida. Al salir me puse un pijama del ropero ya que estaba desnuda. Mientras me cambiaba observaba mi imagen a través del espejo. Me detuve a mirarme cerré mis ojos y la imagen de mi disparando vino a mi mente y luego al espejo.
-No soy eso qué tú reflejas.- le dije a la imagen frente a mi, al espejo.
Y así lo pensaba, no era una asesina, ni alguien que disparaba y destruía ya no lo era.
Fui hasta mi mesita de luz, tomé el arma que guardaba en uno de los cajones y la puse en una caja fuerte que teníamos dentro del ropero.
Ya no la necesitaba, debía soltar el pasado, debía soltar.
Cerré la puerta del armario y volví a ver mi reflejo, habían pasado muchas cosas, había hecho muchas cosas, había matado a mucha gente pero no podía dejar que todo eso sea mi reflejo, no necesitaba el espejo, miré hacia mi esposa, ella sería quién me describa, debía ser fuerte por ella, debía avanzar por ella, ambas sobrevivimos al pasado pero ahora nos tocaba sobrevivir al presente, sobrevivir a las secuelas de lo que tuvimos que pasar, ella no lo tenía nada fácil, sabía que sufría en silencio pero también sabía que sin importar lo malo que nos rodee nos tendríamos una a la otra, ambas superaríamos lo que debamos afrontar.
Bajé por las escaleras, pero antes de llegar a la cocina pasé por el cuarto de Camila, necesitaba una ayudante de otra forma incendiaria toda la casa.
-Cami..- dije entrando a su habitación y prendiendo las luces.
Ella tenía los ojos abiertos cuando entré pero se hizo la dormida al verme.
-Alguien tiene mucho sueño al parecer.- dije acercándome a su cama.
Era gracioso ver como intentaba no pestañear y respirar como si estuviera dormida.
-Osito, despierta.- dije moviendo a su osito intentando llamar la atención de mi niña.
Aún simulaba estar dormida.
- ¿Cómo era acaso tú nombre osito?, ¿Te llamabas Esteban?- susurre al peluche lo suficientemente fuerte.
Camila se mordió la lengua para no responder y yo no era alguien que me rendía fácil.
-Ya lo recuerdo te llamas popo!.- dije al osito. Y Camila soltó una risita que intento esconder con toda su inocencia.
-No, es Lolo.- susurró Camila abriendo sus ojos y cerrándolos de nuevo recordando su actuación de estar dormida.
-Gracias Camila,- respondí a la niña.- ¿Lolo quieres ser mi ayudante de cocina?, iba a decirle a Camila pero esta muy dormida.- dije mirando al osito.
- Estoy despierta.- dijo rápidamente Camila.
-Ahí estás pequeña.- respondí haciéndole cosquillas.
Ella sonrió, tan tiernamente, sonrió y juró que su sonido, su risa me sacaba la sonrisa más pura que un ser humano podría tener.
-¿Me ayudarás?.- pregunté mientras dejaba de hacerle cosquillas.
- Si.- respondió ella con ilusión.
Caminamos de la mano, obvio con Lolo en medio hasta la cocina, la senté sobre la mesada mientras tomaba mi celular para buscar tutoriales de cocina, al entra a Internet vi que anteriormente había visto escuelas cerca de aquí para Camila, habíamos hablado con Juls de que llevará su vida normal como toda niña, me preocupaba mucho su educación asique había pasado horas y horas viendo escuelas.
Deje el celular con el vídeo frente a nosotras mientras tomaba los ingredientes, intentaría hacer wuaffles.
-Toma, rómpelos y echaremos lo que tiene dentro aquí.- dije dándole los huevos a la niña.
Camila los tomó insegura pero aún así lo intento el primero se rompió entre sus dedos y se entristeció.
- Que bueno que no has echado ese aquí adentro y lo rompiste con la mano, ese huevo estaba feo.- dije mintiendo.
Ella me miró con confusión y menos triste.
-Mírame te mostraré cómo se hace.- dije tomando un huevo y rompiéndolo con cuidado.
Intento con otro y de la misma forma que yo lo logró.
-¡Si!.- grité levantando mis brazos.
-¡Si!.- dijo Camila imitándome con mucha alegría.
Un recuerdo vino a mi mente mientras la niña tomaba otro é intentaba nuevamente romperlo con éxito.
Me recordaba siendo una niña sentada en la mesada de la misma forma que Camila ahora, viendo a mi madre enseñándome de está misma forma, tal vez mejor que yo pero aún así yo lo intentaba.
-¡Lo hice de nuevo!.- dijo Camila muy contenta.
Sonreí emocionada podía verme a través de ella. Y cada vez que sonreía me hacía recordar lo triste que me vio cuando le dije que no era su madre.
Tenía miedo de serlo, porque tengo mucho miedo a decepcionarla, y es porque la quiero tanto que no soportaría fallarle pero esta lista para serlo, tal vez lo haría mal, tal vez no sea la indicada pero tenía tantas ganas que está niña me siga viendo de la misma forma que la primera vez, tenía tantas ganas de enseñarle a andar en bici, de llevarla a la escuela, de ayudarla cada vez que se caía y raspaba las rodillas, de abrazarla si es que llora, de contarle un cuento antes de dormir, y creo que sin duda todo eso hace una madre, tengo tanto miedo de no ser una buena madre para ella.
— Mira ojitos rompí tres.— dijo Camila llamando mi atención.
—Si es que eres toda una cocinerita.— respondí emocionada.
— ¿Tú crees?.— preguntó mi niña.
— Claro de hecho cuando terminemos de desayunar podemos ir a comprar una cocinita de juguete así puedes cocinarle a Lolo. ¿Qué dices?. — pregunté mientras poníamos más ingredientes.
—¡Si!.— respondió abrazándome.
Luego de mucho trabajo, y dedicación para que no se me quemaran los wuaffles, de ver el vídeo tutoría una y otra vez, los teníamos listo y estaban riquísimos.
—Iremos a levantar a los dormilones luego de dejar listo el café.— dije a Camila mientras preparaba las tazas.
—Si— respondió ella a mi lado.
— Sabes estaba pensando en que luego del desayuno y de comprar la cocinita podríamos ir con Juls a ver algunas escuelas de por aquí, para que elijamos cuál te parece mejor.— dije suavemente a Camila mientras la cafetera terminaba su trabajo.
Camila no me respondió, continuó mirando a su osito como si no hubiera dicho nada.
—Cami.— dije arrodillándome para quedar a su altura.
Ella me miró.
—¿Sabes que tienes 5 años y debemos buscar escuelas para comenzar el preescolar, como cuando estabas en la Fundación?.— dije dulcemente mirándola a los ojos.— ¿Está bien?.— pregunté viendo su cara, ¿Estaba triste? ¿ Asustada?.
—Si.— respondió sin mirarme.
No sabía que decirle para quitarle la preocupación, ni que hacer. Ella se soltó de mi agarré y comenzó a bailar y a hablar con Lolo ignorándome.
Esperaría que Juls hablará con ella, Yo sin duda lo hacía mal, siempre mal.
La miré preocupada, los niños eran difíciles de tratar para mi.
—¿ Qué es ese olor tan rico?.— pregunto Juls entrando a la cocina con un pijama que consistía en una remera grande mía y un short.
Sonríe al verla, es tan hermosa.
—Buen día mi Reina.— dije acercándome a ella para darle un pequeño beso en los labios.
—Buen día amor.— respondió ella.
—Con Camí hicimos hicimos el desayuno para usted.— dije moviendo una silla para que pueda sentarse.
—Pero justo iba a levantarme a hacerlo no tenían porque.— respondió apenada.
—Claro que si teníamos por que, siempre lo haces tú, pensé que era justo que yo también lo hiciera, de hecho aprendí esta receta y nos salió muy rica, así que cocinare esto todos los días.— dije mirándola y sonriendo embobada por mi mujer.
—Esto está delicioso en verdad.— habló probando el desayuno.
Le guiñe el ojo a Camila y ella intento hacer lo mismo mientras tenía la boca llena y el caramelo esparcido por todo su rostro. Me acerqué a limpiarla con una servilleta, mientras ella reía, el sol le daba en los pequeños ojitos marrones que me miraban con amor.
Mi vista fue hacia Juliana quien nos observaba.
—Mira nada más Juliana también está toda manchada con caramelo.— dije mintiendo.
—¿ En verdad?.— respondió ella tocándose el rostro.
Me apresure a ponerme a su lado, puse mi mano en su mentón y lo moví para que me mirará, pasé suavemente la servilleta por su mejilla izquierda y luego por la derecha limpiando la nada ya que no se había manchado.
—Eres una mentirosa.— dijo ella mostrándome una sonrisa.
—Y tu eres hermosa.— respondí dejando un pequeño beso en su mejilla izquierda y luego en la derecha.
Ella volvió a sonreír más grande aún. Juró que vivo cada día sólo por su sonrisa. Espero ella entienda al menos un 10% de lo enamorada que me tiene.
— ¿Quieres café?.— pregunté.
—Si, por fi.— respondió.
Busque la cafetera y le serví en la taza.
—¿Aún no se levantó Lorenzo?.— preguntó Juls mientras tomaba un sorbo de café y cerraba sus ojos en señal de que lo había hecho perfecto.
—Adolescentes. Iré a despertarlo.— respondí caminando hacia el pasillo.
— Te preparé un café mientras.— respondió ella.