capitulo extra parte 9- el nuevo hogar

675 Words
El bosque había cambiado. Ya no era oscuro ni amenazante, sino un refugio tibio, lleno de susurros nuevos, como si la tierra respirara aliviada. Las criaturas que antes se ocultaban, ahora salían sin temor. Algunas se acercaban a Noa y a Liam con curiosidad, otras simplemente los observaban desde las ramas, en silencio respetuoso. Era como si supieran que algo se había restaurado, que el corazón del bosque volvía a latir con fuerza. Noa había querido llevarse a Liam de regreso al mundo que conocía, pero él se negó. —Aquí aprendo lo que nunca aprendí fuera de este bosque —dijo él—. Cada brisa, cada canto, tiene un significado distinto. Ella lo miró, y supo que tenía razón. Había algo en su manera de tocar los árboles o escuchar al viento. Ya no era el mismo niño. Y ella tampoco era la misma. Los primeros días los pasaron junto al árbol de Lucas. Dormían cerca, cocinaban con raíces y frutos que el bosque les ofrecía, y aprendieron a usar la magia con respeto. La energía que antes usaba Elian para controlar y dominar, ahora fluía con armonía en las manos de Liam, guiada por el amor de su madre. A veces, cuando el viento soplaba suave, Lucas les hablaba. —El bosque necesita guardianes nuevos. —Noa, tu corazón está ligado al árbol ahora. —Y el tuyo, pequeño guardián, a todo lo que nace. Noa se preguntaba si alguna vez podrían tener una vida “normal” otra vez. Pero, ¿qué significaba eso realmente? El bosque ofrecía todo lo que necesitaban: agua pura, alimento, abrigo e incluso enseñanzas. Una noche, mientras Liam dormía abrazado a una criatura parecida a un lince con escamas, Noa se sentó junto al árbol de Lucas y habló en voz baja. —A veces me pregunto si hice lo correcto quedándome aquí... La luz del árbol titiló con suavidad. Luego, la voz la acarició desde dentro: —Lo hiciste. Lo elegiste. Ella sonrió con tristeza. No todo era fácil. El bosque era salvaje, impredecible. Pero también era sincero, libre. Allí nadie controlaba a nadie. Nadie mentía por poder. Al día siguiente, Liam creó su primer sendero. Puso la mano sobre el suelo, y de ella brotaron hilos de luz que abrieron una pequeña ruta entre los árboles. El bosque aceptó la intervención, como si supiera que no era invasiva, sino cuidadosa. —Quiero hacer un lugar para nosotros. Una casa. Pero hecha de ramas y magia. Nada roto, nada impuesto. Noa lo ayudó. Pasaron semanas construyendo, aprendiendo cómo hablarle a las cosas vivas para que se prestaran sin sufrir. Y así, de la unión de la voluntad y la naturaleza, nació su nuevo hogar. Una casa viva, que cambiaba con las estaciones, que les hablaba con crujidos y luces. Allí dentro, todo era paz. Pero el bosque, aunque sanaba, aún tenía heridas. En su corazón había zonas oscuras. Noa lo descubrió cuando una sombra atravesó el río una tarde. Era como un recuerdo de Elian, un eco de su magia torcida. Liam la sintió también. —No se fue del todo... —No. Pero juntos podemos curarlo. Esa noche, por primera vez, los dos entraron a la zona gris del bosque. Y lo que vieron allí fue la consecuencia de años de abuso mágico: árboles que lloraban savia negra, animales que se escondían incluso del sol. Liam se acercó a un tronco partido. Cerró los ojos. Y cuando los abrió, sus manos brillaban. —Puedo hacer algo. Pero necesito que me cuides mientras lo intento. Noa asentó. Y durante horas, Liam liberó la energía blanca que guardaba dentro, sanando cada rincón que podía. No era rápido. Pero era real. Cuando salieron de ese lugar, la luna brillaba con una claridad que no habían visto nunca. Y entonces, algo se movió en el cielo. Una luz. Un cometa. Una señal. —¿Qué fue eso? —preguntó Noa. Liam la miró. —No sé. Pero creo que alguien, en otro lugar, también está aprendiendo a sanar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD