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2047 Words
Lo menos que este tío iba a hacer era amarme. Estaba parado frente a mí con un cigarrillo en la boca y sonreía de manera psicópata. No había dicho nada desde que llegué, tenía la pizza en la mano, el cabello desordenado por la brisa y una postura incómoda. —Debo marcharme, ¿van a pagarme ahora? —me impaciente. —¡Floyd! —gritó el chico frente a mí—. ¡Debes venir a pagar la pizza!. «Genial, ni siquiera era él, quién iba a pagar». Estuve todo el rato pensando que el castaño frente a mí iba a pagarme, incluso creí que era el dueño del lugar, pero no es así. Otro idiota se asomó por la puerta con una lata de cerveza en la mano, le indicó a su amigo que se marchará y así lo hizo. Cuando lo vi supe de quien se trataba. Alto, de tez blanca, ojos negros, rubio bonito y delgado. Tenía una contextura espectacular, sus brazos eran fuertes pero no tanto, sus nariz es respingada, usa un anillo de plata en el dedo corazón y está aguantando la respiración en estos momentos. Para él, era tan malo como para mí, que me viera de esta forma, trabajando y sin ánimos de nada. Mi cabello de seguro debía parecer un nido de pájaros, mi olor debía ser a condimentos y se que por eso, quiere reírse. No me importa demasiado lo que piense de mí, no me importa si mañana quiere aparecer en la universidad gritando a todo pulmón que estoy trabajando, pero deseo con todas mis fuerzas que coja la maldita pizza e irme de aquí. Pongo mi mejor cara, recordando lo que Gilbert me dijo y le intento sonreír, sale como una mueca deforme. Pero al menos, puedo decir que lo intente. —¿Cora Stace?. —Si, Floyd. Solo págame y dale una buena reseña a la pizzería, así nos ahorramos este horrible momento de una vez por todas. —Inteligente, odiosa —comentó, empezó a caminar alrededor de mí y temí por mi uniforme, pensé que su bebida caería sobre mi en cualquier momento, pero no sucedió—. Hmm, bonita quizás. —No estamos aquí para decir cómo somos. ¿Puedes pagarme? —pregunté cansada—. Quiero irme. —Nos conocemos Cora, hemos hablado cientos de veces ¿Por qué no me la dejas gratis?. Un favor entre amigos. Abrí la boca indignada y bufé. —Solo hablamos una vez en la vida, y que sepas, que no me interesa quien eres. Págame ahora y deja de ser un maldito tacaño. —Bien, llévate la pizza —gruñó—. Se me ha quitado el hambre. —Bien, me la llevaré —zanje. Di media vuelta para marcharme, sin darme tiempo de reaccionar Floyd hizo que me girará y me arrebató la pizza de las manos, sus dedos estaban fríos, la sensación de su tacto contra el mío fue escalofriante, me aparté de inmediato e hice el intento de quitarle la pizza, sin embargo, saco dinero de mi bolsillo y me lo tendió. —Daré una buena reseña porque no eres una tía cualquiera, que pases buenas noches, Cora. Y sin más, cerró la puerta en mi cara. No importa lo que hizo, o lo que quise hacer, me fui sonriendo de camino al trabajo y Julian me miró confundido, ninguno creyó que lo conseguiría, para ser sincera, yo tampoco pensé que iba a conseguirlo, estaba totalmente dispuesta a marcharme de ahí y no decirle nada más. Floyd Jane, es un c*****o arrogante, millonario sí, y extra c*****o. Por la universidad corren muchos rumores sobre el, la mayoría de los que están ahí, están destinados a trabajar en la empresa de sus padres, sobre todo, los hombres. Las finanzas es algo que nunca puede faltar en un joven con padres millonarios. He escuchado como muchos se quejan de lo que tendrán que hacer en un futuro, detestan el legado familiar y su rollo no es estar sentado en una oficina pendiente de lo que los empleados están haciendo. Muchos quieren ser cantantes, bailarines, doctores o abogados. Pero no empresarios de esa índole. Mi padre, me ha insinuado en ocasiones para que me haga responsable de sus empresas, pero no quiero hacerlo, por ahora, seguiré estudiando psicología y quizás haga una cadena de consultorios. Eso suena mucho mejor para mí. Conté el dinero y en medio de él había una nota. “Agarra cien para ti, los he dado solo para ti, no cometas una idiotez”. Mis mejillas se encendieron y terminé de contar el dinero, es cierto, habían cien dólares demás, tomé lo que él me había dicho y le informé a mi jefe lo sucedido para que no pensará mal, al principio no me creyó, nadie en el local me creía y menos Julian, quien se me estaba burlando de mí porque claramente empecé a imaginar cosas. Les mostré la nota cansada de lo que estaban comentando y el lugar quedó en completo silencio, se que el Señor Gilbert se alegro mucho de lo que conseguí, sus ojos brillaron, y sin esperarlo, me abrazó. —¡Eres genial, Cora!. —¿Cómo lo hiciste? —preguntó Julian confundido—. Es un patán. —Lo es —aseguré—. Uno narcisista y egocéntrico. —¿Y entonces? —insistió. —Julian, muchacho —dijo Gilbert—. No importa como lo hizo, lo importante es que lo logro. —Pero quiero saber cómo, para aplicarlo. —Bien, Cora. Sorpréndelo. —¿Usted se quedará ahí a escuchar? —le pregunté con miedo, el Sr. Gilbert asintió y solté una risita irónica. Dios, no quería que mi jefe escuchará la forma en la que trate a Floyd, no fue la mejor manera de que consiguiera caerle bien, no se que le pasa a ese tío por la mente, tampoco se si de verdad le agrade o solo lo hizo de una forma burlesca, es un tonto y lo odio. Odio la manera en la que cree que el mundo está a su pies. Cuando camina por los pasillos con esa total seguridad me enoja. Todas las chicas babean por el, darían un riñón por acostarse con Floyd Jane, el niño pijo más bocazas que existe. Es altanero y distante, en los rumores que corren por el instituto dicen que tuvo una infancia genial, por eso es así. Porque sus padres se dedicaron a malcriarlo tanto que crearon un monstruo, puede que sea real o puede que no tanto. Pero me da igual, desde que pise el instituto y lo vi, supe que nunca seríamos amigos. La gente dice que el esconde un secreto, uno de los gordos, no puedo imaginar que secreto podría esconder alguien como él. No parece ser un tío con secretos oscuros, parece ser un tío superficial, que le dice todo a sus amigos, hasta parece de los tíos que se acuestan con un chica y lo publican casi que en los periódicos. El Sr. Gilbert me sonreí para animarme y Julian mueve su pierna impaciente, esperando que le diga algo, que le cuente que ha pasado para poder ganarme a un cliente así. —Yo… bueno yo, hice que se sintiera bien y que no sintiera que lo estaba amenazando—realmente no hice eso, creo que le grité más veces de las que debí, y también puede que lo amenazará un par de veces, chasquee la lengua y ladee la cabeza—. En realidad, yo no diría que no sintiera que lo estaba amenazado, sino más bien, que el no se sintiera amenazado. —¿No es lo mismo? —preguntó mi compañero de trabajo y negué. —En la primera significa que lo amenacé y por eso se siente de esa forma y en la segunda, significa que el crea que soy una acosadora y se sienta amenazado. Soy horrible dando explicaciones, pero creo que me has entendido. —Lo hemos captado Cora. ¿Y tú hiciste?. —La segunda —aseguré No les estaba mintiendo en nada, o casi en nada. Creo que no les estaba mintiendo en absoluto, sus caras se veían satisfechas con la respuesta. Lo de la amenaza si fue así, es decir, yo lo he visto de esa forma. Lo amenacé un par de veces y por eso no se sintió amenazado. Pensándolo bien, creo que he aplicado las dos y no está mal haberlo hecho, fue lo mejor que pude hacer en mi vida, porque de esa forma conseguí lo que conseguí. Mi móvil suena y veo que hay una nueva reseña en la pizzería. Y es de el… mi corazón se detiene por un instante, me da miedo leerla. Para estos momentos los demás ya han vuelto a su trabajo, yo estoy atendiendo algunas mesas y nerviosa, decidí que leería la reseña después de que atendiera la mesa de un grupo de chicos que han entrado hace a penas unos minutos. —Ten, llevársela a la mesa cinco —me dice Skay. Asiento y me dirijo hacía allá, en la mesa solo hay dos personas, parecen una pareja de enamorados, les entrego lo que pidieron y me marchó Cuando vuelvo a tomar el móvil, empiezo a leer con miedo lo que el idiota de Floyd ha escrito. “Las pizzas son geniales, tienen un sabor único que hace que se quede en tu boca durante mucho tiempo, en cuanto al servicio es genial y más, si la pizza te la entrega la sexi chica de cabello cobrizo”. Abro la boca de par en par al ver que me ha llamado sexy y dejó de hacerme ideas extrañas, el prometió que me daría una buena reseña y eso fue lo que hizo. Al menos, a medias. Mi turno de trabajo acaba y me voy a casa agotada. Detesto tener que trabajar de esta forma, si mi madre entrará en conciencia, sería mucho mejor. Podría pedir un turno más estrecho, estoy segura que él Sr. Gilbert no tendría problema en dármelo. Abro la puerta de casa e inmediatamente me fijo que las cosas de papá han desaparecido, ya no hay nada aquí, nada que sea de el. Mi madre entra por la puerta y me mira sonriendo, está vestida con uno de sus trajes favoritos, se ve bien, mejor que en la mañana. —¿Cómo te ha ido?. —Bien, no he muerto en el intento, aunque hoy me ha tocado un cliente toca pelotas. —Las palabras —masculló. —Dios mamá, nunca te ha importado eso. —Nunca había prestado demasiada atención a lo que decías. «Cierto, ella tiene razón». Pensé. Mi madre nunca me preguntaba cómo me iba después del colegio, ni de nada en general, podía perderme por horas y ella no sabía dónde estaba. En cambio, papá era más comprometido conmigo, a pesar de que era quien siempre estaba metido en el trabajo, se la pasaba pendiente de que no me faltará nada. —Bien mamá —dije en un tono neutral—. ¿Qué quieres o que ha sucedido?. —Conseguí un trabajo, y empiezo mañana. No dejaré que acabemos muertas de hambre por el engaño de tu padre, podríamos estar mejor si yo me comprometo. Tengo contactos, tendremos el mismo dinero que antes o más. —¿Más? —me reí con ironía—. Nunca tendremos más dinero que antes, ni siquiera igual que antes —rebatí—. No es tan simple como suena mamá. —Al menos lo estoy intentando —gritó. —Si es como dices, renunciaré a mi trabajo. —Aún no Cora, deja de ser tan inconsciente. —Tu lo eras en la mañana. ¡No voy a renunciar! No soy tú —solté. Me fui a mi habitación a toda prisa y la dejé a ella en la entrada, no podía creer que lo había soltado. Nunca había trabajado, nunca ha hecho realmente algo con su vida. ¿cómo se le ocurría decir semejante tontería? Yo era quien se había matado por meses, mi padre estuvo esperando que ella cambiará de parecer, pero nunca lo hizo. Y estaba bien, en eso es lo único que estoy de acuerdo con ella.
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