Mis monstruos son reales

1918 Words
13.- Mis monstruos son reales (Monsters - Shinedown) —¿Qué hacemos aquí? —preguntó Alessia, mientras fruncía el ceño en dirección al edificio frente a ella. Ambas tenían bufandas gruesas puestas y la de Alessia le cubría la boca, por lo que su voz sonaba amortiguada. —Bueno, me inscribí en clases de natación —explicó Jaden, encogiéndose de hombros. Era jueves por la noche y después de un paseo concienzudo por cada museo que encontraron, eran las ocho y Jaden había dicho tener una cita. Alessia se había emocionado pensando que se refería al treintañero con el que había visto a Jaden un par de veces. Pero en su lugar la había llevado a ¿clases de natación? —¿Cómo tienes energía para esto, si ayer ya empezaste con las prácticas de Hockey? ¿No es demasiado? La peliverde se rió y caminó al interior del edificio, dejándole a Alessia ninguna opción más que seguirla o marcharse. La muchacha hizo lo primero, sofocando una risa cuando vieron pasar a un chico en traje de baño. —Bueno —admitió, acalorada—, creo que me dieron ganas de inscribirme también. Jaden negó con un gesto, fingiendo que estaba decepcionada de su amiga, pero solo del modo juguetón que había aprendido a hacer hacía poco. Caminaron juntas por el pasillo del edificio directo al vestidor de chicas mientras Jaden le explicaba a su amiga detalles sobre la clase. Estaban en SwimFaster Club, al norte de la ciudad y aunque la clase de los jueves terminaba a las 8, Jaden había conseguido reunir 6 personas más para tener un horario tardío.  —¿Entonces es una hora de natación? ¿Estás loca? Jaden se rió y la ignoró mientras abría su propio casillero y se quitaba la ropa rápido. Alessia se había sentado en un banco largo que estaba en medio del pasillo y estaba viendo a su alrededor la habitación llena de casilleros grises y toallas de baño por doquier, cuando su mirada se encontró con la espalda expuesta de Jaden y sus ojos amenazaron con salirse de sus cuencas al darse cuenta de la cantidad de cicatrices que tenía la muchacha cubriéndole la piel. Se puso de pie y sin poder ocultar su asombro, se acercó a su amiga mientras que ésta aún estaba de espaldas buscando el traje de baño en el casillero y se colocaba la toalla en el hombro izquierdo. —Ja-jaden, ¿cómo te hiciste eso? Jaden se giró y estando ahora de frente, Alessia vio con claridad que tenía cicatrices también en el abdomen, justo debajo del brasier. —¿Qué diablos, Jaden? El silencio reinó entre ambas mientras Jaden sintió el aire congelarse a su alrededor, el sentimiento ligero y cálido que le había protegido las últimas horas amenazaba con extinguirse y se obligó a seguir respirando. No sabía muy bien cómo reaccionar. Por un lado, mostrar su piel le valía tres pepinos y medio. Pero, por otro lado, nadie más que su familia… y Patrick… y Onex habían visto sus cicatrices antes. Y ellos ya sabían qué era lo que supuestamente le había pasado sin que ella tuviera que mediar palabra. Por lo que le resultaba tremendamente incómodo tener que explicarlo desde cero por primera vez. Explicar mentiras siempre había sido incómodo. Apretó los dedos con fuerza alrededor de la toalla en su hombro mientras intentaba no entrar en pánico, no quería tener que decir nada, no quería dar explicaciones, pero al mismo tiempo no podía darse el lujo de perder a Alessia, la única amiga que había hecho en años, y al mismo tiempo, no estaba segura de si ella comprendería todo, de si le creería cuando dijera que no sabía cómo aparecieron la mayoría de las marcas. Decidió ir a lo seguro. —Bueno —empezó a decir segundos después—, tú sabes que me lancé de un tercer piso en Red Valley, ¿verdad? Alessia asintió.  —Sí, y honestamente no sé cómo pretendías morirte a tan poca altura pero continúa, que no entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra. Jaden no pudo evitar relajarse un poco al notar que Alessia no se tomaba nada demasiado en serio y eso la animó a hablar. Más o menos. —Bueno, la cuestión es que cuando eso pasó —bajó un poco la voz cuando algunas chicas más entraron al área de vestidores—, bueno, me fracturé, me rasguñé, en fin, me hice mucho daño. Supongo que éstas son parte de ese “daño”. No dijeron nada más por un rato y solo se les escuchaba hablando a las otras chicas que estaban allí, vistiéndose porque acabaron su clase o desvistiéndose porque asistían recién a la misma clase de Jaden. Al final Alessia suspiró y se sentó otra vez en el banco, dándole entender a Jaden que, si bien no estaba satisfecha con esa respuesta, la tomaría por el bien común. Jaden lo agradeció en silencio y fue de prisa a las duchas, ya que era una norma ducharse antes y después de nadar. El tratamiento nuevo finalmente estaba asentándose y su cuerpo parecía suyo y controlable otra vez. El ejercicio le ayudaba mucho a tener su energía canalizada y a sentirse más activa, formando parte de algo. Extrañaba las terapias con Patrick pero después de tener ese momento de intimidad en su apartamento y la piscina, supo que la relación terapeuta/paciente se había roto por completo. Y de alguna forma, lo había aceptado. Su mente había aceptado que tenía nuevo terapeuta y había aceptado también que su antiguo terapeuta no podía ser mucho más, sino su amigo. Era suficiente por el momento, era lo que Jaden necesitaba. A pesar de las pastillas que debía tomar a diario, se sentía un poco positiva respecto al futuro y esto era gracias a que pasado un mes de iniciar el nuevo tratamiento, las visitas de los muertos eran cada vez menos frecuentes, cada vez menos aterradoras. Jaden suponía que todo se debía al tratamiento, pero no entendía bien qué tenía que ver el tratamiento con los muertos, ya que era seguro que eso no lo estaba alucinando. ¿O sí?  Más tarde esa noche cuando ella salía recién del edificio no pudo evitar sonreír al ver el auto de Patrick estacionado afuera, esperándole junto a Alessia. —Hey, chicos. Patrick le devolvió el saludo con una sonrisa y un beso en la mejilla. —¿Qué tal? ¿cómo sentiste la clase? Ella se encogió de hombros, fingiendo que no le sorprendía que se hubiera vuelto un hábito el beso en la mejilla. —Estuvo bien. Ha sido un buen día. Alessia los instó a subir al auto y de inmediato así lo hicieron, se pusieron en marcha al cine de prisa. Jaden tenía mucho tiempo sin ir al cine y habían decidido que era el momento perfecto, ya que ninguno de los tres tenía planes esa noche y Alessia había comprado los boletos por internet. Jaden se sentía nerviosa porque la mayoría de las películas le afectaban de forma negativa y por eso habían decidido ver la única película animada que estaba en cartelera esa noche. Alessia dijo que se veía bastante inofensiva y que nada podría ser más tranquilo que una película infantil y eso hacía más o menos feliz a Jaden, ya que cada vez se sentía mejor físicamente y quería experimentar cosas normales para ya no estar confinada a su casa. Jaden se sentó muerta de risa en el asiento que le correspondía junto a Patrick, no paraba de reír desde que descubrieron que la película se llamaba Sausage Party. Pero pronto el estómago se le haría un nudo tan ajustado que terminaría vomitando en el pasillo de camino al baño. Y para ésto último sólo hicieron falta unos pocos minutos de la película. Sentía el corazón en la garganta y en la cabeza al mismo tiempo, le temblaban las manos y gruesas lágrimas opacaban su visión. Se sentó en el suelo del cubículo de baño público y vomitó otra vez, pero ahora en el escusado. No paraba de llorar y es que si hubieran visto el tráiler de la película animada se habrían dado cuenta que era para adultos y Jaden no tenía edad emocional para ver nada que no fuera clasificación A. Y la verdad sea dicha, posiblemente nunca tuviera edad emocional suficiente para eso. —Jota, ¿estás bien? Al escuchar la voz de Patrick deseó que se la tragara la tierra quizás por quincuagésima vez. —Sí, estoy bien, solo lo normal. Llorando en pánico y vomitando porque estaban hirviendo a una papa animada con ojitos en la panza. La voz le temblaba al hablar como si estuviera recuperándose del trauma de Jeffrey otra vez, como si acabara de ver a su hermano ahogarse otra vez, como si reviviera cada cuadro, cada fotograma del peor día de su vida. Parpadeó e intentó respirar con normalidad. Horas atrás le había sucedido algo parecido la entrar a la piscina, días atrás le había pasado al estar en la piscina del edificio de Patrick. Y ahí estaba otra vez, entrando en pánico por algo tan corriente como agua retenida en un espacio pequeño. —No voy a nombrar a los equipos de hockey, lo juro. Escuchó una risita medio disimulada de Patrick y supo que estaba recordando la noche en su apartamento, en su piscina, cuando vio sus cicatrices, cuando tocó sus cicatrices como nadie más lo había hecho y como nadie más lo haría en un tiempo. Oír su risa hizo que el nudo en su estómago y en la garganta se aflojaron un poco. Respiró hondo una vez más, quitó el pasador de la puerta y se puso de pie para salir del cubículo. —Sabes que estás en el baño de mujeres, ¿no? —Sabes que debiste haberme contado de esta fobia al agua hace mucho, ¿no? Se puso de pie y se detuvo frente a los lavamanos para lavarse la cara y las manos unas tres veces con el jabón líquido que estaba frente a ella y que tenía un olor un poco exagerado y artificial. Cuando hubo terminado de lavarse las manos y se las hubo secado con el papel toalla, Patrick la abrazó de pronto en lo que bien podría ser el mejor “¡Qué diablos!” de la historia y ella no se resistió en lo más mínimo, sobretodo porque aún sentía el pánico vibrando por debajo de su piel esperando a ser liberado. Sobre todo porque últimamente le gustaban bastante los abrazos. —Lo siento por hacerte salir de la película. Él negó con un gesto y le acarició la espalda. —Jaden, no tienes que disculparte por eso. Pero sí tenía que disculparse porque de no hacerlo, ella se acostumbraría a ser una carga para los demás. Se acostumbraría a que todos cancelaran o cambiaran sus planes por ella, se acostumbraría a tener que vomitar en baños y pasillos públicos por siempre y eso era algo que nunca podría aceptar. No iba a dar dos pasos atrás después de avanzar uno. Salieron del baño de damas antes que alguien los regañara por abrazarse de forma dramática en un espacio destinado solo a mujeres, y al llegar al pasillo Jaden se sentó en el suelo sucio del cine y dijo las palabras más inesperadas en el momento más inoportuno. —Yo ahogué a Jeffrey, Patrick.
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