ELIZA Regrese a mi habitación lamentando lo sucedido, limpiándome el rostro después de haber derramado muchas lágrimas, en cuanto entre, el aroma de Julián invadió mis fosas nasales; maldita sea la hora que acepte follar con él, debí haberlo echado a patadas desde el inicio, pero no, la señorita se dejó manipular por sus sentimientos una vez más y aquí están las consecuencias. No entiendo cómo es que soy tan débil cuando él está frente a mí, ¿dónde quedó toda esa gallardía que mostré el día de su boda?, me pregunto a donde fue a parar, debe de estar muy bien escondida, porque ahora no sé qué hacer, ni siquiera sé cómo sentirme al respecto. Lo disfruté, por supuesto que lo hice, pero quizá él no era el hombre correcto para hacerlo, quizá debió ser alguien más, soy tan estúpida. Si Helen

