3. Jinohra

1858 Words
No sé de qué me estaba hablando Aivan, ¿tenía pensado acompañarme a bailar? — ¿Vienes? —lo invité con la mejor sonrisa posible. —¿Quieres que esté ahí? —respondió con sorpresa. —Si te invito es porque quiero que vayas Aivan, vamos. Lo tomé de la mano y caminamos hacia donde estaban todos, quería que nos integráramos al ambiente tan alegre que reinaba entre la multitud. Bailamos un momento juntos y de vez en cuando cambiábamos de parejas ya que, por ser los protagonistas de la noche, todos querían un momento para charlar con cada quien. —Ya me voy —susurró en el ultimo baile. —Vete, jamás te dije que debías quedarte conmigo. —Pero tú me invitaste —gruñó. —Sí, eso fue lo que hice, pero nunca te obligué a venir —reí con descaro y se alejó furioso. Continué abajo hasta que su madre se acercó a mí con su hermana en brazos, la pequeña ya estaba durmiendo y la reina se veía muy cansada. — ¿Dónde está mi hijo? —preguntó la madre de Aivan. —No lo sé, me dijo que subiría un momento. —¿Quieres decir que no está contigo? —levantó una ceja con sorpresa. —Estaba hace un momento aquí, pero tuvo que retirarse —excusé con torpeza. —¿Serás mi hermana? —preguntó la pequeña con un gran bostezo. No pude evitar sonreír. —No pequeña, seré tu…—tragué saliva antes de decir unas palabras muy altisonantes, casi casi un insulto —tu cuñada —pronuncié una sonrisa fingida. —¿Eres Jinohra? —preguntó emocionada la pequeña niña., abriendo los ojos de golpe. —Si —murmuré con desconfianza. —¡Yupi! —gritó lanzándose a mis brazos, —mi hermano nos ha hablado mucho de ti —gritó. —¡Emy! —regañó su madre. —¿Enserio? —Sí —respondió la pequeña, aún observando si su madre  le daba permiso para seguir hablando. —Creo que es muy tarde, ya debo irme a Lisburn. Fue un placer conocerla princesa Jinohra de Newry —la reina hizo una reverencia y se esfumó entre la multitud con la niña en brazos. ¿A qué vino todo esto?, ¿por qué quería ver a Aivan? y,  ¿por qué su hermanita me tuvo que decir eso? Era injusto, lo más seguro es que se trate de otro truco de su familia para unificar nuestras naciones mediante nuestro matrimonio. En Newry es bien conocida la historia de su padre, de sus malas decisiones que llevaron a la pobreza al pueblo de Lisburn y que la reina ha logrado aminorar. Aún así, tras quedar señalados por todos sus súbditos, ellos siguieron adelante. Ahora lo único que los podría sacar de ese hoyo soy yo, mi matrimonio con Aivan realzaría su prestigio y, si unificamos los reinos, probablemente yo salga perdiendo. De todas formas no lo haré hasta que contraiga matrimonio y eso es algo que aplazaré el mayor tiempo que me sea posible. Aun así Cassy me dijo que iniciaría una guerra si fuese necesario con tal de que yo no me casara con alguien que no fuera de mi completo agrado, sin duda alguna ella era alguien en quien podía confiar. Fui hacia la mesa de las bebidas y tomé una copa de Champagne semivacía, tenía más hielo que bebida. La bebí rápidamente provocando que mi garganta raspara de una manera dolorosa. Tuve que aclarar mi garganta en varias ocasiones para tratar de aminorar mi dolor. Cassidy estaba bailando alegre con alguien a quien no podía ver por la multitud pero que, de manera extrañamente peculiar, me parecía conocido. Me acerqué a un paso algo lento para no demostrar mis ansias por ver a esa persona. —¡Eres tú! —grité llamando la atención de mis invitados. —¡Jiny! —respondió mi amigo y corrió a darme un cálido y fortuito abrazo. —Huge —exclamé contra su cuello. —Me alegra verte —me separó de su abrazo para sujetarme por los hombros y comprobar mi apariencia. —cambiaste demasiado desde la última vez que nos vimos. —Tú también —asentí con una gran sonrisa en el rostro. Era verdad, aquel niño con el que jugaba había quedado atrás, incluso ya no era el Huge que había visto hace tiempo cuando fingimos ser pareja. Ahora era un chico fuerte, alto, delgado, de una cabellera descontrolada y unos hermosos ojos aceitunados; el cabello tan atractivo seguía siendo del mismo n***o intenso. Recuerdo que Cassy lo acusaba de  utilizar tintes para conservar el color tan obscuro de su cabello, aquellos tiempos inolvidables en los que me la pasaba horas en su casa hablando de tonterías. —Te extrañé mucho —dijo mientras nuestros ojos se encontraban. —No sabes cuánta falta me hiciste durante todos estos años —musité con un nudo en la garganta y un par de lágrimas amenazando en mis ojos. —Perdona por no estar ahí para ti, pero lo importante es que ahora estamos juntos —respondió abrazándome nuevamente. La situación se había vuelto inusual y teníamos las miradas de todo el mundo sobre nuestras espaldas, así que nos alejamos a un rincón del salón junto con Cassy a charlar amenamente. No quería que los medios comenzaran a decir que estaba engañando a Aivan con mi mejor amigo y antigua pareja. —¿Y de quién es el festejo? —preguntó Huge. —¿No lo sabes? —preguntó Cassidy escupiendo hacia el suelo la bebida que tenía en  la boca. Cass manchando el vestido de una mujer que estaba bailando tranquilamente a un lado de nosotros, sin embargo aquella persona ni siquiera se inmutó. —No tengo ni idea. Estaba en una reunión y mi secretario me dijo que debía venir a la fiesta en el palacio de Newry, ¿entonces de quién es ésta fiesta?—insistió. —De nosotros —dijo una voz detrás de mí que puso de inmediato mis nervios de punta. —Príncipe Aivan —masculló Huge como una especie de saludo. —Hola —se limitó a contestar Aivan —Con que es tuya la fiesta ¿eh? —musitó Huge con una enorme sonrisa. ¿Qué parte de todo este horrible show era lo que le causaba tanta felicidad a Huge? —Así parece, ¿hay algo que deba decirme? —Felicidades Aivan, tu sí que sabes organizar fiestas —se burló Huge. —Deja tus bromas para otro momento, no estoy de humor como para seguirte el juego —articuló Aivan. —No te molestes, sólo pasé para darle mis condolencias para la pobre chica que tendrá que casarse contigo —comentó Huge con descaro. Aivan tensó su mandíbula al tiempo que me tomaba por la cintura. Huge no lo notó hasta que Aivan me acercó hacia él. —¡No puede ser! —Vociferó Huge, —¿Jiny? —preguntó realmente molesto y sorprendido. —Sí Huge, la “pobre que se va a casar con Aivan” soy yo—mascullé con irritación. —Perdona —consiguió decir Huge mientras me observaba atentamente. —Yo…me voy —advirtió Cassy y me abandonó con aquellos dos. Ambos se estaban mirando, ninguno apartaba la mirada del otro y eso me ponía muy nerviosa. No sé si los hombres hacen esto como una especie de ritual de bienvenida a la manada, pero era bastante incómodo y llamativo para nuestros invitados. —Después se pueden mirar fijamente y si quieren pueden besarse, me tiene sin cuidado —mascullé con las manos en la cintura, pero sin poder zafarme del fuerte agarre de Aivan. —¿Qué dijiste? —interrogó Huge. —Nada Huge, pero déjame disfrutar de mi fiesta ¿sí? —supliqué. —En cuanto a ti —dije señalando a Aivan, — ¿qué no dijiste que te ibas? —Si Jinohra, solo bajé a ver qué tal estaban las cosas, ¿ya vas a irte a dormir? —No, no pienso irme de aquí hasta que no se vaya el último invitado. —O hasta que te quedes a solas con Huge —murmuró por lo bajo. —Ahora no Aivan. —¿Qué no la escuchaste? —intervino Huge. —Sí, pero tal parece que un aguafiestas no —continuó Aivan. —Al menos no me están corriendo —reparó Huge. —¡Basta! —grité llamando nuevamente la atención hacia mi esquina, — ¡¿Qué miran?! —espeté hacia los invitados. —Váyanse todos, la fiesta ha terminado —anuncié gritando con demasiada molestia, más de la que mi ser podía tolerar. —Y ustedes —giré a ver a los chicos problemáticos que me acompañaban, —los felicito par de idiotas, ustedes sí que saben tratar con mujeres —sentencié y ambos intercambiaron una mirada rápidamente mientras yo huía escaleras arriba para ir directo a mi habitación. Los murmullos en el salón se escuchaban hasta mi habitación. Estoy segura de que todo este drama es por mi culpa, sin embargo tengo mis razones, dos grandes razones que deben enfrentar a los invitados ahí abajo. Sonreí ante el pensamiento. Jamás me imaginé que Huge se sorprendería de mi compromiso y menos que Aivan le hiciera frente de una forma tan agresiva e irritante. Pasé el resto de la “fiesta” encerrada en mi habitación sin hacer movimiento alguno, estaba tratando de dejar mi ira extinguirse poco a poco antes de que cometiera alguna tontería de la que probablemente me terminaría arrepintiendo. —¿Estás bien? —preguntó alguien del otro lado de la puerta. —Largo de aquí —grité aun molesta. —Pasaré —advirtió. —Pasaremos —corrigió alguien. Aivan y Huge estaban del otro lado y por nada del mundo los dejaría pasar  a mi habitación. —No tengo ganas de hablar con ustedes, pueden dejar de intentarlo ahora. Jamás cruzarán esa puerta. —Te recuerdo que tengo la llave de esa habitación, siempre y cuando no hayan cambiado el cerrojo —rió Huge. —¿Tienes una llave de su recámara? —riñó Aivan. —¡Ya basta! —espeté poniéndome de pie de un salto y avanzando hacia la puerta para abrirla. —Huge dame la llave y Aivan, él es mi mejor amigo. —Claro —dijo Aivan con sarcasmo. —Allá tú, no me vengas con tus infantiles rabietas. —¿Rabietas?, te recuerdo que debemos mantener la maldita imagen impecable que hasta ahora he llevado y tu estas coqueteando con el príncipe de los perdedores a la vista de todos. Si quieres tener un “amante”, tan siquiera procura que no sea enfrente de mis narices —protestó mi prometido. —Él no es mi amante, te digo que sólo es un amigo y hace años que no lo veía, por eso es que lo abrazo y me comporto así con él además, dijiste que no te importaba lo que hiciera siempre y cuando respetara la bendita imagen que quieres mantener frente a todos —declaré. —Tienes toda la razón —levantó las manos en señal de rendimiento. —me importa muy poco lo que hagas y si quieres revolcarte con “éste” —señaló despectivamente a Huge —lo puedes hacer donde y cuando quieras, no necesitas de mi permiso —abrió el pestillo de la puerta y se retiró furioso. Me quedé mirando la puerta como boba esperando que Aivan volviera y se disculpara, pero no lo hizo. Sé que le dije cosas que no debí haber comentado, pero el que me acuse de algo que no ha sucedido es aun peor. Volteé un poco a ver la mirada de confusión de Huge. —¿Qué se traen ustedes dos? —preguntó con una leve sonrisa que curvaba una de las comisuras de sus labios. —Nada, no hay absolutamente nada —me limité a decir. —¿Otro matrimonio arreglado? —Sí, no podría ser de otra  forma —suspiré. —Qué lástima, creí que eras más inteligente y que no aceptarías esas decisiones. Cassy siempre me rcontaba que te quejabas y renegabas que ese día llegaría, pero mírate ahora. —Si vienes a sentir lástima por mí puedes irte de una vez y para tu información, aun estoy tratando de idear algo para evitar esta boda a pesar de que no se pudo retrasar el aviso de nuestro compromiso —confesé. —Si necesitas ayuda llámame. —Aquí no hay teléfonos —musité molesta. —Aivan te dio uno, te dejo mi número —me dio una tarjetita con unos números anotados, —puedes llamarme a la hora que quieras y cuando quieras. —Gracias —musité. Se fue hacia la puerta y se retiró sin agregar nada más, sin siquiera volteó a verme. Realmente había arruinado mi amistad, si es que había una, con Aivan y también mis años al lado de Huge.
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