capitulo extra parte 8- raices del destino

468 Words
Elian miró el portal. Esta vez no era oscuro ni aterrador. Se abría como una g****a serena, silenciosa, hacia una dimensión neutra. Ni castigo ni redención, sino un lugar donde estaría lejos del daño que podía causar. Y tal vez, con suerte, encontraría algo parecido a la paz. —¿Quién sos vos… para decidir mi destino? —preguntó Elian, sin odio, solo vencido. —Alguien que decidió no repetir tu historia —respondió Liam. Noa miraba todo desde la barrera. Había intentado romperla sin éxito, hasta que un destello suave del árbol creó un sendero de raíces alrededor de ella, liberando la prisión. Con un último destello de luz, la barrera se quebró. Noa corrió al lado de Liam. No para intervenir, sino para estar con él, como siempre debió estar. —Te amo —le dijo, tocándole el hombro con ternura—. Hiciste lo correcto. Elian, de pie apenas, dio un paso hacia el portal. Luego otro. Antes de cruzarlo, volvió la vista atrás, mirando a Liam. En sus ojos ya no había furia. Solo una tristeza que parecía no tener fondo. —Tenés su fuerza —murmuró—. Pero también tu propio corazón. Liam no respondió. Solo sostuvo su mirada con firmeza. Y Elian desapareció. El portal se cerró suavemente, como un suspiro. El bosque, que había contenido el aliento durante toda la confrontación, pareció relajarse. Las raíces dejaron de latir con tensión. El cielo recuperó su color. Un rayo de sol se filtró entre las hojas. Liam cayó de rodillas, agotado. Noa lo sostuvo. —Lo lograste —le dijo—. No con odio. Con verdad. El árbol brilló una vez más. La voz de Lucas se escuchó en el viento, más clara que nunca. —Estoy orgulloso de vos. Liam levantó la mirada. Por primera vez, no sintió un vacío al pensar en su padre. Sentía que lo conocía, que lo llevaba dentro, y que nunca lo dejaría solo. —¿Puedo hablar con él? —Siempre —dijo Noa—. Mientras el bosque viva, su espíritu también. El árbol dejó caer otra hoja, esta vez más grande, con un símbolo dorado en el centro. Liam la tomó con reverencia. Una conexión se formó en su pecho, como una semilla plantada en el alma. —¿Y ahora? —preguntó, mirando a su madre. Noa respiró hondo. Miró alrededor: la tierra aún estaba herida en algunos rincones, el aire cargado de cicatrices. Pero también había brotes nuevos, raíces que volvían a latir, animales que regresaban, pequeños brotes de flores donde antes solo había sombra. —Ahora —dijo—, lo curamos. Liam asintió. Se pusieron de pie. El bosque les abría camino. Caminaron juntos, madre e hijo, sembrando vida con cada paso. La historia aún no había terminado.
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