Capítulo VI

1797 Words
Cuando trataron de callarme, grité. Iris —Por favor … —tragué saliva mirando hacia abajo y al ver la altura en la que me encontraba volví a mirar hacia arriba —que los antepasados de Nesta me acompañen —quise llorar y gritar para que me rescataran pero NO. Había llegado al final de la “cuerda” de sábanas anudadas hechas por mis delicadas manos, aún me quedaba un piso y ya había perdido tiempo valioso colgada pensando que hacer, así que con mucho coraje me solté pegando un pequeño grito al sentir la tierra dura debajo de mis nalgas. —Auch —me quejé por lo bajo pero no pude quedarme acariciando mi adolorido trasero al captar movimiento y voces acercándose. Miré las sábanas, di un giro sobre mi mismo eje y me detuve mirando hacia la esquina donde se oían voces. « Si no salgo de acá estoy perdida ». No podría tomar un caballo, no sé cabalgar sola y la caballeriza mantenía repleta de guardias, mi única salida sería la misma que he utilizado siempre, solo que esta vez habría un cambio: No podría salir directamente de la cocina y vivienda de las mucamas sino que tendría que rodearla. No lo pensé dos veces y me escabullí muy cerca de los pinos. Correr entre ellos era dificultoso no lo voy a negar, suelo arroparme con vestidos de alta costura hechos por la modista más famosa del reino y algunos incluso traídos desde otras tierras, por ende siempre tienen algo que incomoda, sino es la falda larga o ancha es el corset, sino es el corset es el peinado, y sino es el peinado son las alhajas. En otras palabras iba equipada con oro y abundancia. Al estar a pocos pasos de mi gran salida un olor extremadamente delicioso llegó a mis fosas nasales y mi estómago protesto por ello haciendo que los demás órganos de mi cuerpo decidieran fallar, tanto que un mareo repentino me hizo ver doble. « Esto es el colmo del descaro ». Me sostuve de un tronco y casi titubee para entrar por comida y luego marcharme, pero no sabría si saldría ilesa o si saldría, así que ignoré mi hambre voraz y respiré profundo. No tenía esta vez una capa que cubriera mi rostro así que tendría que moverme con agilidad. « Uno … dos … tres … » Salí corriendo apenas estuvo desierto el lugar. Siempre tenía que hacer fuerza para pasar las enaguas de mi vestido por la rejita. Tiraba y tiraba hasta conseguirlo y luego escabullirme como un gato asustadizo por las callejuelas. Estando en un lugar oculto por el puesto ya guardado de un mercader me tomé unos segundos para pensar. « ¿Y ahora dónde iría? » Era tan triste que no tuviese ni una amiga en otro reino que me recibiera. Pensé en escapar pero no pensé a donde ir, yo y mis geniales ideas. Estaba de noche, hacía frío, tenía que esconderme y moría por un bocado de pan. Pan … Mi mente trajo a ese hombre mojado, buen mozo y descarado. —¿Por qué pienso en un hombre casi desnudo cuando quiero pan? —me pregunté a mi misma y luego reí. Solía hablar conmigo misma, según Koray eso me hacía más inteligente pero para Mahruk eso me hacía una loca. En fin, luego de pensar en pan, agua, y un pirata me encontré robando un pedazo de tela para cubrir mi cabeza y correr hacia el único lugar donde lo había visto, el problema era que ante mi prisa por escapar de las rebeldes no me grabé las calles y esquinas que crucé, así que corrí hasta cansarme, camine y camine y estuve a punto de rendirme hasta que el sonido lejano del mar chocando contra las piedras me devolvió la esperanza. Allí estaba, el puerto de Nesta, que ha diferencia de las callejuelas éste lugar estaba repleto de vida. No solo eran borrachos y mendigos, también prostitutas y todas las tabernas abiertas, incluso los mercadillos. —¿Dónde estarás … Aibek Hughart? —escondí un poco más mi cabello e incluso cubrí parte de mi rostro e inicié mi búsqueda. No ingresé a ningún bar, no estaba tan loca como para hacer eso, pero si busque por todas las calles caminando a paso rápido por donde yacían fritando algo y así evitar babear. « Nada en las calles ». Solté un suspiro. Podía jurar que era mi primera noche despierta tan tarde pero valía la pena … o eso creía. Iría barco por barco hasta encontrarlo, él era mi única esperanza y ni sabía el por qué de aquel pensamiento, pero su personalidad abierta y sincera me decían que no me daría la espalda. —¡Ya sé! —me detuve frente al barco más excéntrico del lugar —Podría vender mis anillos y comprar comida —sonreí ante mi maravillosa idea. —Si te acercas a algún vendedor solo darás dos pasos y te robarán —me giré hacia esa voz con mis ojos bien abiertos —. Es un placer volver a verla, princesa Iris —hizo su reverencia melodramática sin borrar esa sonrisa perversa de su rostro. —¡Aibek Hughart! —sonreí con tanto alivio que dejé caer el trapo que me cubría. —Es Hughes, majestad —se agachó para recoger el trapo —, y la verdad preferiría que se cubra y se marche, no quiero que me vuelvan a ver con alguien de la corona —borré mi sonrisa ipso facto. —Pero … —levantó su dedo índice para silenciarme —escucha … —me chistó sin bajar su dedo. —Shh. —Yo … —Shh. —¡Escucha! —No, no —se dio la vuelta hacia el barco. —¡Tengo hambre y escapé de mi hogar! —azoté el trapo tirándolo a un lado y él se detuvo girándose hacia mí con una ceja levantada. —¿Escapaste? —asentí —¿Del castillo? —volví asentir con obviedad. Él abrió su boca para decir algo más pero se arrepintió y lo que hizo fue soltar una carcajada descolocándome. —¿De qué te ríes? —De … —hablaba entre risas —ti … ¡Escapar de un castillo! El sueño de todas las damiselas del lugar —volvió a reírse. —¡Hablo enserio! —intentó parar de reír limpiándose lágrimas falsas —No he comido en todo el día y ayer mi padre me abofeteó y … —cerré la boca al decir semejantes palabras en voz alta. —¿Qué dijiste? —arrugó su entrecejo y el tono de su voz cambió a una más profunda con tonos preocupados dejando atrás su diversión. —Nada —sonreí sin mostrar mis dientes. —¿El Rey te golpeó? —negué repetidas veces. —No, no, que va. Yo …. Ya me iba jeje —me di la vuelta pero me detuvo del brazo. —Tengo comida dentro —intenté zafarme pero no lo permitió —, uvas, carne, pan y vino —tragué saliva y mi estómago retumbó —; es mejor que estés allí a seguir a la deriva en el puerto y de noche, hay borrachos y ladrones, no estarás a salvo —me giré hacia él y ahí si me soltó. —¿No le dirás a nadie? —¿Qué escapaste o que el Rey es un hijo de … ? —lo corté. —¡Ambas! —resopló. —Claro, no quiero ser decapitado —se dio la vuelta hacia el barco —. ¡Vamos! —corrí hacia él. —¿Es tuyo? —pero no me respondió. Tal vez asintió o negó pero la oscuridad de la noche no me permitió verlo. Al llegar a una esquina del barco, o la entrada (la verdad no sabría a ciencia cierta que parte del barco es por mi poco conocimiento en este tema), me tomó de la cintura sin preguntar o pedir permiso y me bajó a su altura dentro del barco. Por instinto me agarré de sus hombros y al estar pisando la madera del gigante en movimiento solté un suspiro profundo. —Tiene usted una cintura muy pequeña princesa —abrí mis ojos de par en par y subí mi mirada al ser mucho más pequeña. Grave error. A pesar de que no lo veía con claridad su respiración me golpeó, olía a vino, sudor, algún perfume barato y a … hombre. —Me pregunto si todo en su cuerpo se amoldaría tan bien a mí —separé mis labios y jadee sin querer —, ¡Oh! —soltó una risita —Así que nadie más le ha hablado como lo estoy haciendo ahora —se agachó un poco llevando sus labios a mi oreja y al hablarme estos rozaron mi piel llevando miles de escalofríos a zonas que no sabía que se podían erizar —, dígame —susurró ronco —, ¿Le gusta? —me apretó un poco más la cintura ciñéndome a él. —No yo … —cerré los ojos y ladee un poco mi cabeza al sentir como sus labios había llegado hasta la curva de mi cuello. —Tampoco la han tocado nunca —acarició con su nariz de lóbulo de mi oreja hasta mi clavícula —, sería el hombre más rico de Nesta si soy el primero en … —pero fue silenciado. En mi estómago se produjo un sonido más alto que las olas del mar, sonido e interrupción que me puso de los mil colores y a él lo hizo soltar una carcajada separándose de mí. —¡Le dije que tengo hambre! —tapé mi rostro con mis manos. —Ya veo —siguió riéndose hasta tomar su torso con sus manos. —¡No se burle o pediré que le corten la cabeza! —paró de reírse y chasqueó la lengua caminando hasta el camarote —¡Oiga usted! —lo seguí con zancadas —¡No vuelva a tocarme así o … ! —¿O qué? —se giró agarrándose del marco de la puerta y haciéndome chocar con su pecho. —O … —abrí y cerré la boca varias veces al desconcentrarme al verle su perfil con más claridad gracias a las luces del camarote. —Ni se le ocurra volver a amenazarme en mi barco princesa —se volvió a dar la vuelta. Solté un suspiro. « No puedo creer que se me haya ocurrido venir con él ». Pero ya estaba allí, y podría comer, saciar mi hambre voraz y alimentar mi vista con semejante … no, no, es un pirata y nada más.
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