Adrián Hoy era el cumpleaños de Leía, y la ansiedad bullía en mi pecho como si fuera mi propio día especial. No podía evitarlo; la idea de hacerla sentir única y amada llenaba cada uno de mis pensamientos. Sabía que merecía lo mejor, no solo porque era su cumpleaños, sino porque ella era… todo para mí. Había pasado semanas planeando cada detalle de la sorpresa que le tenía preparada, esperando que la disfrutara tanto como yo sabía que lo haría. La rutina nos había atrapado últimamente, las reuniones secretas, las miradas furtivas, la constante cautela de no ser descubiertos. No era una forma de vivir, y mucho menos de celebrar. Necesitábamos escapar. Más que nada, quería caminar con ella de la mano bajo el sol, sentir la calidez de su piel sin preocuparnos por miradas indiscretas o ru

