Aunque llueve de camino a la universidad, ya estoy acostumbrada, me gustaba pasar horas debajo de la lluvia cuando mis padres discutían. Sus gritos atormentaban mi cabeza, me hacían sentir pequeñita, que no valía nada. A veces llegaba a creer que peleaban por mi culpa, pero eso era una tontería. Yo no tenía nada que ver con ellos, yo no sé que se les ha pasado por la mente cuando me han visto por la ventana sentada y llorando. Nunca me dijeron nada, creo que nunca les importó que sus gritos me hicieran salir afuera y llorara desconsolada, jamás pusieron atención en ello. Me hacía gracia cuando me enfermaba días después y se preguntaban entre ellos que habrá ocurrido para que yo, me enfermará.
En mi interior me decía «Pero ellos me han visto, ¿por qué están diciendo eso?». Luego de años haciéndolo entendí que ellos no me veían a mi, solo se asomaban por la ventana para ver si los vecinos se asomaban a fisgonear y cuando no había nadie, entonces cerraban la ventana y continuaban con sus peleas. Da igual lo que pasaba, mi madre nunca pudo ver más allá de sus ojos. Me costaba creer que está vez sería diferente, que iba a cambiar, que sería mejor persona, no entraba en mi cabeza que ella realmente hiciera algo como eso.
—Hey, ¿Te subes?.
Me gire con el ceño fruncido y Floyd estaba ahí, en su auto con dos amigos suyos, lo miré desconcertada y miré a los lados para asegurarme de que me estaba hablando a mi, y si, el me seguía mirando esperando alguna reacción de mi parte.
—No llegaré contigo a la universidad —puse una mueca.
—Ayer me has tratado como basura, yo también —se rio—. Así que no te estoy recriminando por ello, solo quiero hacer las pases.
—Bien ¿sabes que?, Me niego a seguir mojándome por una estupidez.
Abrí la puerta del auto y me subí, el chico de ojos grises estaba sentado en el asiento del copiloto y el pelirrojo estaba sentado en el asiento trasero, me subí con el y el ojos grisáceos me miró.
—Yo podría hacerte mojar sin que te enfades.
—Y yo podría dejarte sin ojos, pero aquí no estamos hablando de eso ¿no es así?.
—Tiene agallas —mencionó el chico a mi lado—. Soy Will y el imbécil es Harrison.
—No la molesten —masculló Floyd—. Es sensible a los comentarios mal intencionados.
—No me jodas Jane, deja de intentar hacer quedé mal.
Rodó los ojos y agarró los lentes de sol que estaban en la guantera, ninguno de los dos volvió a decir nada durante todo el camino, cuando Floyd se detuvo una calle antes de llegar a la universidad Fruncí el ceño. Lo que había dicho era una broma, me daba igual que nos vieran juntos, de todas formas, hacer picar a las niñas pijas no me suponía problema.
—Bájate.
Pero al parecer a él si.
—¿Disculpa? —escupí.
—Que te bajes, ¿eres sorda?.
—Gracias por todo, c*****o.
—Cuando quieras linda.
Tomé y bolso y lo arreste por su auto enojada, cuando estuve afuera le saque el dedo corazón y soltó una carcajada, no se que le parecía tan gracioso, mi mente estaba pensando en todas las cosas que podrían estar mal conmigo para que el no quisiera que lo vieran llegar con alguien como yo. Realmente, yo debería ser quien no quiere verle, es un tío egoísta, altanero y tonto, sus notas siempre han sido deplorables, sus amigos pocas veces les dicen algo coherente, suelen hablar de cuando fue la última vez que vieron a una chica o que hicieron con ella.
El me hizo un favor, y yo seguía furiosa, porque su favor me hizo sentir insegura. Llegué a la universidad y corrí para abrazar a Abott, su enorme cuerpo me recibió con una cara molesta y se cruzó de brazos como un crío.
—Todos hablan de como estuviste ayer en la casa de Floyd Jane ¿Qué hacías ahí, Cora?.
—¿De que hablas? —me detuve frunciendo el ceño, saco su móvil del bolsillo izquierdo y me enseñó una foto, estaba de espaldas, no salía mi mano con la pizza, ni se veía el eslogan del local en la foto. Parecía que estuviera hablando con él como amigos y eso me consternó. La vida había hecho de las suyas para que la gente supiera que Floyd había tenido una intervención conmigo, quise reírme, pero la risa se me escapó cuando inicié a leer los comentarios—. ¿Por qué todos creen que estaba siguiéndole como una acosadora?.
—No es solo eso —sonrió alborotando su cabello—. Algunos piensan que el está enamorado de ti, Cora. La gente siempre busca algo de que hablar, los vieron juntos y ahora tienen algo de que hablar —comentó como si fuera obvio—. Tu solo, dales otra cosa de que hablar.
—Ni de coña Abott, dejaré todo así.
—Ok, no quiero oír quejas sobre este tema.
—No las vas a oír —forcé una sonrisa.
«Mentira, mentira, mentira» Todo se estaba destruyendo a mi alrededor, había estado creyendo que dejarían de hablar conformé pase el tiempo, pase horas sonriéndole a la gente y a las chicas que pasaban por mi lado, mi mejor amigo creyó que estaba loca, incluso me lo dijo, mi sonrisa no parecía real, estaba alejada de parecerlo, fingí que me gustaba todo este teatro porque en mi mente ellos iban a pensar que no me importaba y así, dejarían de hablar. Ese fue mi plan.
O al menos lo era, hasta que noté que lo estaba empeorando, para las personas mi sonrisa de loca psicópata, significó que lo que había sucedido o lo que ellos creían era cierto. Floyd se ha tardado en venir a gritarme, incluso ya siento el olor a muerte. A mí muerte, para ser más específicos.
La relación con mi madre sigue varada en un laberinto sin salida, desearía solucionar todo con ella y a la vez, desearía saber si me está mintiendo o no. El maquillaje que llevaba puesto se me ha caído por completo, he estado llorando en el baño desde hace un buen rato.
—¿Y que harás pedazo de inútil? ¿Dejar que todos crean que estás con esa chica? —dice alguien. Abro los ojos de par en par y me quedo en mi lugar callada, sin moverme, estoy en uno de los cubículos montada en la poceta del baño, cuando subo mis piernas, ellos no me oyen y eso me permite escuchar e informarme del pensamiento de estos idiotas.
—Se llama Cora, tiene nombre Will, estuvo con nosotros en el auto.
—j***r sí, ya lo sé.
Es Floyd, su tono suena más suave, más calmado, menos exagerado. Su voz ha cambiado y suena algo más varonil, me doy cuenta de que me he metido en el baño de los hombres y ruedo los ojos en mi lugar. No debí meterme aquí, cualquiera podría venir y abrir esta mínima puerta que nos separa.
—Will si la gente cree que Cora y yo estamos juntos van a dejar que mi reputación caiga, nunca he estado con una chica ¿comprendes? Y tú sabes porque. Es imposible tener novia y manejar una empresa de marketing solo, al menos, es imposible para mí. Mi agente me dice todos los días que debo dar la cara, que los empleados quieren saber quién es su jefe y que, por supuesto, mi público quiere verme.
No podía creer lo que estaba escuchando, debería salir de aquí, así no fue como imaginé que pasaría mis desgracias, ni que conocería el secretos más grande de Floyd, si es, que ese es su secreto más grande. Pensé que todo estaba en mi cabeza, y en la cabeza de los demás. Pero era real, el tiene secretos, secretos de los gordos. Aún no asimiló que Floyd Jane sea el empresario del que todos hablan en r************* , todos quieren saber quién es, porque está donde está, como lo hizo sin mostrar su cara. Y para ser sincera, yo también quiero saberlo. Todos estamos aquí para estar donde está Floyd algún día, para tener esa fama y esa arrogancia que el posee.
—Voy a solucionarlo, hablaré con ella para que diga que es repartidora de pizza.
—No, no —repitió Floyd—. No hagas eso, es obvio que ella no quiere que lo sepan.
—¡Estoy a punto de explotar! ¡¿Qué quieres que haga, entonces?!.
—Nada, yo me encargó.
—Puedo hacerlo yo.
—Yo hablaré con ella —insistió Floyd—. Usaré mis encantos y le diré que hagamos un vídeo juntos diciendo que somos mejores amigos, así la gente asumirá que si nos ven juntos es porque somos eso, amigos —puntualizó el muy idiota pero inteligente de Floyd.
Decir que Floyd es inteligente me causa repulsión, he estado creyendo más de cuatro semestres que es un don nadie, que vive de sus padres y que su inteligencia es tan pequeña como la de un arroz. No sé que creía mi cabeza cuando pasaba por los pasillos y encendía un cigarrillo de la nada. Para mí, era como ver qué decía «Seré un drogadicto en un futuro».
Una cucaracha apareció corriendo por el baño y grité involuntariamente, los chicos afuera hicieron silencio, yo hice silencio, hasta que abrieron la puerta donde estaba y Floyd agrando los ojos. Sus cambios de humor se veían chistosos, paso de estar extremadamente feliz, a estar confundido, frunciendo el ceño, luego mostró signos de estar muy enfadado, las venas de su cuello empezaron a notarse y cerré los ojos.
—¿Qué haces ahí, escondida?. —preguntó Floyd con cinismo, me sujetó por el brazo e hizo que saliera del cubículo del baño—. Vamos a hablar de esto, ahora mismo.
—Floyd dijiste que no perderías los estribos —contribuyó Will.
—Eso es Floyd —dije yo nerviosa—. Eso dijiste.
—Lo dije antes de que escucharas cosas que no debías escuchar. ¿Quieres explicarme qué hacías en el baño de hombres?.
Di un paso hacía atrás y miré a los lados. Lo blanco del piso me producía escalofrío, parecía cerámica, las paredes eran de un color azul, que me hacía creer que los chicos vivían poniendo sus zapatos encima de ella. Está sucia, manchada y toda la instalación huele feo. El baño de mujeres no es tan así, me introduje aquí, huyendo de las personas, huyendo de los rumores, de las chicas. Y odio saber que escuche demás, no quería hacerlo, no quería saber el secreto de Floyd, no quería que algo nos uniera. Si antes el me odiaba, estoy segura de que ahora me odia mucho más.
—No es tu problema, me marchó de aquí —demandé.
—No —dijo su amigo parándose frente a la puerta, intenté moverlo pero no pude, su cuerpo es enorme, mucho más grande que mi pequeño cuerpo similar al de un fideo.
—Te lo diré, y después me iré de aquí ¿está bien?.
—Solo habla Cora, no puedo dejar que sepas algo así y te marches sin más.
—Los rumores de nosotros empezaban a molestarme, me sentía pequeña, triste —admití—. Y decidí encerrarme en el baño, pensé que si sonreía, las personas pensarían que estaba bien y lo olvidarían, pero no fue así. Y me escondí en el baño, luego aparecieron ustedes y comenzaron a hablar. Y luego tú dijiste eso y me asusté.
—¿Por qué gritaste? —preguntó Will.
—Había una cucaracha en el suelo y me asusté.
Floyd soltó una carcajada y se cruzó de brazos.
—¿Te delataste por una tonta cucaracha?.
—¡Las odio! ¡Me dan asco!.
—Bien, necesito tu número de teléfono.
—No te lo daré.
—Hablaremos de esto fuera de la universidad, no voy a arriesgarme más.
—No pienso darte mi número de teléfono Floyd, que me haya dado cuenta de que eres más inteligente de lo que pareces, no significa que vaya a correr detrás de ti como todas las demás. Yo tengo personalidad y tú puede que no.