14.- A mí me importa (Linkin Park - One More Light)
—Cayó al agua, Jaden. No lo ahogaste.
Jaden ni siquiera estaba llorando. Había pensado muchas veces sobre qué pasaría el día que finalmente dijera lo que había pasado con Jeffrey y nunca se le pasó por la mente que quizás su reacción no sería estallar en escandaloso llanto. Supuso que era porque ya había llorado por su hermano tanto tiempo que cuando el momento llegó y las palabras salieron de su boca, había sido más una liberación que una nueva herida.
—Estaban en los rápidos y los dos sabían los riesgos, Jaden —razonó Patrick con voz amable.
Se notaba que le costaba no usar su tono de terapeuta sino usar el de amigos, ya que ahora era el único vínculo que había entre ellos. El treintañero se preguntaba qué tan loca era su suerte, que su paciente solo se estaba atreviendo a decir las cosas cuando oficialmente no era su paciente y estando en un ambiente totalmente opuesto al de un lugar apropiado de terapia. Esa noche marcaría algo importante en Patrick, quien escribiría un libro precisamente de cuál era la atmósfera adecuada para tratar a un paciente con tantos síntomas críticos y la importancia de la genuina preocupación e interés, más que el aplicar de forma ciega los principios de la terapia sin pensar de forma más realista en los pacientes.
—Sí, y tomamos precauciones. No era la primera vez que íbamos a los rápidos, a pesar de mi deficiencia nadando. Jeffrey era el mejor nadador que he conocido y ese día llevamos incluso los chalecos salvavidas en la balsa. A él no le gustaba usarlos porque decía que era incómodo pero ese día lo presioné bastante para que lo usara —Jaden hizo una pequeña pausa en la explicación, tenía la piel de gallina—. Pero el chaleco no le salvó la vida porque… bueno, porque todo se complicó.
Patrick frunció el ceño, él hasta ese momento sabía que no había estado usando el chaleco salvavidas. Nunca nadie había mencionado que lo llevaban cuando fueron encontrados, así que se quedó en total silencio al darse cuenta que no había sido todo tan “se cayó al agua y se ahogó”, había más y eso era lo que realmente había afectado a Jaden.
Los dos estaban sentados en el suelo del cine, en el pequeño pasillo oculto donde se enfrentaban las dos puertas de ingreso de la sala 6, donde estaba Alessia aún viendo la película por órdenes enfáticas de Patrick. Sentados el uno al lado del otro en posición de indio, sus rodillas tocándose, pero sus ojos mirando fijamente un afiche gigante que estaba al otro lado del pasillo. Era un momento extrañamente privado, a pesar de poder escuchar las risas de las personas que salían amortiguadas por las puertas entreabiertas de la sala.
—Los dos teníamos los chalecos, ¿está bien? Quiero que entiendas, Patrick, que siempre le he tenido un poco de miedo al agua y por eso no nadaba bien. Y quiero que entiendas que Jeffrey era muy bueno y responsable, pero le encantaba ir a los rápidos y lo hacíamos tan seguido antes de que él se fuera a Chile, que a veces era un poco imprudente. O sea, no le temía a nada.
Hizo otra pausa y respiró hondo.
—Estábamos en la balsa los dos con otras cuatro personas desconocidas, los amigos de Jeffrey no nos alcanzaron a tiempo y para no ir solos los dos en la balsa nos unimos a otras personas en el parque. Estando en el río todo estaba normal, había buen clima y controlábamos bien la situación. Pero en un giro inesperado, a algunos de los chicos se les cayó un remo y se empezaron a desesperar. Chocamos con unas rocas un par de veces y una chica casi cayó al agua. Eso fue lo que los hizo decidir saltar de la balsa a los bordes del río. Jeffrey y yo intentamos convencerlos de que era una idea estúpida y peligrosa pero no nos hicieron caso. Todos saltaron.
»Nos quedamos solos en la balsa, que era exactamente lo que queríamos evitar desde el principio. Y el río estaba haciendo con nosotros lo que quería porque íbamos muy ligeros. No podíamos saltar al mismo tiempo y no podía saltar uno y luego el otro porque sabíamos que quien se quedara en la balsa solo así fuera por segundos, quedaba a total merced del río y era peligroso. Nuestra única opción era sobrellevarlo y terminar el recorrido.
Los ojos de Jaden se humedecieron y sorbió por la nariz, le dolía tanto recordar ese día.
—Y entonces fuimos golpeados por las rocas muchas veces, la balsa resistió tanto como pudo, pero no fue suficiente para amortiguar el impacto una y otra vez estando tan liviana. Así que, en una de esas, el río nos llevó tan fuerte que la balsa se volteó. Los dos caímos al agua, por suerte teníamos los chalecos, como ya te dije. El problema es que yo no sabía nadar bien. Y es que siempre le he tenido miedo al agua. Entonces cuando caímos, Jeffrey se orientó rápido y logró sostenerse de una raíz de un árbol entre unas rocas. Fácilmente podía salir del río. Pero yo no pude hacerlo, yo entré en pánico total, el chaleco no permitía que me hundiera, pero el río me hacía chocar contra las piedras. Le grité a Jeffrey, le dije que buscara ayuda, que llamara a los rescatistas del parque, pero él no me hizo caso, se soltó de la raíz y fue a salvarme.
Jaden respiró hondo y guardó silencio unos segundos, estaba mirando a la nada y su corazón se comprimía, casi podía saborear el mismo pánico que aquel día, aunque ya hubieran pasado años.
—Fue a salvarme como el héroe que era. Nadó hasta mí y me ayudó a llegar a la orilla y yo pensé que las cosas habían resultado después de todo, pero en cuanto me subí a la roca y estiré la mano para ayudarlo a subir a él, uno de los chicos que nos habían dejado solos en la balsa apareció de la nada en el agua y se agarró de Jeffrey. Al parecer se había caído al río después que nos dejaron y había estado intentando salir. Cuando vio a Jeffrey, lo apartó y a lo bestia trepó por la roca, y me clavó las uñas en el brazo. Lo empujé a un lado porque me hizo perder de vista a mi hermano, y cuando el imbécil finalmente subió a la roca, a Jeffrey la corriente se lo había llevado.
»Me levanté y corrí por la orilla, gritando su nombre intentando localizarlo, lo llamaba porque no sabía qué más hacer para que supiera que no me iba a rendir. Corrí río abajo, me tropecé muchas veces porque estaba muy cansada a raíz del revolcón que me había dado el río, y en una de esas finalmente vi a Jeffrey. Estaba flotando sin vida en el río, muy lejos fuera de mi alcance, no pude hacer nada. Vi cómo la corriente del río acababa con el cuerpo de mi hermano mayor y no pude… no pude hacer absolutamente nada.
El silencio reinó entre ambos y Patrick no se atrevió a romperlo, estaba sorprendido porque él no sabía toda la historia y además estaba seguro que faltaba algo.
—Cuando los rescatistas llegaron (bastante tarde, debo decir), yo estaba gritando todavía el nombre de mi hermano y seguí gritando hasta que me llevaron a urgencias, hasta que me sedaron. Cuando desperté vi al asesino de mi hermano, el muchacho estúpido que lo hizo caer otra vez al río para salvarse a sí mismo (ahí supe que se llamaba Zack) y por supuesto enloquecí, mi cabeza me decía que mi hermano estaba muerto por su culpa. Y le grité que era un cobarde y un asesino y lo golpeé cuando tuve la oportunidad, sin importarme que estuviéramos en un hospital. A raíz de mi reacción tan violenta, la gente no quería creer que realmente había sido culpa de ese idiota porque aparte, resultó ser el hijo de un alcalde o algo así.
—Estabas conmocionada, Jaden, todos reaccionan distinto a una tragedia.
Patrick colocó su brazo encima de los hombros de la chica a su lado y la acercó a él en un medio abrazo. Jaden recostó la cabeza en el hombro de Patrick y cerró los ojos.
—Los padres de Zack me demandaron por golpearlo.
—Son unos imbéciles.
—Le rompí la nariz y no me arrepiento. Pero fue un tema terrible, legalmente hablando. Él había empujado a mi hermano a su muerte y tuvo el tupé de decir que yo era quien lo había hecho.
—¿Qué?
Ella asintió con lentitud.
—Sí, resultó ser una joyita. Testificó en mi contra, inventó un montón de cosas y sus amigos lo apoyaron. Al final no hubo suficientes pruebas de nada, y no me condenaron pero estuvo muy cerca. Y por supuesto, mi cara estuvo en las noticias locales por meses. Y bueno, para quitarme la espina, demandé al parque y sus inútiles rescatistas. Mi padre consiguió que lo clausuraran por año y medio.
Patrick sonrió y depositó un leve beso en la coronilla de Jaden.
—Se lo merecen.
Jaden se giró para estar más cerca de Patrick, colocó su pierna derecha en medio de las piernas de él y le abrazó más de cerca, su cabeza escondida entre su cuello y su pecho.
—Pero ¿lo ves? Jeffrey murió por mi culpa, no pude salvarlo.
Patrick suspiró.
—Jota, no fue tu culpa de ninguna manera posible.
Ella se mordió el labio inferior, intentando no estallar.
—No era su hora, quizás quien debió morir allí fui yo. Era yo quien se estaba ahogando en primer lugar, él nunca debió soltarse para ir a rescatarme.
Patrick negó con un gesto y la abrazó más cerca, ella estaba prácticamente encima de él.
—Jamás digas eso, Jaden, jamás. Tú debes estar aquí y aquí estás. Jeffrey era un hombre con honor y te amaba más que a nada, jamás habría podido continuar si solo dejaba a su hermana ahogarse frente a él, tú tampoco lo habrías hecho de estar en su lugar.
—Debí evitar que ese tipo lo empujara, debí… debí hacer algo más.
El muchacho suspiró y acarició los mechones cortos de la peliverde, se sentía muy triste al darse cuenta que la historia había sido más trágica de lo que le habían contado los señores Marmel. Pero sobretodo porque sabía que solo Jaden podía superar su sentimiento de culpa, solo ella. Nadie más podría hacerlo en su lugar.
—Hiciste lo que pudiste, era su momento.
Jaden mantuvo los ojos cerrados todo lo que quiso, debatiéndose si creer en las palabras de Patrick. Sonaban muy bien pero su cerebro seguía repitiendo la escena una y otra vez y el escenario había requerido de una Jaden más fuerte, una Jaden que no había existido en ese momento pero que cada vez estaba más cerca de aparecer.
Y entonces, escuchó una carcajada. Al principio lo ignoró, pero perduró por varios segundos y se hizo obvio alguien se estaba burlando de ellos, ya que no había nadie más cerca. Decidió girarse un poco y abrir los ojos y se dio cuenta que había un hombre de pie frente a ellos.
—Hola, ¿me extrañaste?
Jaden frunció el ceño y se apartó un poco de Patrick, dándose cuenta que solo ella estaba viendo al hombre que estaba ahí a medio metro. Tenía el cabello rubio largo hasta los hombros y vestía una túnica negra.
—¿Quién diablos eres?
El hombre frunció el ceño también, confundido ante la pregunta, pero sin dejar de mostrar al mismo tiempo una sonrisita de suficiencia, esa de “te tengo donde te quiero”. Por otro lado, Patrick se quedó muy quieto al darse cuenta que otra vez Jaden estaba viendo algo o alguien que él claramente no veía.
—Es una interesante elección de palabras —comentó el presunto muerto desconocido, y se acercó un paso más a ellos, esperando la reacción de terror de Jaden y al ver que ella no reaccionó a su movimiento, se sintió más confundido y decidió quedarse ahí—. ¿Ya me olvidaste tan rápido? Siempre estoy en la sala de tu casa, pero hoy me aventuré.
—¿En la sala de mi casa? Pero si nunca te había visto en mi.... vida —Jaden se quedó pensando y entonces se acordó de las marcas en su abdomen, las que Alessia había visto justamente esa misma noche y se le erizó la piel—. ¿Eres el monstruo de la sala? Eso es imposible, lo vi un par de veces y no eres él… ¿o sí?
El hombre se puso furioso ante sus palabras, le satisfacía mucho asustar y lastimar a pobres almas débiles, pero era claro que Jaden estaba viendo su forma real y no la monstruosa apariencia que le hacía ver siempre. Pero ¿qué había cambiado?
—Supongo que no eres tan terrible fuera de mi casa, ¿no? —lo provocó Jaden y se puso de pie— Eres hasta atractivo, no entiendo por qué todo este tiempo me has estado atormentando tanto. Seguro hasta tuviste una buena vida.
El hombre entonces se adelantó y arremetió contra ella, pero Jaden se apartó rápido. Así que intentó arremeter contra Patrick. Sin embargo, algo extraño sucedió, el puño del hombre atravesó a Patrick y no le hizo daño. Él no se dio por enterado de nada. Y cuando Jaden vio eso se dio cuenta que todo ese tiempo ella se había sentido inferior a los espíritus que la acosaban, siendo que a lo largo de su vida siempre había escuchado que el que tiene cuerpo es el que tiene poder.
Dio un paso atrás y miró bien al hombre y una idea le saltó a la mente, el pensamiento despejó su mente como el sol al mediodía.
—No estás muerto, ¿cierto?
El hombre no dijo nada.
—No estás muerto porque ni siquiera has vivido, ¿o me equivoco? —Jaden observó con cuidado el rostro del hombre frente a ella y se dio cuenta que jamás olvidaría ese día, porque fue cuando entendió lo que realmente estaba sucediendo con su cabeza— Tú fuiste de los cobardes que decidió no nacer, fuiste de los tontos que pensaron que era buena idea seguir al traidor y todo este tiempo has estado vagando sin nada más que hacer sino atormentar a los que somos débiles.
—Jaden, tú no eres débil —intervino Patrick, que no entendía por qué ella estaba hablando sola pero no iba a permitir que dijera cosas que no eran ciertas. Porque así funcionaba el amor, el afecto. Defendías a las personas a quienes querías, aunque estuvieran alucinando.
Jaden miró a Patrick y se dio cuenta que se había puesto de pie y estaba junto a ella, como apoyándola. La estaba apoyando en algo que no entendía. Sintiendo esa calidez, miró nuevamente al hombre rubio. El hombre no sabía qué decir, probablemente no le pasaba seguido estar en una situación tan incómoda y se había quedado sin palabras.
La peliverde aprovechó su silencio.
—Tú te equivocaste al elegir, y lo lamento por ti. Pero no te seguiré dando poder sobre mí, sobre mi vida —entonces tomó la mano de Patrick y caminó en dirección a la salida—. Espero no vuelvas a mi casa, porque la historia será diferente a partir de ahora. Te juro que nunca más podrás tocarme, y nunca más podrás lastimarme como lo has hecho tanto tiempo. Ve con tus amigos demonios y cuéntales que ahora puedo verte con claridad.
Patrick intentó preguntar qué sucedía, pero Jaden le apretó la mano y susurró:
—Shh, vámonos rápido que estoy temblando.