Leía Me sentía liberada, como si el peso de mi abandono hubiera sido arrancado de mis hombros en el momento en que pude contárselo a Adrián. Hablar de ello fue como abrir una compuerta que llevaba demasiado tiempo sellada. Esperaba cualquier cosa, cualquier reacción. Menos la que tuvo. Él me vio rota, y se quedó. No, no solo se quedó. Cambió todo su día por mí, por esta versión frágil y desgastada de mí misma. Cuando caí rendida en sus brazos después de tanto llorar, él no me soltó. Me sostuvo como si no tuviera intención de dejarme caer nunca más. Su calma, su presencia, llenaron los huecos vacíos que llevaba cargando durante tanto tiempo. Y lo había hecho tanto que estaba cansada de hacerlo. Sin embargo, no lloré por Logan. No, lloré por algo más profundo, más visceral. Lloré por es

