NARRA VALENTINA
–Alex, ¿Dónde estás? –pregunte adormecida, levante un poco mi cabeza y observe una nota a lado de la cama ¡junto con una rosa roja!
“Dormilona fui por mamá nos vemos en un rato te amo…”
Alexander.
–Tome la rosa entre mis manos aspirando su aroma ¿de dónde la habrá sacado? Coloque la rosa en mi buro, retire la sabana de mi cuerpo y vi una pequeña mancha roja sobre la cama ¡será mejor que cambiara las sabanas! sintiendo una pequeña incomodidad entre mis piernas al ponerme de pie me dirigí a mi armario tome uno pants y una blusa de manga larga, me dirigía al baño cuando en menos de dos pasos sentí un fuerte mareo ¡diablos! Me recargue contra el armario y empecé a inhalar y exhalar bocanadas profundas de aire tratando de que llegara suficiente oxígeno a mi cerebro, después de un momento cuando el mareo ya había disminuido me dirigí al baño donde tome un baño con agua caliente hasta dejarla considerablemente fría necesitaba bajar los mareos, cuando salí me cambie, cambie las sabanas y las sucias las lave, hice la cama y cuando ya me había asegurado que no quedara ninguna prueba me acosté en la cama, me sentía cansada además de débil quizá debería descansar un poco más.
* * * * *
–¡La pastilla! –Grite media hora después de haberme recostado en la cama–Diablos como lo había olvidado–mencione.
Me levanté apresuradamente de la cama cuando sentí nuevamente un mareo.
– ¡Oh dios! ¡Oh dios! ¿A qué hora fue la última vez que comí algo? – levante mi mirada hacia mi mesa de noche para observar la hora ¡mierda! eran las seis sería mejor que bajara a comer algo si llegaba alguien y me veía así seguro me empezarían a regañar.
* * * * *
Después de comer, cambie mis zapatos por un par de botas de gamuza que me llegaban a mitad de la pantorrilla y por dentro tenían peluche, me coloque un suéter con un estampado navajo, tome mi cartera y las llaves del auto junto con mi celular ¡grandioso! Sin batería…
– Ni modo bueno en fin no me tardare – susurre, me encamine al garaje y salí de casa en mi auto.
–Bien primero, pensemos Valentina, no puedes ir a una farmacia cercana… eso sería estúpido.
–No lo estúpido fue que te acostaras con tu hermano–dijo mi conciencia.
–Tú cállate para empezar no es mi hermano es mi hermanastro, ni una gota de sangre.
–Ah enserio y porque entonces no vas a una farmacia cercana, ya eres lo suficientemente grande para tener sexo. –replico
–A ti que te importa. –conteste me había sin ningún argumento más fuerte por decir.
–Idiota claro que me importa si soy yo misma.
–¡Que mierda! Te revuelves contigo misma Valentina eso es patético.
Bien lo primero era la pastilla me dirigí al otro lado de la ciudad necesitaba estar lo más lejos posible de mi casa, cuando al fin llegue a la farmacia ya eran alrededor de las siete con cuarenta y cinco minutos y no tenía ninguna duda de que mi mamá me mataría y después se lo diría a papá y luego estaba segura de que Alexander me diría que era una inconsciente.
–Mierda–susurre cuando salí de la farmacia llovía muchísimo y en el cielo solo se veían las nubes grises que lo cubrían vi como se formo un rayo para después escuchar un ensordecedor trueno ¡como los odiaba! Siempre que había una tormenta eléctrica mamá me decía apaga la computadora, no contestes el teléfono, y apaga la televisión como quien dice me quedaba sin nada de diversión, corrí hacia el auto y para mi mala suerte por tercera vez en el día choque con alguien.
– ¡Que mierda! –levante mi mirada hacia la persona que había pronunciado esas palabras diablos era el chico de la librería, vi como se agachaba y recogía un paraguas ¿floreado? Al ver el paraguas me fue inevitable no soltar una carcajada la cual trate de controle al ver su expresión estaba furioso.
– Lo siento…– empezaba a disculparme cuando él me interrumpió levantando su mano izquierda mientras que con la derecha levantaba en paraguas para protegernos a ambos de la lluvia.
–Sabes, tus “lo siento” no tiene validez si cada vez que nos topemos chocaras conmigo...
–Yo no t…
–No, déjame terminar, mira ser superficial no es bueno – dijo para luego sonreír y continuar– Si necesitas lentes te recomiendo que los uses porque déjame decirte que tu vista es pésima es increíble que por tercera vez en el día choques contra una persona
–Si tienes razón como puedo chocar con alguien y más cuando lleva un paraguas tan llamativo, donde lo compraste es tan, tan floreado. –lo interrumpí, mientras el viento agitaba mis cabellos, tome mi gorro y lo baje un poco mas casi llegando hasta mis ojos, mientras esperaba a que el desconocido saliera en su defensa, para mi sorpresa no fue enojo lo que vi en sus ojos marrones fue pura diversión, y en sus labios se formo una gran sonrisa ¡el muy imbécil se está burlando de mi!
–Si –dijo con voz victoriosa –Es increíble que no hayas visto este floreado paraguas el cual nos cubre a ambos en este momento –dijo un segundo antes de bajarlo y dejar que la lluvia nos mojara a ambos.
–Pero, qué diablos haces –Grite histérica ¡acababa de bañarme! me disponía a rodearlo para llegar al auto pero él me tomo de mi brazo, haciéndome dar la vuelta bruscamente hasta quedar frente a él por si no estuviéramos lo suficientemente cerca el dio un paso adelante quedando a unos centímetros de mi rostro.
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Narra Steven Coleman
–Sus ojos no eran cafés como había pensado hace un momento, eran verdes con gris y unas motas amarrillas alrededor del iris… Hermosos.
–Valentina así me dijiste que te llamabas ¿no? – Le pregunte a unos centímetros de su rostro –Que te pasa te has quedado muda bebé.
–Valentina mi nombre es Valentina no bebé. –dijo
–Pero si a las Valentinas se les dice bebé –dije haciéndome el inocente.
–¡Suéltame! A mí nadie me llama así –dijo al tiempo que se retorcía de mi agarre la sujete con mi otro brazo pegándola a mí mientras la lluvia había conseguido empaparnos a ambos –Me voy a enfermar pedazo de imbécil y será todo por tu culpa ya ¡suéltame!
–Lo siento. –repetí sus palabras de hace un momento con una sonrisa victoriosa en mis labios, vi como ella levantaba su vista y me miraba a los ojos seguramente leyó en ellos mi diversión porque vi como sus ojos brillaban de furia y se entrecerraban como si planeara su próximo ataque.
–Es la última vez que te lo digo suéltame. –dijo mirándome seriamente, lo cual hizo que soltara una carcajada ¡dios! hasta enojada se veía linda.
–Sabes que hasta enojada te vez bonita…
–Te lo advertí –dijo antes de levantar su rodilla y darme un buen y duro golpe entre las piernas.
–Oh dios –gemí, mientras ella se zafaba de mi agarre y me inclinaba hacia adelante agarrando a mis amigos.
–Sabes que bebé… eres un imbécil –dijo antes de darme un burlón beso en la mejilla y alejarse corriendo, mientras me retorcía de dolor bajo la lluvia.
– Ya nos volveremos a ver… bebé –dije la última palabra con un tono entre divertido, para después soltar una carcajada ¡diablos! ella era una bruja una bruja sexy…