Narra Alexander
–¿Dónde dejaste tu coche? –pregunto.
–Por el área A –conteste secamente, aun seguía enfadado porque acepto salir el fin de semana con Ryan.
–De acuerdo entonces nos vemos en casa, el mío esta por el área D –dijo al momento que abría las puertas para salir al estacionamiento.
–No, mamá dijo que iría a casa de los abuelos y que nos esperaba haya –dije al tiempo que sentía la briza de la lluvia chocar contra mi rostro ¡diablos! hacía demasiado frio.
–Está bien, pero para eso todavía falta asi que iré a casa me cambiare y me iré a casa de los abuelos después… nos vemos después.
–¡Espera! –dije tomándola por el brazo.
–¡Alex que quieres hace un frio terrible y me estoy mojando el pelo!
–Solo quería decirte que nos veremos en casa ambos –dije–No pienso desperdiciar los ratitos que pueda tener contigo.
–Está bien… nos vemos en casa –menciono viéndome con aire ausente.
Narra valentina
Y eso que había sido, de cuando acá me quedaba sin palabras y más frente a Alexander, iba de camino a casa, pero antes había decidido hacer una breve parada en la librería necesitaba saber si ya había llegado un libro que había encargado desde hace más de un mes, me estacione y baje del coche a toda prisa no quería terminar más mojada de lo que ya estaba…
–Hola, buenas tardes…creo, venía a ver si ya tenían el libro “Las Hipótesis del amor” de Ali Hazelwood
–Permítame –dijo mientras tecleaba el nombre del libro en la computadora –Si aquí esta nos llegó hace una semana…
–¡Genial!, me lo podría dar por favor…
–Claro, ya lo traigo –cuando se retiro me di media vuelta para mirar hacia la calle, la lluvia estaba cayendo con más intensidad y más valía que me apurara o terminaría mojada de pies a cabeza, mi teléfono empezó a sonar y al sacarlo de la bolsa vi que era un mensaje de Alexander:
¿Dónde estás? –me pregunto.
En la librería vine a buscar un libro–conteste.
A los pocos segundos recibí un nuevo mensaje.
De acuerdo apúrate, está lloviendo más fuerte…Te quiero.
En máximo 20 minutos llego… También te quiero.
–Aquí tiene –dijo la señora encargada de la librería, saque el dinero y le pague.
–No me podrá dar otra bolsa, para meter mi bolsa y así no se moje, por favor.
–Claro, aquí tiene.
–Gracias. –Metí mi bolso en la bolsa de plástico y la cerré con doble nudo me quede con las llaves del auto y las bosas en las manos y en cuanto abrí la puerta me recibió una fría briza… Iba tan metida en mis pensamientos y tratando de no mojarme que no tome conciencia de en qué momento y por segunda vez chocaba con una persona haciendo que está vez ambos termináramos en el piso y para mi buena suerte en un charco ¡genial!
–Que mierda…–menciono el muchacho.
–Oh dios lo siento en serio, perdón fue mi culpa lo sé, iba demasiado distraída…–dije a toda prisa mientras nos levantábamos.
–¿Quién eres? –menciono.
–Valentina, Valentina Yensen– conteste mientras me alejaba– Y de verdad lo siento en serio no era mi intención… perdón.
* * * * *
Narra Steven Coleman
–Que chica tan loca –susurre entrando en la librería.
–¿Quién cariño?
–Hola mamá… la que acaba de salir, mira como me dejo –mencione al momento en que me giraba para que me observara la espalda –Se levantó me pidió disculpas como loca y se fue como loca ¡estaba loca!
–Vete a casa a cambiar estas todo empapado y estas ensuciando mi piso.
–Si ya voy, ya voy solo te traía el celular, lo dejaste en casa y estaba aburrido y decidí traerlo y conocer un poco más la ciudad, ha cambiado muchísimo desde la última vez que la vi –ya habían pasado quince años desde la última vez que había estado en Nashville, antes de que nos mudáramos a Los Ángeles por asuntos de trabajo, papá trabajaba para una empresa, pero después decidieron que extrañaban Nashville y regresamos, papá compro un restaurante el cual está redecorando para inaugurarlo y mamá cambio su librería por esta y por un pago extra ya que la de Los Ángeles era más grande –¿Qué edad tenía mamá? Cuatro años ¿verdad? Si tenía cuatro años, tengo vagos recuerdos, pero aun así ha cambiado mucho.
–Lo sé, pero la conocerás mejor cuando deje de llover tanto ya tendremos tiempo de recorrerla ahora vete a casa y cámbiate, ¿ya fuiste a la universidad a inscribirte?
–Sí.
–Y cuando inicias.
–La próxima semana… creo aun no estoy seguro, porque aun tengo que comprar los libros y mis útiles… me dijeron que podía empezar desde mañana pero comprare todo e iniciare el próximo lunes.
* * * * *
Narra Valentina
–¡Alexander! –grite entrando en la casa. –¡Alex ya llegué!
–Qué rayos te paso vienes toda mojada.
–Tropecé con alguien, nos caímos y terminé así –dije a toda prisa mientras subía las escaleras y lo rodeaba.
–¿A dónde vas?
–A bañarme siento los huesos fríos como hielos, sabes el clima esta horrible si vas a casa de los abuelos diles que los veré luego yo no tengo antojo de mojarme otra vez y por cierto ¿a qué hora llega papá?
–Hará medio turno de la noche en el hospital, han ocurrido varios accidentes por la lluvia y no sé qué mas dijo, pero quizá llegue hasta pasada la madrugada o quizá mañana en la mañana.
–Entonces tendrás que ir por mamá, porque yo ya no salgo.
–Como sea ¿segura que no iras?
–No me da mucha flojera además tengo tarea asi que nos vemos en la noche o en la tarde…bueno me iré a bañar nos vemos más tarde –dije, ya me había dado media vuelta y me encaminaba a mi habitación cuando la mano de Alexander giro el pomo de la puerta de mi habitación lanzándome hacia adentro.
–Sinceramente creías que te irías sin darme un beso novia mía… –dijo un momento antes de colocar una mano sobre mi nuca y la otra en la parte baja de mi cintura acercando su cuerpo al mío, sentí como su calor corporal calentaba la parte delantera de mi cuerpo haciendo que mi cuerpo sufriera estremecimientos… su lengua salió al encuentro con mis labios obligándome a abrirlos, tan pronto mis labios se abrieron su lengua penetro hasta lo más profundo de mi boca, tímidamente saque mi lengua al encuentro y ambas se unieron en una danza y tomo mi lengua con la suya hasta llevarla a su boca donde cerro sus labios succionándola, sus manos fueron desabrochando lentamente mi empapada blusa hasta el final, me saque mis tenis con ayuda de mis pies, y empecé a desabrochar la camiseta de Alexander, cuando al fin logre sacársela de encima, mis manos frías tocaron su piel caliente lo escuche soltar un gemido el cual me trajo de regreso a la realidad ¡qué diablos estaba haciendo! Alexander pareció leer mi pensamiento porque se separó de mí y pego su frente a la mía con los ojos cerrados y luchando por respirar igual que yo.
–Valentina, por favor déjame continuar preciosa, déjame hacerte el amor –susurro juntando sus labios perezosamente con los míos, no podía hablar estaba tan entumecida con las caricias que sus manos le hacían a mi cadera apretando y soltando suavemente, lo pensé durante medio segundo y dirigí mis manos a su cintura pegándolo más a mí en una clara invitación a que continuara…