ELIZA La carroza funeraria se detuvo en la entrada del lugar donde Mario, descansaría por el resto de su vida, ¿será que sentirá rencor debido a que por mi culpa perdió la vida?, ¡Dios!, no quiero pensar más en ello, pero quizá venga a atormentarme por el resto de mis días, aunque no necesita hacerlo, yo sola me estoy autosaboteando. Renata apretó mi mano, seguro que tampoco puede creer que nos encontremos en este lugar pacífico, pero solitario, trate de darle un poco de fortaleza, pero sinceramente, no creo tenerla ahora. Además, Renata debió imaginar que quien debía enterrarla a ella era Mario, no al revés. Bajamos del auto y enseguida bajaron el féretro, una nostalgia invadió cada célula de mi cuerpo, el mausoleo era impresionante; sin embargo, yo no quería ver a Mario de esta forma.

