C19

2756 Words
No dejo de sentir un vacío tremendo en el estómago mientras avanzamos por la entrada del hotel en el que se realizará la cena de Damián. Este tipo de cosas no son para mí, nunca me he valido de mi dinero ni de la posición en la que me dejó mi padre, siempre he sido de trabajar, ganar las cosas con esfuerzo y continuar huyendo. Siempre huyendo. Gabriel no me ha soltado la mano desde que salimos del auto y lo agradezco demasiado. De no sentir la ansiedad en su mano, habría salido corriendo desde el instante en el que mis zapatos tocaron el suelo del parking del hotel. Cuando estamos frente al ascensor, aguardando a que las puertas se abran para ir al penthouse, poso mi mirada en él por primera vez en un largo rato. No me había dado cuenta que su cuerpo esta en posición de defensa hasta ahora; por la forma en la que su esta espalda erguida, tiene su cuello bien estirado y su mirada atenta en el lugar, me doy cuenta de su estado emocional. -Gabriel...-digo en un susurro. Ni siquiera gira su rostro para mirarme. Me asusta tanto verlo así, es como si fuera un robot, un muñeco manipulado con hilos al que le arrancan el corazón o el cerebro para que sea de una forma en específico. Las puertas del ascensor se abren y él me lleva hacia el interior para luego apretar el botón que nos llevará al penthouse. -La mente es tan hija de puta a veces...-comienza a decir con voz cargada de enojo, rabia y tristeza.-es como un m*****o mar cargado de misterios...-no entiendo a que se refiere, pero casi parece que delira. Es como si la razón se hubiera desconectado de su cabeza.-un día decide dejarte recordar y al siguiente bloquea todo en un chasquido de dedos...-dice chasqueando con sus dedos. Definitivamente esta delirando ahora mismo. -¿No crees que el pasado forma parte de quien eres ahora?...-su mandíbula se tensa ante mis palabras y me da la señal de solo guardar silencio. No le tengo miedo a él, le tengo miedo al pasado que lo atormenta todo el tiempo. Las puertas se abren cuando llegamos al penthouse y las ganas de llorar que siento aumentan cuando él me suelta la mano para meter la suya en su bolsillo. ¿Acaso no entiende que necesito el contacto con su piel para poder continuar? Hago el intento de volver a sujetar su brazo aunque sea, pero los pasos de alguien hacen que él se aleje de mí aún más. Me cago en toda la puta. Trato de ocultar cuanto me afecta estar sin él mientras me acerco hasta donde esta la persona que ha venido. -Bienvenido señor Stoker, lo están esperando...-dice la rubia frente a él. ¿Vino aquí solo a decirle esta m****a? Quiero matarla.-bienvenida señorita Rowell, espero disfrute su noche...-mis deseos de matarla se evaporan rápidamente en cuanto me doy cuenta que ella ha venido aquí a hacer su trabajo. Todos nos ganamos la vida de diferentes formas, no puedo querer asesinar a alguien solo por trabajar. Un joven nos indica que lo sigamos por un extenso pasillo que de lejos parece estar lleno de puertas de diferentes habitaciones, pero cuando paso junto ellas, me doy cuenta que en realidad son ventanas enormes. Nunca en mi puta vida había estado en un penthouse, pero esas ventanas me resultan terriblemente exageradas. -Acércate...-me dice Gabriel con tono severo y tenso. Este tipo se cree mi dueño y señor, pero se equivoca. -Déjame aclarar algo...-digo acercándome lo suficiente para susurrar y que el chico que nos guía no me escuche.-no obedeceré tus putas órdenes como una de tus zorras...-nuestros rostros están tan cerca que puedo sentir su enojo saliendo de sus poros.-soy tu acompañante y la que finge ser tu novia, no una de esas mujerzuelas que se arrastra por el suelo para comer tu v***a y satisfacer sus deseos carnales...-arrastro una mano por su abdomen y subo lentamente hasta quedar sobre el cuello de su camisa. Si quiero establecer algo, debo ser firme y clara desde ya. Lo jalo ligeramente hasta quedar más cerca de mí y que nuestros labios rocen ligeramente.-tratame como a una mujer de ahora en adelante o te mandaré a la m****a frente a todos ahí dentro, ¿entendido?...-digo en un susurro antes de soltarlo de un empujón. A ver si con eso se le aclara la puta cabeza. -Si mi dueña lo desea, así será...-eso me baja el enojo que empecé a sentir de un pronto a otro. Es un estúpido que se la juega para reducir el enojo de los demás a cenizas. -Lo deseo...-digo sin mirarlo. Da unos pasos hasta quedar frente a mí y con mucha delicadeza, me levanta el rostro por la barbilla. -¿Tienes idea de lo excitado que me siento ahora mismo contigo estableciendo tu lugar?...-coloco mis manos sobre su pecho antes de ponerme de puntillas para que nuestras bocas queden más cerca. Me gusta tener el control de las cosas, pero cuando se trata de él, d***o perderlo completamente. -No establecía mi lugar, sólo te recuerdo quién soy y lo que deseo...-enreda su brazo libre alrededor de mi cintura con fuerza y me levanta de un tirón para aprisionar mis labios con una mezcla de d***o, necesidad y duda. -No hace falta que me recuerdes quien eres, yo sé perfectamente que a quién tengo entre mis brazos es al ángel del que me enamoré y al que jamás dejaré ir...-dice con la voz ligeramente entrecortada por la falta de aire. Ese beso me ha dejado en blanco completamente.-por más que ruegues o pidas ayuda, por más que te canses o te arrastres para que pare, jamás te dejaré ir, jamás te voy a liberar de mí...-eso enciende algo en mi pecho. Por supuesto que no me dejará ir jamás, me ha puesto la cadena en los pies desde el segundo en el que lo dejé entrar entre mis piernas. El calor de su infierno empieza a consumirme poco a poco y no quiero ni puedo encontrar una forma de salir de ello. -Ahora mismo no sé quién está más atrapado en el otro, pero sí sé que no d***o ser liberada jamás...-bajo la mano hasta que queda encima de su corazón y puedo sentir sus latidos en la palma. Este es mi premio, mi recompensa y mi más grande d***o. Su corazón. El besa mi frente con delicadeza antes de soltarme la cintura y alejarse unos pasos para comenzar a caminar hasta la gran puerta en la que el joven está de pie esperando por nosotros. Esta vez no siento la necesidad de sentir su piel cerca de la mía porque esta vez tengo la seguridad de que su corazón está conmigo. Es mío. Me pertenece. Gabriel Stoker me pertenece sólo a mí. Cuando estamos cerca, el joven empuja la puerta para dejarnos entrar. Ahí dentro están las personas que me detestan, las personas que desean mi cabeza en bandeja de plata. Pero tendrán que esperar porque hoy no me dejaré vencer por nada ni nadie. Gabriel sujeta mi mano con fuerza antes de entrar al gran salón. Me quedo atónita e indignada al ver que en un edificio tan grande tienen un salón de este tamaño, no es ni medianamente seguro para nadie. Las enormes columnas redondas que vuelan hasta el techo son muy al estilo de un museo de historia, las escaleras que estamos por bajar son estilo castillo y esos ventanales con su enorme terraza es completamente exagerada, tanto en tamaño como en estilo. Este sitio es terriblemente peligroso para cualquier persona que se pase de copas en este sitio o cualquier mujer con niños pequeños y traviesos. -Tu mirada de diseñadora me indica que este sitio no es de tus favoritos...-dice él en un susurro. Estaba tan metida en el lugar que no me había dado cuenta que me estaba mirando. -Este sitio es peligroso para cualquier persona, no solo por su altura o por su diseño, la estructura no esta bien hecha y esas columnas no parecen sostener lo que se necesita sostener...-digo mientras observo todo el lugar. Mientras más veo, más me aterra estar aquí.-nunca podré entender porque los millonarios piden cosas así sin antes...-cuando poso la mirada, mis palabras se cortan al ver la pequeña sonrisa que tiene dibujada en sus labios. Olvidé por un instante todo lo demás y saqué mis conocimientos de diseñadora.-perdona...-sin dejar de sonreír, niega con la cabeza antes de pasar una mano con delicadeza por mi cabeza. Pequeño gestos como este me vuelven loca por él. -Amo que me digas tu opinión sobre una construcción, aumenta mi d***o por verte dibujando para mí...-antes de que pueda decir algo, él me comienza a llevar escaleras abajo. Si claro, con una mano inservible jamás podría dibujar para él. Cuando vamos por el penúltimo escalón, la madrastra de Gabriel se acerca de forma elegante hacia nosotros. Josefine dijo que su nombre es Hope. A mi me parece un nombre bastante inusual para alguien que le arrebata la esperanza a cualquiera. -Gabriel...-su nombre escapa de mis labios en un susurro. Es como si al verla, toda mi fuerza y valor se hayan evaporado en el aire. -Hijo...-dice ella con voz cargada de felicidad. La máscara de inocencia se le cae poco a poco mientras su mirada se dirige hacia mí.-señorita Rowell...-puedo ver a través de su juego mental y su mirada elegante, de su pose relajada y ese aire de tranquilidad. Esta mujer tiene algo entre manos, algo grande que nos hará daño a Gabriel y a mi, estoy segura. -Viniste...-la voz de Damián me hace cortar el contacto visual con ella y posar la mirada en él. Me toma por sorpresa que él me lo decía a mí y no a Gabriel. -No podía dejar a Gabriel sólo...-digo con neutralidad. Solo de imaginar que se tendría que enfrentar a su madrastra sólo si no hubiera venido con él me pone la piel de gallina. -¿Y que hay de mí?...-la voz de Samuel me hace desviar la vista de Damián hacia él. Diría que no será una fiesta tan aburrida si hay gente que conozco en ella.-a mí tampoco podías dejarme sólo...-pongo los ojos en blanco antes de acercarme a él para darle un pequeño abrazo. Es extraño como le tomé confianza sin saber absolutamente nada sobre él.-estaré cerca tuyo por si Gabriel debe irse...-dice en un susurro en mi oído. Me separo lentamente para mirarlo a los ojos. ¿Eso que demonios significa? La alarma en mi cabeza se activa y como por inercia o quizá por necesidad, giro mi rostro hacia Gabriel quien sigue de pie al lado de su madrastra. Me hiela la sangre como su expresión severa, su mirada perdida y sus manos cerradas en puños le gritan a cualquiera que lo vea que necesita ayuda, pero nadie, en todos los años que posiblemente llevan conociéndolo, ha hecho algo para ayudar. Hago el intento de ir hacia él, pero Samuel me sujeta el brazo y me jala hacia él. La impotencia que empecé a sentir desde que vi a esa mujer acercarse a él se ha vuelto más grande. -¿Por qué Gabriel deberá irse de mi lado?...-pregunto más para mí que para cualquier otro ser cerca mío. Giro lentamente hacia Samuel y por su mirada, puedo descifrar que la respuesta me romperá la burbujas de ilusión que me hice con Gabriel. -Ya sabes la respuesta...-mis ojos se llenan de lágrimas rápidamente. Creo en sus palabras, sé que él no me mintió cuando dijo que yo sería la única. -Lo prometió...-traté de sonar segura, pero no lo logré. Él se acerca lo suficiente para darme la vuelta y así poder observarlo a él con su madrastra. -Observa con atención la maldición que recae sobre Gabriel y dime si crees que esa promesa se podrá cumplir...-en el instante en el que las lágrimas caen sobre mis mejillas, los ojos de Gabriel se clavan directamente en los míos. Debí imaginar que una promesa así era demasiado buena para ser real. -Él jamás podrá ser mío...-Gabriel no despega sus ojos de los míos ni siquiera para saludar a una mujer que esta a su lado. No entiendo porque me sigue mirando así, pero necesito que pare o no podré tomar una decisión sobre lo que sea que hay aquí. Y como si estuviera escuchando mis pensamientos, comienza a avanzar hacia mí de forma decidida y elegante. Ya no siento a Samuel detrás mío, es como si al ver a Gabriel acercándose se hubiera esfumado en el aire. Cuando Gabriel está a un paso de mí, coloca sus manos en mis mejillas y atrae mi rostro hacia el suyo para atrapar mi boca con la suya. Mi cabeza empieza a olvidar todo: las personas, el lugar, su madrastra, las dudas, el miedo y la tristeza que estaba empezando a sentir. Todo se evapora con la sensación reconfortante de sus labios pegados a los míos, de su lengua bailando con la mía y de el calor que emana de su cuerpo para darle paz a mi alma. -Me estaba muriendo por esto...-dice en un susurro pegado a mis labios. Cuando alzo el rostro para mirarlo, una lágrima traicionera baja por mi mejilla.-hey...-dice mientras limpia mi mejilla con delicadeza. Nunca había sentido esta mezcla de sentimientos con nadie antes de él, es la primera vez y lo detesto como la m****a. -Te amo...-digo casi sin aliento. Amarlo me ha hecho darme cuenta que amar no es solo risas y carcajadas, no es solo felicidad y alegría por todos lados, es enfrentar los retos y ser valiente todo el tiempo, es sentir que se me desgarra el alma cuando no lo veo y que el corazón se me rompe en miles de pedazos cuando sé que esta en peligro. Amar a Gabriel me ha hundido en un sitio nuevo y desconocido, uno del que leí muchas veces y al que deseaba explorar. Finalmente conocí el amor gracias a él. -Yo también te amo pequeña...-ese término resuena con eco en mi cabeza. Que extraño, es como si ya lo hubiera escuchando anteriormente, pero nadie me ha dicho así jamás. Antes de poder decirle algo, las luces del sitio parpadean ligeramente antes de que se apaguen completamente para dejarnos en completa oscuridad. Creí que los apagones no les sucedía a los edificios caros ni a la gente rica, pero creo que me equivoqué. La única diferencia es que aquí no gritan ni se desesperan. Cuando creí que la fiesta se acabaría por la falta de luz, una luz parecida a un reflector alumbra la mitad de la escalera, justo en el sitio donde la madrastra de Gabriel está de pie con un micrófono. Mi cabeza reacciona rápidamente en cuanto me doy cuenta que Gabriel ya no esta frente a mí ni tampoco está a ambos lados de mí. ¿A dónde m****a se metió en esos segundos de oscuridad total? ¿Acaso me besó solo para irse después? Doy un pequeño paso hacia adelante con la intención de ir a buscarlo cuando siento algo grande y pesado junto a mis pies. ¿Que m****a es eso? Lo peor es que no logro ver bien con la oscuridad a mi alrededor. Me inclino ligeramente para mirar mejor el objeto y en una fracción de segundo, me quedo de piedra. Es Gabriel. Esta en el suelo hecho un ovillo. Me agacho lentamente para poder mirar su rostro aún a pesar de la oscuridad. La poca luz me permite darme cuenta que tiene sus manos sobre sus oídos, como si estuviera evitando escuchar algo, tiene la mirada pérdida y de sus labios escapan unas palabras apenas audibles. -Gabriel...-digo en un susurro. Cuando clava su mirada asustada y torturada en mí, es como si no supiera lo que sucede ni a donde esta. -Ayúdame...-dice con voz temblorosa. Esa mirada me deja helada y confundida. No entiendo una m****a de lo que sucede aquí. Todo ha sido como una puta montaña rusa emocional y estoy hasta la m****a de ello. No me agrada sentirme así, pero parece que con Gabriel será inevitable el sentimiento y si quiero seguir a su lado, debo aguantarlo. Pero este miedo que siento ahora mismo desearía no volver a sentirlo nunca más. Tengo miedo por él, por lo que su mirada grita ahora mismo y por la impotencia de no poder hacer nada por ayudarlo
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