Adrián Dormir con Leía era... no, no había palabras adecuadas para describirlo. Quizás las había, pero evitaba buscarlas porque sabía que acabaría sonando desesperado, tal vez hasta ridículo. Sin embargo, con ella sobre mi cuerpo, con su cabeza descansando en mi pecho, la calidez de su piel filtrándose en la mía, y el peso ligero de su respiración acompasada contra mi clavícula, sentía que estaba tocando una versión terrenal del paraíso. Su suavidad parecía hecha a medida para mí, como si cada curva, cada línea de su cuerpo hubiera sido moldeada para encajar perfectamente en el mío. Esto era la perfección absoluta. No sabía si me había cruzado con algo igual antes, pero de una cosa estaba seguro, nunca lo había sentido así. Cuando me fui de la casa de mis padres anoche, la intención e

