ELIZA En cuanto llegue a casa subí a darme una ducha, pero una vez que entre a la habitación me quede congelada, es como si de alguna manera Mario siguiera presente, su olor se hallaba impregnado en la habitación, es como si me estuviera dando un último adiós, como si se estuviera despidiendo. Me recosté en la cama, de su lado, coloqué mi cabeza en su almohada y su aroma se inundó aún más en mis fosas nasales, como quisiera revertir el tiempo para que nada de esto hubiera sucedido. Llamaron a la puerta y le pedí que pasara a quien fuera que se encontraba ahí afuera. —Te he traído este té Eliza, no es bueno que él bebe este bajo tanto estrés, puede hacerle daño, y no quieres eso, ¿o sí? —negué con la cabeza, Renata, me dejo el té sobre el mueble cercano a la cama. —¿Me odias? —esas pala

