2. Aivan

1548 Words
Nos presentaron como si fuéramos la pareja más feliz en éste planeta. —Aquí vienen los príncipes. La princesa Jinohra de Newry y el príncipe Aivan de Lisburn —dijo el presentador del palacio de la familia de Jinohra mientras descendíamos por las escaleras. Jin apretó su agarre alrededor de mi brazo enterrándome las uñas y provocándome un gesto de dolor. —Perdona —susurró mientras descendíamos de las escaleras a paso lento. —Tu padre me va a matar por esto —susurré dirigiendo la mirada hacia nuestros atuendos, —obsérvalo. Creo que con esta decisión seguirá pensando que soy la persona equivocada para ti. Jinohra giró discretamente su cuello para mirar a su padre y se tensó al fijar la mirada en aquella dirección. —Estoy muerta —murmuró. El rey tenía toda su mirada cubierta de un odio profundo. Podría jurar que se le notaban las venas en la sien y que estaba apretando los dientes para no abrir la boca. Mínimo ya me había dado a notar con él. —Dejen que la feliz pareja nos de unas palabras de bienvenida a todos sus invitados. Enseguida le cedieron el micrófono a Jinohra, quien lo recibió con una mirada de asco y preocupación, como si al tocarlo contrajese una enfermedad mortal. —Bienvenidos sean todos al reino de Newry —murmuró ante el micrófono, y la multitud que nos acompañaba se alzó en vítores y aplausos, —estamos realmente agradecidos de que hayan podido acompañarnos a mi prometido, el príncipe Aivan de Lisburn y a mí —giró a sonreírme con la misma cara de sorpresa que yo tenía. “Prometido”, aquellas palabras sonaban tan horribles dichas por ella. Me recorrió un escalofrío la columna vertebral apenas y fueron pronunciadas por mi prometida. —Así que esperemos y disfruten de nuestra fiesta —concluyó y el presentador hizo unas señas para que me pasara el micrófono. —Uhm… ¿hola? —susurré nervioso, —como lo ha mencionado la princesa Jinohra —dudé, —es decir mi prometida —todos rieron en el salón haciendo que me relajara un poco más mientras Jin fruncía la boca con desagrado. —Les damos la bienvenida agradeciendo que hayan podido acompañarnos y… disfruten de toda la fiesta. Giré a dejar el micrófono y alguien entre la multitud levantó la mano como si estuviera en una escuela para pedir la palabra. —¡Disculpe! ¿En verdad conoce a la chica con la que contraerá nupcias? —gritó con descaro. Retomé el micrófono y giré a observar si la pregunta era dirigida a mí. —La pregunta es para mi, señorita? —pregunte señalándome y ella asintió. —Disculpe, más respeto a mi prometida por favor, es una princesa y usted debe tratarla como tal —contesté a la defensiva, —y respondiendo a tu pregunta sí, la conozco perfectamente —me giré a ver a Jinohra para aumentar el dramatismo del momento, —y estoy completamente enamorado de ella. Jinohra no pudo evitar sorprenderse por mis palabras que obviamente, eran puras mentiras elaboradas para evitar que la prensa comenzara a calumniar a mi familia y a la de ella. —¡Beso, beso, beso…!— aclamó la multitud que nos acompañaba esa noche. —No lo hagas —susurró Jinohra con una seria mirada. —Es solo un beso —repliqué. —No he dado mi primer beso y no pienso dártelo a ti —confesó irritada. —Pero se vendrá abajo todo el drama, las personas quieren esto —discutí. La multitud esperaba aquel beso y tenía que dárselo con o sin su consentimiento. Pero vi cómo sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y unas cuantas rodaron por sus mejillas. En ese justo momento las personas se quedaron en un incómodo silencio y me quedé petrificado frente a ella. —Perdona —susurré mientras la tomaba en mis brazos, —no era mi intención lastimarte —besé la cima de su cabeza con ternura mientras ella temblaba entre mis brazos. —No —gimió, — sé que no fue tu intención—y volvió a lloriquear. Las personas comenzaron a incomodarse por la escena en que se había convertido lo que sería nuestro primer beso como “pareja”. —Disculpen, pero Jinohra no se siente bien, me temo que debemos retirarnos —la llevé escaleras arriba abrazándola por los hombros. Llegamos a la puerta de su habitación y traté de abrirla pero estaba cerrada, así que tuvimos que tomar otro camino para ir hacia la bodega en la que nos habíamos atascado. Introduje la llave que me había dado el rey para abrir la puerta trasera de la bodega y al parecer había funcionado nuevamente. Ahí estaríamos un momento, hasta que Jinohra se tranquilizara después de su crisis nerviosa. — ¿Te encuentras bien? —Algo —se limitó a contestar. Se cubrió el rostro con el cabello para evitar que la observara y respeté su privacidad dando la vuelta dispuesto a salir de la bodega, ella tiró de mi camisa haciendo que cayera al suelo de sentón a donde había estado junto a ella. —No me dejes —susurró y se abalanzó abrazándome por el cuello. Me quedé inmóvil por su reacción, no me esperaba aquello, pero por respeto me quedé sentado con las rodillas flexionadas hasta mi pecho y abrazándola como si fuese una niña. Pronto los sollozos se hicieron entrecortados y su respiración se suavizó. Igual que mi hermana Emy cuando lloraba, ella se había quedado dormida en mis brazos, lo que dificultó el ponerme de pie. Intenté una y otra vez sin éxito y decidí quedarme tumbado en aquel estrecho lugar. Estaría agradecido si no me diera claustrofobia después de esto. —Hey Jinohra, despierta —moví su cuerpo para despertarla pero ésta solo gimió. —Déjame descansar otros cinco minutos —ronroneó adormilada. Como pude, ahogué una risa cubriéndome la boca. Era como ver a una niña. —Nos están esperando abajo y más vale que vayamos o tu padre no dudará en matarme —me puse de pie y le tendí la mano para que la cogiera. —Está bien, enseguida bajo, adelántate —musitó adormilada y me dispuse a salir. Cerré la puerta y caminé escaleras abajo encontrándome con Cassidy en mi descenso. —Hola Aivan, buena fiesta —musitó. —Hola Cass, que gusto que te agrade, yo ya no soporto todo esto. —Vaya sorpresa —respondió con ironía. —Ni se te ocurra  comentar eso frente a tus invitados, ya ves que hay algunos reporteros por aquí amenazando tu intimidad. —No me preocupan, he trabajado toda mi vida para sobrellevar el acoso de los medios, sin embargo a la familia de Jinohra es a la que no puedo decirle nada de esto. —Te comprendo, entiendo que ella ha soportado demasiadas cosas hasta ahora. —Debes saber entonces que el llanto de Jinohra es real. —¿Dónde está ella?, todos piensan que ustedes…bueno, ya sabes qué suponen —parecía incómoda cuando lo dijo. —No te preocupes, solucionaré todo esto cuanto antes —culminé mi plática con ella. Bajé por completo las escaleras para encontrarme con Emy, quien estaba bailando cómodamente con mi mamá. —Madre, ¿me permites un segundo? —llamé y Emily se vio obligada a prestarme a su mamá por un momento. — ¿Qué sucede? —Es Jinohra, se encuentra mal allá arriba y no puede bajar ahora, ¿cómo puedo terminar todo esto sin ser descortés? —Es simple, ya no vuelvas, sube y yo me encargo de todo —sonrió y comencé a caminar escaleras arriba. Al subir los escalones casi me caigo al pisar la esquina de uno de ellos, pero afortunadamente Jinohra estaba bajando y pudo alcanzar mi mano para impedir mi humillación pública. — ¿A dónde vas? —interrogó Jin. —Arriba, pronto  acabará la fiesta y no quiero despedir a todos. —Debemos ser buenos anfitriones —reclamó con un pequeño destello de ira en su rostro. —Después del espectáculo que dimos no creo que nos consideren unos “buenos” anfitriones precisamente… —Ya que lo mencionas, ¡¿dijiste que querías dar una buena imagen?! —gritó a la vista de todos nuestros invitados. —Estás haciendo otro espectáculo, ya dimos suficiente de qué hablar Jinohra —susurré tratando de calmarla. —¡No me hables de espectáculos Aivan! —volvió a gritar como si quisiera tener la atención de todos. Observé que las parejas que ya se estaban retirando regresaron para poder ser testigos de aquella pelea. —En verdad esto es incómodo Jinohra, por favor tratemos esto solos. Ni siquiera se de qué me estás hablando —murmuré. —¡Déjame decirte que ellos creen que nosotros…! Entré en pánico y la besé, solamente quería que se callara. Sus palabras se disolvieran en mis labios como un simple gemido. Sabía lo que había hecho y probablemente jamás me lo perdonaría, le había robado de esa manera su primer beso a pesar de sus negativas. Pero entonces ¿por qué no se detuvo?, ella continuaba besándome como si al separarnos nuestras vidas acabaran. —Espera…un…momento —dijo aún contra mi boca. Nos separamos para que pudiera respirar. La multitud estalló en gritos y cumplidos para la “feliz pareja”. Cassidy bajó corriendo las escaleras hasta encontrarse con nosotros y nos apresó en un furtivo abrazo. —¡Que vivan los futuros esposos! —gritó dejándome con los tímpanos zumbando, —muchas felicidades —chilló dando saltos de alegría. —¿Estás borracha? —interrogué a Cassidy. —No, sólo necesitan un pequeño empujoncito —nos guiñó y bajo rítmicamente los escalones animando así a nuestros espectadores. Me quedé observando sus movimientos y cómo reaccionaba mi madre ante mi acto. Se giró a verme y nuestros ojos se encontraron produciendo en su rostro una enorme sonrisa de satisfacción. Mientras que el rey seguía perforándome con la mirada logrando enviarme nuevamente aquel escalofrío tan tenebroso. —Tu padre no deja de vernos así, me retiraré —susurré a Jinohra. —Haz lo que quieras, yo pienso divertirme un momento con tal de no verte —comenzó a bajar mientras yo subía, y arrepentido, bajé corriendo a alcanzarla. Tomé su mano e impedí que siguiera bajando. No quería que se fuera, no quería que bajara a bailar con otros hombres aunque fuera solamente por cortesía. — ¿Qué haces? —riñó mientras intentaba safarse de mi agarre. —No tengo ni la menor idea —admití sintiéndome un completo idiota.
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